Las plantas que “escuchan”: cómo algunas especies perciben el sonido del agua y reaccionan para sobrevivir

Durante mucho tiempo, las plantas fueron consideradas organismos silenciosos, sin capacidad para percibir su entorno más allá de la luz, el agua y los nutrientes del suelo. Sin embargo, la ciencia moderna está empezando a demostrar que estos seres verdes son mucho más sensibles de lo que imaginamos.


Redacción Mundo Agropecuario

Un número creciente de investigaciones sugiere que las plantas pueden “escuchar”, o al menos detectar vibraciones sonoras que las ayudan a sobrevivir.

En la última década, una disciplina emergente conocida como bioacústica vegetal ha comenzado a desentrañar este fenómeno. La idea, que podría parecer de ciencia ficción, tiene bases sólidas en la evidencia experimental. En laboratorios de Australia, Israel y Estados Unidos se ha demostrado que las raíces de algunas especies pueden orientarse hacia el sonido del agua corriendo, incluso cuando no hay humedad directa en esa dirección.

Uno de los experimentos más citados fue realizado por la bióloga Monica Gagliano, de la Universidad de Australia Occidental. Ella colocó plantas de maíz en un entorno controlado, con dos posibles caminos subterráneos: uno seco y otro con una grabación del sonido de agua fluyendo. Los resultados fueron sorprendentes: las raíces crecieron en dirección a la fuente sonora, como si “buscaran” la humedad que su biología les decía que debía estar allí. La planta, en ausencia de estímulos visuales u olfativos, había seguido una señal acústica.

Gagliano explicó que las raíces parecen detectar frecuencias de entre 100 y 300 hercios, un rango similar al de las vibraciones naturales del agua en movimiento. Aunque las plantas no tienen oídos, las células de sus raíces son extremadamente sensibles a las vibraciones mecánicas, y esas señales pueden desencadenar respuestas químicas que guían el crecimiento. En otras palabras, las plantas sienten el sonido a través del suelo.

Este hallazgo ha cambiado radicalmente la manera de comprender la biología vegetal. Ya no se trata de organismos pasivos, sino de sistemas complejos que procesan información ambiental. La idea de que una planta pueda escuchar al agua no solo resulta fascinante desde el punto de vista científico, sino que también abre la puerta a nuevas aplicaciones agrícolas. Si las raíces pueden orientarse acústicamente, los agricultores del futuro podrían utilizar ondas sonoras controladas para guiar el crecimiento de los cultivos hacia zonas más húmedas o fértiles, reduciendo el desperdicio de agua y mejorando la productividad.

Pero el tema no se detiene ahí. Las plantas no solo reaccionan al sonido del agua; también emiten vibraciones propias. En situaciones de estrés, como la sequía o el daño físico, algunas especies producen pequeños pulsos ultrasónicos, imperceptibles para el oído humano, que podrían servir como forma de comunicación. Investigaciones en la Universidad de Tel Aviv demostraron que las plantas deshidratadas emiten entre 20 y 100 pulsos por hora. Estos sonidos, captados por sensores, podrían ser una manera de advertir a otras plantas cercanas o de activar mecanismos internos de defensa.

El ecólogo italiano Stefano Mancuso, uno de los referentes de la neurobiología vegetal, sostiene que las plantas poseen “una inteligencia distribuida” basada en señales químicas y físicas. Según Mancuso, lo que llamamos inteligencia no depende necesariamente de un cerebro, sino de la capacidad de responder de forma adaptativa al entorno. Y las plantas, sin duda, lo hacen con una eficacia admirable.

Si se confirma que las vibraciones y sonidos influyen de manera directa en el comportamiento vegetal, las implicaciones para la agricultura serían enormes. La bioacústica podría servir como herramienta para detectar el estrés hídrico antes de que los cultivos muestren síntomas visibles. Bastaría instalar sensores que capten los “suspiros” o “quejidos” de las plantas cuando falta agua, permitiendo ajustar el riego con precisión y reducir los costos. También podría ayudar a entender mejor la forma en que las plantas se comunican entre sí y cómo responden colectivamente ante cambios ambientales.

Más allá de la utilidad práctica, esta línea de investigación nos invita a repensar la relación entre humanos y naturaleza. Las plantas no son simples recursos; son organismos sensibles, atentos y dotados de mecanismos de percepción tan sofisticados como silenciosos. Que puedan escuchar el agua, emitir señales de auxilio o responder a las vibraciones del viento nos recuerda que la vida vegetal participa de un lenguaje más amplio, uno que apenas empezamos a comprender.

Quizás, como señalan algunos investigadores, el bosque no es tan silencioso como creíamos. Solo hacía falta aprender a escuchar su frecuencia.


Referencias:

  • Gagliano, M. et al. (2017). Plants perceive sound vibrations and respond to them. Trends in Plant Science.
  • Mancuso, S. (2021). The Intelligence of Plants. University of Chicago Press.
  • National Geographic (2024). The hidden language of plants: the science of plant sounds.
  • The Guardian (2023). How plants sense and respond to sound.

Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.


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