Investigaciones internacionales revelan que, aunque el riego ayuda a enfriar el clima local, su uso masivo altera el balance hídrico y podría intensificar las sequías en el futuro
Redacción Mundo Agropecuario
Tres estudios científicos de alto perfil liderados por el investigador Yi Yao, de la Vrije Universiteit Brussel y ETH Zurich, han puesto en evidencia una paradoja preocupante: el riego agrícola, considerado durante décadas una herramienta clave para mitigar los efectos del calor extremo y asegurar la producción de alimentos, podría estar agravando el estrés hídrico global y alterando los patrones climáticos.
Cuando el riego deja de ser una solución
El riego artificial ha sido uno de los pilares del desarrollo agrícola moderno. En regiones áridas y semiáridas, ha permitido sostener cultivos durante períodos secos, mejorar rendimientos y estabilizar la seguridad alimentaria. Sin embargo, las nuevas investigaciones muestran que este mismo proceso podría tener efectos contraproducentes a largo plazo, especialmente en un contexto de cambio climático y sobreexplotación de acuíferos.
Según los científicos, el agua aplicada para riego enfría temporalmente el aire local al aumentar la evaporación, lo que puede reducir las temperaturas extremas en zonas agrícolas. Pero este alivio aparente tiene un costo: el agotamiento acelerado de reservas subterráneas y la modificación del ciclo hidrológico regional.
Impacto sobre el equilibrio global del agua
Los tres estudios, realizados con modelos climáticos y de recursos hídricos de alta resolución, demuestran que la expansión de sistemas de riego en Asia, África y América del Norte ha cambiado la distribución global de la humedad atmosférica. Parte del vapor de agua que se libera por evapotranspiración se traslada a otras regiones, alterando los patrones de lluvia y contribuyendo a un ciclo de retroalimentación climática.
En palabras de Yi Yao, “el riego tiene efectos de enfriamiento locales, pero puede provocar sequías en regiones alejadas al modificar el transporte de humedad en la atmósfera”. Esto significa que el beneficio agrícola inmediato en un país puede traducirse en pérdidas de agua o lluvias erráticas en otro, especialmente en zonas interconectadas por corrientes atmosféricas globales.
El costo ambiental oculto
El análisis también subraya que el uso intensivo de aguas subterráneas para riego está agotando acuíferos milenarios en regiones críticas como India, China, Irán y el oeste de Estados Unidos. El resultado es una caída sostenida del nivel freático y una reducción de la capacidad natural de almacenamiento de agua.
Además, el retorno de parte del agua al ambiente no compensa la pérdida total, ya que una porción significativa se evapora y escapa al sistema local, afectando la recarga de ríos y humedales. Este proceso contribuye a un desequilibrio cada vez más pronunciado entre la demanda agrícola y la disponibilidad natural de agua.
Riego, clima y agricultura: una relación compleja
El estudio revela que, aunque el riego mejora el microclima agrícola y reduce temporalmente el estrés térmico en los cultivos, también aumenta la humedad atmosférica y las precipitaciones en lugares no necesariamente agrícolas, lo que puede alterar la productividad en otras zonas.
En un escenario global, esto se traduce en redistribución climática de la humedad: algunos lugares se vuelven más húmedos, mientras otros enfrentan déficits hídricos aún mayores. Según los modelos, si el ritmo actual de riego continúa sin una gestión coordinada, el planeta podría experimentar eventos más intensos de sequía y lluvia extrema hacia mediados de siglo.
La paradoja del enfriamiento agrícola
Los investigadores denominan este fenómeno la “paradoja del riego”: lo que hoy parece una medida de adaptación al calor extremo puede, en realidad, intensificar el desequilibrio hídrico y climático global.
La humedad liberada por millones de hectáreas irrigadas actúa como una “inyección atmosférica” de vapor, alterando los flujos de energía y provocando enfriamiento local pero calentamiento global neto. Este efecto, aunque menos visible que las emisiones de carbono, influye directamente en la dinámica térmica del planeta.
Llamado a la gestión sostenible del agua
Los expertos proponen que los países adopten una planificación hídrica integrada, donde se considere no solo la disponibilidad inmediata de agua, sino también las repercusiones climáticas transfronterizas.
Entre las soluciones sugeridas se encuentran:
- Implementar tecnologías de riego por goteo y sensores de humedad, que reducen el desperdicio.
- Recuperar prácticas tradicionales de conservación del agua, como los canales de infiltración y terrazas agrícolas.
- Reforzar la cooperación internacional en la gestión de acuíferos compartidos.
- Promover cultivos más resistentes a la sequía, que requieran menos agua.
Un futuro condicionado por la eficiencia hídrica
El mensaje de los investigadores es claro: no basta con aumentar el riego para adaptarse al cambio climático. La verdadera solución pasa por rediseñar la forma en que se utiliza el agua, integrando la sostenibilidad y la eficiencia en cada etapa del ciclo agrícola.
A medida que el planeta se calienta, el agua —ese recurso que alguna vez se consideró abundante— se está convirtiendo en el factor limitante de la agricultura mundial. Los hallazgos de Yao y su equipo ponen sobre la mesa la necesidad urgente de un enfoque global que equilibre producción, clima y conservación.
Referencias
- Phys.org. (2025). Irrigation backfires: Global farming faces new water stress as cooling effects trigger broader imbalances. https://phys.org/news/2025-11-irrigation-backfires-global-farming-stress.html
Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.
