Los sistemas indígenas loko iʻa protegen a los peces y fortalecen la seguridad alimentaria frente al cambio climático
Redacción Mundo Agropecuario
En un contexto de cambio climático acelerado, la búsqueda de sistemas productivos capaces de resistir condiciones ambientales extremas se ha convertido en una prioridad global. En Hawái, una respuesta eficaz no proviene de tecnologías recientes, sino de prácticas ancestrales. Un estudio desarrollado por investigadores de la Universidad de Hawái en Mānoa, a través del Hawaiʻi Institute of Marine Biology, demuestra que los estanques tradicionales de peces, conocidos como loko iʻa, funcionan como auténticos refugios climáticos para las poblaciones acuáticas y representan un modelo sólido de acuicultura resiliente.
Estos sistemas indígenas, utilizados durante siglos por las comunidades hawaianas, están mostrando una capacidad notable para amortiguar los efectos negativos del calentamiento de las aguas, la variabilidad térmica y otros impactos asociados al cambio climático. La investigación pone en valor un conocimiento tradicional que hoy adquiere relevancia científica y productiva.
Qué son los loko iʻa y cómo funcionan
Los loko iʻa son estanques costeros construidos con muros de piedra que permiten el intercambio controlado de agua entre el océano y el interior del estanque. Este diseño favorece una circulación constante, pero moderada, que mantiene condiciones ambientales más estables para los peces.
A diferencia de sistemas acuícolas intensivos, estos estanques aprovechan procesos naturales. La entrada de nutrientes desde el mar, combinada con la producción interna de algas y microorganismos, genera un entorno equilibrado que sustenta el crecimiento de los peces sin necesidad de insumos externos significativos. Esta integración entre estructura física y procesos ecológicos es una de las claves de su resiliencia climática.
Protección frente al aumento de la temperatura del agua
Uno de los hallazgos centrales del estudio es que los loko iʻa ofrecen una protección efectiva frente al aumento de la temperatura del agua, uno de los principales factores de estrés para los peces en escenarios de cambio climático. Las mediciones realizadas por el equipo científico muestran que, dentro de los estanques, las variaciones térmicas son menores que en las aguas abiertas cercanas.
Esta estabilidad térmica reduce el impacto del calor extremo sobre las poblaciones de peces, disminuyendo el estrés fisiológico y mejorando las tasas de supervivencia. En un contexto donde el calentamiento de los océanos amenaza la producción acuícola y la pesca, este tipo de amortiguación natural adquiere una importancia estratégica.
Un escudo frente a múltiples impactos climáticos
Además de la temperatura, los investigadores observaron que los estanques tradicionales ayudan a mitigar otros efectos asociados al cambio climático. La estructura de los muros y la dinámica interna del agua contribuyen a suavizar cambios bruscos en la salinidad y a reducir la exposición directa a fenómenos extremos.
Este efecto protector convierte a los loko iʻa en entornos más predecibles para el desarrollo de los peces. La capacidad de estos sistemas para absorber perturbaciones externas explica por qué han perdurado durante generaciones y por qué hoy son considerados un ejemplo de sostenibilidad aplicada a la acuicultura.
Conocimiento indígena validado por la ciencia
El estudio, publicado en una revista científica especializada en sostenibilidad oceánica, destaca el valor del conocimiento indígena hawaiano. Lejos de ser una práctica obsoleta, la acuicultura tradicional desarrollada en Hawái demuestra una comprensión profunda de los ecosistemas costeros.
Los investigadores del Hawaiʻi Institute of Marine Biology subrayan que estos sistemas no solo producen alimentos, sino que lo hacen manteniendo el equilibrio ecológico. La ciencia moderna confirma así lo que las comunidades locales han sabido durante siglos: trabajar con la naturaleza, y no contra ella, genera sistemas más estables y duraderos.
Seguridad alimentaria y resiliencia local
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es su vínculo con la seguridad alimentaria. En islas y regiones costeras vulnerables al cambio climático, la dependencia de importaciones de alimentos representa un riesgo creciente. Los loko iʻa ofrecen una fuente local y confiable de proteína, reduciendo esa dependencia.
Al proteger las poblaciones de peces y garantizar una producción más constante, estos estanques fortalecen la autonomía alimentaria de las comunidades. En tiempos de incertidumbre climática, esta capacidad de autoabastecimiento se convierte en un factor clave para la resiliencia social y económica.
Implicaciones para la acuicultura moderna
Si bien los estanques hawaianos responden a un contexto cultural y geográfico específico, el estudio sugiere que sus principios pueden inspirar enfoques más amplios en la acuicultura contemporánea. La integración de estructuras que amortigüen el estrés ambiental y favorezcan la estabilidad ecológica podría mejorar la resiliencia de otros sistemas productivos.
Los autores destacan que no se trata de replicar literalmente los loko iʻa, sino de aprender de su lógica de funcionamiento. Incorporar elementos de diseño que reduzcan la vulnerabilidad climática puede ser una estrategia eficaz para enfrentar los desafíos futuros del sector acuícola.
Un modelo que conecta pasado y futuro
El reconocimiento científico de los loko iʻa como modelo de resiliencia climática conecta el pasado con el futuro de la producción de alimentos. Estos sistemas demuestran que las soluciones a problemas contemporáneos pueden encontrarse en prácticas tradicionales, siempre que se las analice y adapte con rigor científico.
La investigación liderada por la Universidad de Hawái en Mānoa refuerza la idea de que la sostenibilidad no depende únicamente de innovaciones tecnológicas, sino también de la recuperación y valorización de saberes ancestrales.
Lecciones desde Hawái para un mundo cambiante
En un escenario global marcado por el cambio climático, los estanques tradicionales de peces hawaianos ofrecen una lección clara. La acuicultura resiliente es posible cuando se combinan conocimiento ecológico, diseño inteligente y respeto por los ciclos naturales.
Los loko iʻa no solo protegen a los peces, sino que también protegen a las comunidades que dependen de ellos. Su ejemplo demuestra que la adaptación climática puede apoyarse en sistemas probados por el tiempo, capaces de alimentar a las personas sin comprometer el equilibrio del entorno.
Referencias
Phys.org – Traditional Hawaiian fishponds shield fish from climate change
University of Hawaiʻi at Mānoa – Hawaiʻi Institute of Marine Biology
npj Ocean Sustainability – Investigación sobre sistemas indígenas de acuicultura
Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.
