Los cultivos de cobertura muestran ser clave para mejorar la salud del suelo en climas fríos

Una investigación noruega revela cómo las plantas de cobertura protegen y enriquecen los suelos, mejoran la captura de carbono y refuerzan la sostenibilidad agrícola


Redacción Mundo Agropecuario

Un equipo de científicos noruegos ha logrado descifrar cómo los cultivos de cobertura —plantas sembradas entre las cosechas principales para proteger el suelo— ayudan a mejorar su fertilidad y capacidad de almacenar carbono, incluso en las duras condiciones del clima nórdico. El estudio arroja nueva luz sobre los mecanismos biológicos y químicos que explican sus beneficios, ofreciendo una guía valiosa para la agricultura sostenible en regiones frías.

Más que una simple protección vegetal

Los cultivos de cobertura, como las leguminosas, las gramíneas o las crucíferas, se utilizan para cubrir el suelo entre temporadas agrícolas, evitando la erosión, la pérdida de nutrientes y el desarrollo de malezas. Pero su función va mucho más allá de la protección superficial: estos cultivos reactivan la vida microbiana del suelo y mejoran su estructura, contribuyendo a retener humedad y nutrientes esenciales.

El estudio, realizado por científicos del Instituto Noruego de Bioeconomía (NIBIO), muestra que estas plantas desempeñan un papel decisivo en el almacenamiento de carbono orgánico, un proceso fundamental para mitigar el cambio climático.

Desentrañando los mecanismos ocultos

Hasta ahora, se sabía que los cultivos de cobertura eran beneficiosos, pero no se comprendían con precisión los procesos responsables de esos efectos positivos, especialmente bajo temperaturas bajas y estaciones cortas como las del norte de Europa.

Los investigadores analizaron distintos tipos de cultivos de cobertura —entre ellos trébol, centeno y mostaza blanca— sembrados en rotación con cereales. Los resultados demostraron que estas plantas incrementan la materia orgánica del suelo al estimular la actividad microbiana y la acumulación de residuos vegetales, que se transforman en humus estable.

Además, las raíces de los cultivos de cobertura liberan compuestos orgánicos que promueven la agregación del suelo, mejoran la aireación y favorecen la infiltración de agua, evitando el anegamiento y la compactación.

Captura de carbono y sostenibilidad climática

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que los cultivos de cobertura pueden aumentar significativamente la retención de carbono en el suelo, incluso durante los meses fríos. A medida que las raíces y los restos vegetales se descomponen lentamente bajo temperaturas bajas, se libera carbono que se fija en las partículas del suelo, contribuyendo al almacenamiento a largo plazo.

Este proceso convierte al suelo en un sumidero natural de carbono, ayudando a compensar parte de las emisiones agrícolas. En los sistemas nórdicos, donde el crecimiento vegetal es más limitado por el frío, los científicos observaron que la combinación de especies con distintas profundidades radiculares mejora la eficiencia de captura de carbono y nitrógeno.

Beneficios agronómicos adicionales

Además de mejorar la salud del suelo, los cultivos de cobertura favorecen la productividad de los cultivos principales. Al reducir la pérdida de nutrientes y mantener la humedad, las cosechas posteriores requieren menos fertilizantes y agua, lo que disminuye los costos y la huella ambiental.

Los investigadores destacan que los beneficios son tanto inmediatos como acumulativos: con el tiempo, los suelos manejados con cultivos de cobertura desarrollan una mayor estabilidad estructural y fertilidad natural, lo que mejora la resiliencia frente a sequías y lluvias extremas.

Aplicaciones en la agricultura del norte

En países nórdicos como Noruega, Suecia o Finlandia, los agricultores enfrentan temporadas de crecimiento cortas y limitaciones por las bajas temperaturas. Sin embargo, el estudio demuestra que ajustando la elección de especies y el calendario de siembra, es posible obtener ventajas similares a las observadas en regiones templadas.

Los científicos recomiendan introducir cultivos de cobertura tempranos en verano o de crecimiento rápido en otoño, para aprovechar las ventanas de clima favorable. También sugieren combinaciones de leguminosas con gramíneas, que equilibran la fijación de nitrógeno y la protección del suelo.

Un modelo replicable para otras regiones frías

Los hallazgos noruegos podrían beneficiar a agricultores de zonas frías de América del Norte, Europa Central y los Andes, donde las condiciones climáticas limitan las opciones de cultivo. Adaptar estas estrategias puede ayudar a reducir la dependencia de fertilizantes sintéticos y fortalecer la sostenibilidad del suelo en sistemas agrícolas de montaña o latitudes altas.

Suelos sanos, agricultura resiliente

El estudio confirma lo que muchos agricultores ya intuían: los suelos vivos son la base de una producción sostenible. Los cultivos de cobertura actúan como un escudo ecológico que conserva nutrientes, regula la humedad y alimenta la biodiversidad del subsuelo.

En palabras de los autores, “cuidar el suelo es cuidar el futuro de la agricultura”. En tiempos de crisis climática y degradación de tierras, estas prácticas tradicionales redescubiertas por la ciencia moderna ofrecen una de las herramientas más eficaces para proteger el suelo y el clima al mismo tiempo.


Referencias


Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.


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