Plantas amantes del yeso: una posible clave para la agricultura en Marte


Marte ha despertado la curiosidad humana desde hace siglos. Esa fascinación creció cuando descubrimos que es un mundo que guarda cierto parecido con el nuestro.


Miguel de Luis López, Universidad de Alcalá


Desde la década de 1960 lo exploramos mediante sondas automáticas y robots; ya hemos cartografiado su superficie y analizado su atmósfera. Y ahora, las principales agencias espaciales se preparan para dar el siguiente gran paso: enviar misiones tripuladas al planeta rojo.

Sin embargo, Marte es extremadamente hostil. Las temperaturas medias rondan los – 60 °C, la atmósfera es irrespirable —muy enrarecida y formada mayoritariamente por dióxido de carbono—, la radiación, intensa y el agua líquida, casi inexistente. No es un Edén a la espera de ser habitado. Si se decide enviar astronautas, habrá que valorar los costes y los beneficios de esta empresa. Y deberemos considerar seriamente si merece la pena asumir ese riesgo.

Producir alimentos y oxígeno en el propio planeta mejoraría significativamente la vida y la autonomía de las tripulaciones. Las plantas pueden hacer ambas cosas, por lo que diversas líneas de investigación se centran en el desarrollo de sistemas agrícolas adaptados a Marte. Si lo lográramos, contaríamos con comida, oxígeno, compuestos útiles –incluso fármacos– y beneficios psicológicos para quienes pasarían meses lejos de la Tierra. La idea es sencilla; llevarla a la práctica, no tanto.

El problema de los percloratos

Novelas y películas han imaginado la agricultura en Marte como algo trivial: basta con mezclar suelo marciano con materia orgánica –no entraremos en detalles– y sembrar en ese sustrato las hortalizas que deseemos. La realidad es más complicada. El suelo del planeta es, a escala global, químicamente hostil tanto para las plantas como para los humanos.

Diversas misiones espaciales –desde Viking hasta Phoenix, Curiosity o Perseverance– han detectado percloratos en gran parte del regolito, material que recubre el lecho rocoso sólido de planetas, satélites y asteroides

Los percloratos son sales incoloras y altamente solubles en agua cuya presencia parece ser global y su dispersión está favorecida por las inmensas tempestades de polvo de Marte. Y tienen diversos efectos: dificultan la germinación, alteran el metabolismo vegetal y pueden afectar seriamente la salud humana.

En experimentos con suelos simulados que contienen percloratos, muchas plantas ni siquiera brotan. Eliminar estas sales sería posible, pero costoso: probablemente requeriría agua, tratamientos químicos o microorganismos, recursos limitados en otro planeta. Aun así, la geología de Marte podría ser nuestro as en la manga y ofrecer una alternativa inesperada.

Un misterioso campo de dunas

La superficie marciana es rica en sulfatos, especialmente en yeso (sulfato de calcio dihidratado), identificado por sondas orbitales y rovers, vehículos robóticos diseñados para la exploración espacial.

El mayor afloramiento de yesos en territorio marciano, las dunas de Olympia Undae, se encuentra cerca del Polo Norte. Los vientos polares podrían haberlo mantenido relativamente aislado del transporte global de polvo. Las crestas de estas dunas presentan un alto contenido de yeso, posiblemente porque el viento selecciona los granos según su tamaño y densidad. Esto abre la posibilidad de que, localmente, existan áreas de terreno con yeso y con pocas o ninguna traza de percloratos. Si se confirmara, esos materiales podrían proporcionar un sustrato más seguro para ensayar cultivos. Pero surge una pregunta: ¿qué tienen que ver las plantas con el yeso?

Plantas especialistas en sobrevivir

En la Tierra existen especies que no solo toleran estos suelos, sino que dependen de ellos. Son las plantas gipsófilas, adaptadas a terrenos ricos en sulfato cálcico, pobres en nutrientes y con escasez de agua.

Para sobrevivir, almacenan iones tóxicos en compartimentos celulares, optimizan el uso del agua y resisten altas concentraciones salinas y el estrés térmico. Algunas incluso aprovechan el agua contenida en los cristales de yeso. En cierto modo, están preadaptadas a suelos como los marcianos, aunque no al clima extremo.

Su historia evolutiva podría haber constituido una especie de “entrenamiento” que las preparara para sobrevivir en otro planeta; en un invernadero con temperatura y atmósfera controladas podrían cultivarse con éxito.

Gipsófilas intrépidas

La flora de los yesos presenta un notable interés ecológico y evolutivo. Entre estas plantas destaca Gypsophila struthium, la auténtica campeona de los yesos de la península ibérica. Tolera sequías prolongadas, germina rápidamente con humedad y coloniza suelos desnudos con facilidad. Además, sus semillas mantienen su viabilidad durante el tiempo suficiente para soportar el viaje a Marte. Otra planta de interés es Ononis tridentata, una leguminosa capaz de fijar nitrógeno atmosférico gracias a su simbiosis con bacterias, lo que podría enriquecer nuestro sustrato.

Ejemplar florecido de Gypsophila struthium.
Ejemplar florecido de Gypsophila struthium. Wikimedia Commons, CC BY

Estas plantas no serían cultivos alimentarios directos, pero sí producen algunas sustancias de interés farmacológico como las saponinas y los flavonoides. Además, podrían actuar como pioneras y preparar el camino para las especies comestibles. Sus adaptaciones podrían transferirse a cultivos mediante herramientas de edición genética como CRISPR, incorporando tolerancia a sales o mayor eficiencia hídrica en tomates, cereales u hortalizas.

¿Un huerto en el planeta rojo?

Aún quedan incógnitas sobre cuán posible es hacer crecer plantas en Marte. Será necesario analizar muestras reales de yeso marciano para confirmar la ausencia de percloratos y conocer sus propiedades físicas y químicas. También habrá que estudiar cómo influyen la menor gravedad y la radiación en la germinación, el crecimiento y la floración.

En un estudio reciente publicado en Life Sciences in Space Research proponemos esta estrategia: evaluar depósitos de yeso marciano como sustrato y usar plantas gipsófilas terrestres como modelo para diseñar sistemas agrícolas adaptados al planeta rojo. Además, consideramos que lograr un sistema agrícola en Marte debería ser un paso previo a la exploración humana. Esto reduciría los riesgos y mejoraría la calidad de vida de los primeros exploradores de aquel planeta.

Los primeros terrícolas en Marte podríamos no ser nosotros, sino estas intrépidas plantas que sobreviven donde casi nada más podría hacerlo.

Miguel de Luis López, Honorary Research Professor. Department of Life Sciences, Universidad de Alcalá

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.


Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.


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