El avance de Cydia pomonella refleja cómo el clima más cálido incrementa la presión de plagas en huertos frutales
Redacción Mundo Agropecuario
En los sistemas frutícolas de distintas regiones templadas, la polilla de la manzana (Cydia pomonella) se ha consolidado como una de las plagas más destructivas para los cultivos de fruta. Su impacto directo sobre la calidad y el volumen de la cosecha la sitúa entre los principales problemas de sanidad vegetal en huertos de manzano, con efectos que también se extienden a otros frutales. En un contexto de clima progresivamente más cálido, la presencia y la capacidad de daño de este insecto tienden a intensificarse, convirtiéndolo en un indicador biológico de los cambios ambientales que afectan a la agricultura.
El daño que provoca es profundo y visible en el producto final. Las larvas perforan los frutos, se alimentan de la pulpa y de las semillas, y dejan galerías internas acompañadas de restos que deterioran el tejido vegetal. Este proceso no solo inutiliza la fruta para el mercado, sino que también favorece la caída prematura de los frutos, reduciendo el rendimiento efectivo de la cosecha. En situaciones de infestación elevada, la pérdida productiva puede alcanzar entre el 80 % y el 100 %, un nivel que ilustra la magnitud del riesgo para los productores.
Un ciclo biológico que potencia el daño en los huertos
La polilla de la manzana presenta un comportamiento que le permite aprovechar de forma eficiente las condiciones favorables del entorno. Tras la eclosión, las larvas buscan rápidamente penetrar en el fruto, donde quedan protegidas del exterior. Desde el interior, el daño avanza de manera silenciosa hasta que los síntomas se vuelven evidentes: frutos deformados, perforaciones visibles y pulpa degradada. Este patrón de ataque hace que, en muchos casos, la afectación solo se detecte cuando la fruta ya ha perdido su valor comercial.
Además del manzano, el insecto puede desarrollarse en otros cultivos leñosos, como peral, nogal y membrillo, lo que amplía su relevancia dentro de los sistemas frutícolas. Esta capacidad de colonizar diferentes hospedantes incrementa la probabilidad de que la plaga encuentre refugio en el paisaje agrícola, dificultando su control y favoreciendo su persistencia de una campaña a otra.
Clima más cálido y mayor presión de Cydia pomonella
El calentamiento del clima crea un escenario propicio para la expansión y la intensificación de la polilla de la manzana. Temperaturas más elevadas y temporadas cálidas más prolongadas permiten que el insecto complete su desarrollo con mayor rapidez y que, en algunos contextos, se incrementen las generaciones por ciclo productivo. Este fenómeno se traduce en una mayor presión de la plaga sobre los huertos, con ataques más frecuentes y prolongados en el tiempo.
La reducción de los periodos fríos también limita el efecto regulador natural que las bajas temperaturas ejercen sobre las poblaciones del insecto. Como resultado, la polilla de la manzana logra mantener poblaciones más estables y activas a lo largo de la temporada agrícola, elevando el riesgo de daños severos en los frutos. Este vínculo entre condiciones térmicas y dinámica de plagas refuerza la idea de que los cambios ambientales tienen consecuencias directas sobre la sanidad de los cultivos.
Impacto productivo y consecuencias económicas
Para los productores frutícolas, la presencia creciente de la polilla de la manzana supone un desafío constante. Las pérdidas de fruta comercializable afectan de manera directa la rentabilidad del cultivo, ya que el fruto dañado no cumple con los estándares de calidad exigidos por los mercados. A ello se suma el incremento de los costos asociados a las labores de vigilancia y manejo fitosanitario, que deben ajustarse a una presión de plagas cada vez más intensa.
El problema no se limita a una campaña aislada. La tendencia hacia un clima más cálido sugiere que la presión de Cydia pomonella puede convertirse en un factor estructural de los sistemas frutícolas, obligando a replantear estrategias de manejo y a integrar el riesgo de plagas como un componente permanente de la planificación productiva.
Un indicador biológico del cambio ambiental en la fruticultura
La expansión y el aumento del impacto de la polilla de la manzana convierten a este insecto en una especie que funciona como indicador biológico del calentamiento global en los agroecosistemas frutícolas. Su respuesta positiva a las temperaturas más elevadas evidencia cómo los organismos fitófagos se adaptan rápidamente a las nuevas condiciones ambientales, alterando el equilibrio entre cultivos y plagas.
Desde una perspectiva agrícola, observar la evolución de Cydia pomonella permite comprender mejor la relación entre agroclima y sanidad vegetal. La presión creciente de esta plaga no es un fenómeno aislado, sino parte de un proceso más amplio en el que el clima redefine los riesgos productivos. En este escenario, la polilla de la manzana deja de ser solo un insecto dañino para convertirse en una señal clara de cómo el entorno está cambiando y de cómo esos cambios impactan directamente en la seguridad y sostenibilidad de la producción frutícola.
Referencias
AgroXXI. “Яблонная плодожорка как примета глобального потепления”.
Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.
