Agricultores de Indonesia apuestan por cercas vivas para proteger sus cultivos


Una solución basada en plantas permite frenar la fauna salvaje y reducir la erosión del suelo en zonas agrícolas del sudeste asiático


Redacción Mundo Agropecuario

La creatividad en el sector agrícola del sudeste asiático vuelve a demostrar que muchas de las soluciones más eficaces surgen de la propia naturaleza. En distintas regiones de Indonesia, agricultores han comenzado a proteger sus cultivos mediante cercas vivas, construidas a partir de otra planta, como alternativa a métodos convencionales menos sostenibles. La práctica responde a desafíos persistentes que afectan a la producción agrícola local, desde la invasión de fauna salvaje hasta la erosión del suelo causada por lluvias intensas.

Esta estrategia, sencilla en apariencia, combina protección física, estabilidad del terreno y un enfoque de bajo impacto ambiental. Al sustituir vallas artificiales o barreras temporales por plantas vivas, los productores aprovechan las propiedades naturales de la vegetación para reforzar la resiliencia de sus parcelas.

Los desafíos agrícolas en un entorno complejo

La agricultura en amplias zonas de Indonesia se desarrolla en condiciones climáticas exigentes. Las lluvias torrenciales pueden provocar arrastre de suelo y pérdida de nutrientes, mientras que la proximidad de áreas naturales favorece la presencia de animales silvestres que dañan los cultivos. Estos factores incrementan los riesgos productivos y obligan a los agricultores a buscar soluciones constantes para proteger sus campos.

Tradicionalmente, muchos productores recurrían a cercas improvisadas o a métodos disuasorios de corta duración. Sin embargo, estas alternativas suelen requerir mantenimiento frecuente y no siempre resultan eficaces frente a la presión combinada del clima y la fauna.

Cercas vivas: una respuesta desde la naturaleza

Ante este escenario, algunos agricultores optaron por una estrategia distinta: construir cercas vivas utilizando otra planta alrededor de sus parcelas. Estas barreras vegetales actúan como un límite físico que dificulta el acceso de animales a los cultivos y, al mismo tiempo, refuerzan el suelo frente a la erosión.

La elección de una planta adecuada permite crear una defensa continua que crece con el tiempo, aumentando su eficacia a medida que se desarrolla. A diferencia de las estructuras inertes, las cercas vivas se integran en el ecosistema agrícola y se adaptan a las condiciones locales.

Protección frente a la fauna salvaje

Uno de los principales beneficios de las cercas vivas es su capacidad para disuadir a la fauna salvaje sin recurrir a métodos agresivos. La densidad de la vegetación y su disposición dificultan el paso de animales que suelen invadir los campos en busca de alimento.

Este enfoque reduce los daños a los cultivos y disminuye la necesidad de intervenciones constantes por parte del agricultor. Además, al tratarse de una solución vegetal, evita conflictos mayores con la fauna local y favorece una convivencia más equilibrada entre producción agrícola y entorno natural.

Un aliado contra la erosión del suelo

Más allá de la protección directa de los cultivos, las cercas vivas cumplen una función clave en la conservación del suelo. Las raíces de las plantas ayudan a fijar la tierra, reduciendo el arrastre provocado por las lluvias intensas. De este modo, se limita la pérdida de capa fértil y se preserva la estructura del terreno.

En regiones donde la erosión representa una amenaza constante, esta función adquiere especial relevancia. Mantener el suelo estable no solo protege la cosecha actual, sino que contribuye a la sostenibilidad a largo plazo de la actividad agrícola.

Una solución de bajo costo y mantenimiento

Otro aspecto destacado de esta práctica es su viabilidad económica. A diferencia de cercas metálicas o materiales importados, las cercas vivas se basan en recursos vegetales disponibles en el entorno. Esto reduce los costos iniciales y minimiza la dependencia de insumos externos.

El mantenimiento también resulta más sencillo. Una vez establecida, la barrera vegetal requiere cuidados similares a los del resto del cultivo, integrándose en la rutina agrícola sin generar cargas adicionales significativas.

Impacto ambiental positivo

El uso de cercas vivas se alinea con principios de agricultura sostenible. Al incorporar plantas al sistema productivo, se incrementa la cobertura vegetal y se favorecen procesos naturales que benefician al ecosistema local. Esta práctica puede contribuir a mejorar la biodiversidad y a fortalecer la resiliencia del paisaje agrícola frente a eventos extremos.

Además, al evitar soluciones artificiales o químicas, los agricultores reducen el impacto ambiental de sus explotaciones y refuerzan un modelo de producción más respetuoso con el entorno.

Un ejemplo de innovación agrícola local

La experiencia de los agricultores indonesios pone de relieve el valor de la innovación local. En lugar de adoptar tecnologías complejas o costosas, los productores han adaptado conocimientos tradicionales y recursos naturales para resolver problemas concretos de su día a día.

Este tipo de soluciones demuestra que la sostenibilidad no siempre requiere grandes inversiones, sino una comprensión profunda del entorno y de las interacciones entre suelo, plantas y clima.

Potencial de replicación en otras regiones

Aunque la práctica surge en Indonesia, el concepto de cercas vivas tiene potencial de aplicación en otras regiones con problemas similares. Zonas agrícolas expuestas a lluvias intensas, erosión o presencia de fauna silvestre podrían beneficiarse de estrategias basadas en barreras vegetales adaptadas a sus condiciones locales.

La clave está en seleccionar especies adecuadas y en integrar la solución dentro de un manejo agrícola coherente con el entorno. La experiencia indonesa ofrece así una referencia valiosa para otros sistemas productivos del trópico y más allá.

Naturaleza como aliada del productor

La construcción de cercas vivas a partir de plantas refuerza una idea central: la naturaleza puede ser una aliada eficaz para enfrentar los desafíos agrícolas. En un contexto de presión climática y ambiental creciente, soluciones de este tipo adquieren un valor estratégico.

Al proteger los cultivos, conservar el suelo y reducir costos, las cercas vivas se consolidan como una herramienta práctica y sostenible. La iniciativa de los agricultores de Indonesia muestra que, a veces, la respuesta más efectiva está justo al alcance de la mano, en la propia tierra que se cultiva.


Referencias

  • Artículo original: “Agricultores de Indonesia pasan del juego y protegen sus cultivos construyendo cercas vivas con otra planta”, OKDIARIO Naturaleza, enero de 2026.

Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.


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