Árboles indígenas, la clave silenciosa para la ganadería resiliente al clima en Benín


En las tierras secas de África Occidental, especies arbóreas locales sostienen al ganado y ofrecen una estrategia crucial frente al estrés climático creciente


Redacción Mundo Agropecuario

En el norte y centro de Benín, en África Occidental, la ganadería extensiva se desarrolla en un entorno cada vez más exigente. Las tierras secas, caracterizadas por altas temperaturas y lluvias irregulares, cubren cerca del 70 % del territorio nacional y constituyen el principal escenario de subsistencia para millones de personas. En estos paisajes abiertos y aparentemente frágiles, una combinación de pastizales dispersos y árboles indígenas sostiene a aproximadamente seis millones de animales de pastoreo, entre ellos 2,5 millones de bovinos, un millón de ovinos y 2,4 millones de caprinos, que acompañan a los pastores en largos desplazamientos en busca de alimento y agua.

Un nuevo trabajo científico pone el foco en un elemento a menudo subestimado: el papel estratégico de los árboles autóctonos en la resiliencia climática de los sistemas ganaderos. Más allá de ser simples componentes del paisaje, estas especies vegetales desempeñan funciones esenciales que permiten a la ganadería adaptarse a condiciones ambientales cada vez más extremas.

Un sistema ganadero bajo presión climática

La ganadería en las tierras secas de Benín depende de un delicado equilibrio ecológico. Las temperaturas elevadas, la escasez de lluvias y la variabilidad climática reducen la disponibilidad de forraje y agua, obligando a los pastores a recorrer grandes distancias con sus animales.

En este contexto, el cambio climático intensifica las dificultades. Los períodos de sequía más prolongados y el estrés térmico afectan tanto a los animales como a las personas que dependen de ellos. La investigación destaca que estos desafíos no son nuevos, pero sí más intensos y frecuentes, lo que obliga a buscar estrategias de adaptación basadas en los propios ecosistemas locales.

Árboles dispersos: mucho más que sombra

En los paisajes ganaderos de Benín, los árboles indígenas dispersos cumplen funciones múltiples. Proporcionan sombra, reduciendo el estrés térmico del ganado, y actúan como puntos de referencia y descanso durante las rutas de pastoreo.

Pero su importancia va más allá del confort animal. Estos árboles influyen en el microclima, mejoran la retención de humedad del suelo y contribuyen a mantener la productividad de los pastizales circundantes. En un entorno donde cada recurso cuenta, su presencia marca la diferencia entre un sistema viable y uno al borde del colapso.

Forraje en tiempos de escasez

Uno de los aportes más relevantes de los árboles indígenas es su función como fuente alternativa de alimento. Durante las estaciones secas, cuando los pastos se agotan, muchas de estas especies producen hojas, frutos o vainas que sirven de forraje suplementario para el ganado.

La investigación resalta que esta capacidad es clave para la supervivencia de los rebaños en los momentos más críticos. Los pastores conocen desde hace generaciones qué árboles pueden alimentar a sus animales cuando el paisaje parece desprovisto de recursos, lo que demuestra un conocimiento ecológico profundamente arraigado.

Un soporte vital para millones de animales

Los datos del estudio subrayan la magnitud del sistema: millones de bovinos, ovinos y caprinos dependen directamente de estos paisajes arbolados. La pérdida de árboles no solo implica un cambio visual en el territorio, sino una reducción directa de la capacidad de carga de las tierras secas.

En ausencia de estas especies, el ganado enfrenta mayores tasas de estrés, menor disponibilidad de alimento y un aumento de la vulnerabilidad frente a eventos climáticos extremos. Por ello, los árboles indígenas actúan como un seguro ecológico que amortigua los impactos del clima.

Conocimiento local y resiliencia

La investigación pone en valor el conocimiento tradicional de los pastores, quienes han aprendido a gestionar el territorio integrando árboles, pastos y ganado. Esta interacción no es accidental, sino el resultado de siglos de adaptación a condiciones ambientales difíciles.

Los árboles seleccionados y conservados en los campos ganaderos no suelen ser fruto del azar. Su permanencia responde a su utilidad comprobada para el pastoreo, la protección del suelo y la estabilidad del sistema productivo. Este enfoque contrasta con modelos que priorizan la eliminación de árboles para expandir áreas de pasto, una práctica que puede debilitar la resiliencia a largo plazo.

Árboles indígenas frente a la presión del uso del suelo

A pesar de su valor, los árboles indígenas en Benín enfrentan presiones crecientes. La expansión agrícola, la demanda de leña y la transformación del paisaje reducen su presencia en las tierras secas.

El estudio advierte que la pérdida de estos árboles puede tener consecuencias desproporcionadas en sistemas ya frágiles. Sin ellos, la ganadería se vuelve más dependiente de condiciones climáticas favorables, reduciendo su capacidad de adaptación frente a sequías o variaciones extremas.

Clima, árboles y sostenibilidad ganadera

La investigación sugiere que la resiliencia climática de la ganadería en Benín está estrechamente ligada a la conservación de árboles indígenas. Estos no solo sostienen la producción animal, sino que contribuyen a la estabilidad ecológica del territorio.

En un escenario de cambio climático, preservar y manejar adecuadamente estas especies puede ser tan importante como introducir nuevas tecnologías o infraestructuras. Los árboles actúan como una solución basada en la naturaleza, adaptada a las condiciones locales y validada por la experiencia de las comunidades pastoriles.

Un modelo con lecciones para África Occidental

Aunque el estudio se centra en Benín, sus conclusiones tienen relevancia para otras regiones de África Occidental con características similares. Las tierras secas, comunes en amplias zonas del continente, comparten desafíos climáticos y productivos.

El reconocimiento del papel de los árboles indígenas ofrece una perspectiva distinta sobre la sostenibilidad ganadera: no se trata solo de producir más, sino de producir mejor, integrando los elementos del ecosistema que históricamente han permitido la supervivencia en condiciones adversas.

Árboles como aliados estratégicos del futuro rural

Lejos de ser vestigios de un paisaje natural en retroceso, los árboles indígenas emergen como aliados estratégicos para el futuro de la ganadería en Benín. Su capacidad para sostener al ganado, regular el microclima y ofrecer forraje en épocas críticas los convierte en piezas centrales de cualquier estrategia de adaptación climática.

El estudio refuerza una idea fundamental: en las tierras secas de África Occidental, la resiliencia no depende únicamente de intervenciones externas, sino del fortalecimiento de sistemas tradicionales que ya han demostrado su eficacia frente a la adversidad.


Referencias

Phys.org. Investigación sobre el papel de los árboles indígenas en la resiliencia climática de la ganadería en las tierras secas de Benín.


Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.


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