Nutrientes en el centro de la estrategia para sostener rindes y calidad
Redacción Mundo Agropecuario
La campaña de trigo 2025/26 quedará marcada como una de las más excepcionales en décadas. Con rendimientos récord en amplias zonas productivas, especialmente en la región pampeana, el ciclo agrícola argentino enfrenta ahora un nuevo desafío: cómo sostener la competitividad del doble cultivo trigo/soja de segunda sin comprometer la calidad del cereal ni limitar el potencial de la oleaginosa. Tal como advirtió el informe difundido por Clarín Rural, el foco central ya no está en el agua —un elemento limitante en campañas anteriores— sino en el manejo de nutrientes clave como el nitrógeno, el fósforo y el azufre, fundamentales para sostener altos rindes y evitar pérdidas de calidad comercial.
Las condiciones climáticas de la presente campaña dejaron un escenario poco habitual: suficiente humedad para maximizar la expresión de los cultivos de invierno, temperaturas moderadas y un mejor comportamiento en los perfiles de suelo. Esta combinación empujó los rindes a niveles históricos, pero al mismo tiempo agotó reservas nutricionales que ahora deben ser calculadas con precisión para garantizar que la soja de segunda y los maíces tardíos mantengan su potencial.
Del agua a los nutrientes: el nuevo eje de la planificación agronómica
La nota periodística señala que el desafío productivo ha cambiado de eje. Cuando el rendimiento del trigo se maximiza, la extracción de nutrientes es proporcionalmente mayor y deja perfiles del suelo más pobres para el cultivo siguiente. En planteos de doble cultivo trigo/soja de segunda, este efecto puede condicionar la implantación y el crecimiento temprano de la oleaginosa.
Por esta razón, los especialistas recomiendan prestar especial atención al estado de los suelos y ajustar la estrategia de fertilización con base en:
- niveles actuales de nitrógeno,
- disponibilidad de fósforo,
- contenido de azufre,
- y el balance total de nutrientes extraídos por el trigo.
Estos elementos son esenciales no solo para sostener la biomasa inicial de la soja, sino también para evitar penalizaciones en rinde y calidad que podrían afectar la competitividad comercial.
Nitrógeno: piedra angular para el doble cultivo
El nitrógeno es quizás el nutriente más crítico en este escenario, ya que el trigo, cuando alcanza rindes extraordinarios, provoca una extracción elevada que reduce la disponibilidad para el cultivo de segunda. Si la soja de segunda arranca en un ambiente con bajo nitrógeno, su eficiencia en la nodulación y en la fijación biológica se ve comprometida, lo que conduce a un menor desarrollo inicial y, eventualmente, a una reducción del rinde final.
Los técnicos consultados destacan la importancia de realizar análisis de suelo y ajustar las aplicaciones en función del cultivo antecesor y del historial del lote. Una corrección adecuada puede marcar la diferencia entre un planteo de doble cultivo rentable y uno con pérdidas de potencial productivo.
Fósforo y azufre: nutrientes estratégicos para la implantación
El fósforo es determinante en la etapa de implantación y en el desarrollo inicial de raíces. Tras una campaña de trigo excepcional, los niveles de este nutriente pueden quedar por debajo de lo ideal, sobre todo en suelos con baja reposición histórica. La falta de fósforo afecta la estructura radicular de la soja, disminuye la absorción de otros elementos y provoca una menor capacidad de la planta para enfrentar condiciones adversas.
El azufre, por su parte, cumple un rol esencial en la formación de proteínas y en la eficiencia de la fijación biológica de nitrógeno. Su ausencia, cada vez más detectada en suelos agrícolas intensificados, puede limitar directamente la productividad de la soja de segunda.
Un adecuado manejo combinado de estos nutrientes permite que el cultivo exprese su potencial, sobre todo en ambientes donde el tiempo entre la cosecha del trigo y la siembra de la soja es muy acotado.
Impacto en los maíces tardíos: otro punto de atención
Aunque el foco principal está en el doble cultivo trigo/soja, los maíces tardíos también enfrentan un escenario particular. Tras la extracción masiva de nutrientes del trigo, este cereal demanda un aporte estratégico de nitrógeno y un balance ajustado de fósforo y azufre para sostener su desarrollo en condiciones de siembra tardía, especialmente en zonas donde las lluvias son menos frecuentes o están mal distribuidas.
El artículo señala que, en contextos de rindes elevados, ignorar la reposición nutricional en estos sistemas puede llevar a pérdidas significativas de calidad, eficiencia fotosintética y rendimiento.
Tecnología, diagnóstico y precisión: claves para no perder competitividad
La recomendación de los especialistas es clara: diagnóstico preciso y planificación basada en información real del lote. Esto implica:
- análisis de suelo post-trigo para cuantificar la extracción real,
- nuevas calibraciones de fertilización en función de la campaña,
- monitoreo constante del cultivo instalado,
- uso de herramientas de agricultura de precisión,
- y estrategias flexibles según la disponibilidad de insumos y las condiciones climáticas.
En un escenario de precios volátiles y alta competitividad internacional, fallar en el manejo nutricional puede tener efectos económicos relevantes tanto en la soja de segunda como en los maíces tardíos.
Un cierre de campaña que redefine prioridades
El rendimiento récord del trigo ha sido una excelente noticia para el sector, pero también ha puesto sobre la mesa la necesidad de revisar la nutrición de los planteos intensificados. Con el agua como variable más estable esta temporada, los nutrientes pasan a ocupar el rol protagónico en la definición del éxito productivo.
La campaña 2025/26 abre así un nuevo capítulo en el manejo agronómico: uno que requiere mayor precisión, diagnóstico continuo y una mirada integral del sistema productivo. El desafío para los técnicos y productores será equilibrar extracción y reposición para mantener, no solo la productividad, sino también la sustentabilidad de los sistemas agrícolas en el largo plazo.