Un estudio en Canadá revela que alternar cultivos no solo restaura la salud del suelo, sino que impulsa la diversidad de bacterias y hongos beneficiosos para su funcionamiento
Redacción Mundo Agropecuario
En Canadá, la rotación de cultivos vuelve a situarse en el centro del debate agronómico, no solo como una práctica tradicional de manejo del suelo, sino como una herramienta con impactos medibles sobre la diversidad microbiana que sostiene la fertilidad y el funcionamiento de los agroecosistemas. Investigaciones recientes realizadas por la Universidad de Alberta muestran que alternar los cultivos a lo largo del tiempo incrementa la variedad de bacterias y hongos presentes en el suelo, organismos clave para procesos como la descomposición de materia orgánica, el reciclaje de nutrientes y el mantenimiento de la estructura edáfica.
El hallazgo refuerza la idea de que la salud del suelo no depende únicamente de los aportes externos, sino de la dinámica biológica que se construye a través de las prácticas agrícolas. En los sistemas productivos de Canadá, donde la intensificación y la simplificación de rotaciones han sido frecuentes en determinadas regiones, los resultados aportan nuevos argumentos para reconsiderar la planificación de cultivos desde una perspectiva que integre productividad y función ecológica del suelo.
Qué ocurre bajo tierra cuando se alternan los cultivos
La rotación de cultivos introduce variabilidad en las raíces, residuos vegetales y exudados que entran en contacto con el suelo. En Canadá, el trabajo de la Universidad de Alberta pone de relieve que esta diversidad de aportes crea condiciones más favorables para una comunidad microbiana diversa. Cada cultivo genera un entorno químico y físico ligeramente distinto en la rizosfera, lo que permite que diferentes grupos de microorganismos del suelo encuentren nichos adecuados para prosperar.
En suelos con monocultivo o con rotaciones muy limitadas, la comunidad microbiana tiende a volverse menos diversa, con predominio de ciertos grupos adaptados a un conjunto reducido de recursos. El estudio muestra que, al ampliar la secuencia de cultivos, se promueve una heterogeneidad microbiana mayor, tanto en bacterias como en hongos. Esta diversidad no es un mero indicador biológico: se asocia con una mayor estabilidad de los procesos del suelo, lo que repercute en su capacidad para sostener cultivos de manera más resiliente.
Desde una perspectiva divulgativa, el mensaje es claro: lo que se decide en superficie —qué se siembra cada campaña— tiene consecuencias directas en el mundo invisible del suelo. En Canadá, donde amplias superficies agrícolas dependen de la calidad edáfica para mantener rendimientos, comprender estos procesos aporta una base científica sólida para revalorizar la rotación como práctica estructural y no solo como recomendación genérica.
Microbios del suelo y funcionamiento de los agroecosistemas
Las bacterias y hongos del suelo cumplen funciones esenciales para el funcionamiento de los sistemas agrícolas. Participan en la descomposición de residuos vegetales, en la liberación y transformación de nutrientes y en la formación de agregados que mejoran la estructura del suelo. El estudio realizado en Canadá evidencia que la rotación de cultivos incrementa la diversidad de estos organismos, lo que se traduce en un funcionamiento más robusto del suelo como sistema vivo.
Una comunidad microbiana diversa ofrece redundancia funcional: diferentes organismos pueden desempeñar roles similares en los procesos bioquímicos, lo que reduce la vulnerabilidad del sistema frente a perturbaciones. En los paisajes agrícolas de Canadá, donde los suelos están sometidos a ciclos intensivos de producción, esta diversidad actúa como un amortiguador biológico que contribuye a sostener la salud del suelo a largo plazo.
El trabajo también subraya que los beneficios de la rotación no se limitan a un tipo específico de microbio. Tanto los grupos bacterianos como los fúngicos muestran incrementos de diversidad bajo esquemas de rotación más complejos. Esta respuesta conjunta refuerza la idea de que la estructura de la comunidad microbiana está estrechamente ligada al manejo agrícola y que pequeñas decisiones en la planificación de cultivos pueden tener efectos amplios en la base biológica de la producción.
Implicaciones prácticas para la agricultura en Canadá
Para los agricultores en Canadá, los resultados aportan argumentos adicionales para considerar la rotación de cultivos como una estrategia central de manejo, más allá de sus beneficios conocidos en el control de plagas o la recuperación de nutrientes. La evidencia sobre el impacto en la diversidad microbiana sugiere que la rotación contribuye a construir un suelo más funcional, capaz de sostener procesos clave sin depender exclusivamente de insumos externos.
En un contexto donde la sostenibilidad del suelo se ha convertido en una preocupación estratégica, el fortalecimiento de la biología edáfica adquiere un valor operativo. La investigación muestra que las decisiones agronómicas tienen efectos acumulativos: la planificación de secuencias de cultivos influye en la estructura y dinámica de las comunidades microbianas, que a su vez condicionan la capacidad del suelo para responder a las demandas productivas.
Este enfoque ofrece una lectura integrada de la agricultura de suelos vivos en Canadá. La rotación no actúa de manera aislada, sino como parte de un conjunto de prácticas que modulan el entorno biológico del suelo. El estudio proporciona una base empírica para entender por qué la diversificación de cultivos es un componente clave de sistemas agrícolas que buscan mantener la productividad sin comprometer la integridad ecológica del suelo.
Rotación de cultivos y salud del suelo como estrategia de largo plazo
Los resultados obtenidos por la Universidad de Alberta sitúan a la rotación de cultivos como un eje estructural para la salud del suelo en la agricultura canadiense. Al promover una mayor diversidad de microorganismos del suelo, esta práctica contribuye a sostener procesos ecológicos que, a largo plazo, influyen en la estabilidad y el rendimiento de los sistemas productivos.
En Canadá, donde las decisiones de manejo tienen efectos acumulativos sobre vastas extensiones agrícolas, integrar la dimensión microbiana en la planificación de cultivos permite una comprensión más completa del funcionamiento del agroecosistema. La rotación deja de ser solo una técnica agronómica para convertirse en una herramienta de gestión biológica del suelo, con implicaciones directas para la resiliencia de los sistemas agrícolas frente a cambios ambientales y productivos.
La evidencia refuerza la necesidad de pensar la agricultura desde el suelo hacia arriba: un suelo con diversidad microbiana elevada es la base de procesos ecológicos más estables. En este sentido, la rotación de cultivos en Canadá aparece no solo como una práctica heredada de la tradición agrícola, sino como una estrategia respaldada por la investigación científica para fortalecer la funcionalidad del suelo en el presente y en el futuro.
Referencias
– Phys.org; Universidad de Alberta; Nature Communications
Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.
