Cuando la lluvia nace en tierra firme: un nuevo riesgo silencioso para los cultivos y la seguridad alimentaria

El origen de la humedad atmosférica influye más de lo que se creía en la estabilidad de las cosechas


Redacción Mundo Agropecuario

Durante décadas, el análisis del clima agrícola se ha centrado en la cantidad total de lluvia que reciben los cultivos. Sin embargo, una nueva investigación científica introduce un matiz decisivo: no toda la lluvia es igual, y su origen puede marcar la diferencia entre una cosecha estable y una altamente vulnerable. El estudio revela que los cultivos son mucho más frágiles cuando una proporción elevada de las precipitaciones proviene de la humedad generada en tierra firme, en lugar de la que se origina sobre los océanos.

La investigación, difundida por ScienceDaily, demuestra que la lluvia derivada de la evaporación terrestre tiende a ser más irregular, débil y poco confiable, lo que incrementa el riesgo de sequías agrícolas. Regiones clave como el Medio Oeste de Estados Unidos y África Oriental aparecen entre las más expuestas, debido a la combinación de degradación del suelo, deforestación y cambios en el uso de la tierra.

La diferencia entre lluvia oceánica y lluvia terrestre

La mayor parte de la humedad que forma las nubes proviene de dos fuentes principales: los océanos y la superficie continental. La humedad oceánica, generada por la evaporación del mar, suele ser más abundante y estable, alimentando sistemas de lluvias más consistentes. En cambio, la humedad terrestre depende en gran medida de la evaporación del agua del suelo y de la transpiración de la vegetación.

El estudio muestra que cuando los suelos están secos o la cobertura vegetal se reduce, la cantidad y calidad de la humedad que asciende a la atmósfera disminuye. Esto provoca precipitaciones más erráticas, con intervalos más largos sin lluvia, incluso en regiones donde el total anual puede parecer suficiente en promedio.

Un mecanismo poco visible que amplifica el riesgo de sequía

Uno de los hallazgos más relevantes de la investigación es que la lluvia de origen terrestre crea un círculo de retroalimentación negativa. Cuando los suelos se secan, generan menos humedad; al haber menos humedad, las lluvias se debilitan; y al debilitarse las lluvias, los suelos se secan aún más.

Este mecanismo es especialmente peligroso para la agricultura de secano, que depende directamente de la regularidad de las precipitaciones. Los investigadores señalan que este tipo de lluvia no solo es menos confiable, sino también más sensible a perturbaciones como olas de calor o cambios en el uso del suelo.

El impacto directo sobre los cultivos

Desde el punto de vista agronómico, la estabilidad del régimen de lluvias es tan importante como su volumen total. Cultivos como maíz, soja, trigo o sorgo requieren aportes hídricos en momentos específicos de su desarrollo. La irregularidad en las precipitaciones puede afectar la germinación, la floración y el llenado de grano, reduciendo de forma significativa los rendimientos.

El estudio advierte que, en regiones donde una parte creciente de la lluvia procede de la humedad terrestre, los rendimientos agrícolas se vuelven más impredecibles. Esto aumenta la vulnerabilidad económica de los productores y dificulta la planificación a mediano y largo plazo.

El papel de la deforestación y la degradación del suelo

La deforestación aparece como uno de los factores clave que intensifican este problema. Los bosques no solo capturan carbono, sino que también actúan como verdaderas bombas de humedad, liberando grandes cantidades de vapor de agua a la atmósfera a través de la evapotranspiración.

Cuando se eliminan grandes extensiones forestales, se reduce esta fuente de humedad estable, y la lluvia pasa a depender cada vez más de suelos agrícolas que, en muchos casos, están compactados, erosionados o empobrecidos. La investigación subraya que esta transformación del paisaje altera los patrones regionales de lluvia de forma profunda y duradera.

Medio Oeste de Estados Unidos y África Oriental: dos regiones críticas

El análisis identifica al Medio Oeste de Estados Unidos y a África Oriental como zonas especialmente expuestas. En el Medio Oeste, la intensificación agrícola y la pérdida de diversidad vegetal han reducido la capacidad del territorio para sostener ciclos hídricos estables. En África Oriental, la combinación de deforestación, presión demográfica y variabilidad climática agrava la dependencia de lluvias cada vez más erráticas.

En ambos casos, la creciente proporción de lluvia de origen terrestre incrementa el riesgo de sequías repentinas, incluso en años que, en promedio, no parecen especialmente secos.

Implicaciones para la seguridad alimentaria global

Desde una perspectiva global, estos hallazgos tienen implicaciones directas para la seguridad alimentaria. A medida que el cambio climático altera los patrones de precipitación, entender el origen de la lluvia se vuelve crucial para anticipar crisis agrícolas.

Los investigadores señalan que confiar únicamente en promedios históricos de precipitación puede llevar a subestimar los riesgos reales. Dos regiones con la misma cantidad anual de lluvia pueden tener niveles de vulnerabilidad muy distintos según el origen de esa humedad.

Qué se puede hacer desde la gestión del territorio

El estudio no se limita a diagnosticar el problema, sino que también apunta posibles soluciones. Proteger y restaurar bosques, mejorar la gestión del suelo y diversificar la cobertura vegetal son estrategias clave para estabilizar los ciclos de humedad terrestre.

Prácticas como la agricultura regenerativa, la incorporación de cultivos de cobertura y la reducción de la erosión pueden aumentar la capacidad del suelo para retener agua y liberar humedad de forma más sostenida. Estas medidas no solo benefician a los cultivos, sino que también contribuyen a una mayor resiliencia climática del territorio.

Un cambio de enfoque para la planificación agrícola

Para el sector agropecuario, este nuevo conocimiento implica un cambio de enfoque. Ya no basta con analizar cuánta lluvia cae, sino de dónde proviene y qué tan estable es su aporte. Integrar esta variable en los modelos climáticos y en la planificación agrícola puede ayudar a anticipar riesgos y diseñar estrategias de adaptación más eficaces.

Desde Mundo Agropecuario, este avance científico refuerza la idea de que la agricultura y la gestión ambiental están profundamente interconectadas. La salud de los suelos y los ecosistemas no es solo una cuestión ecológica, sino un factor determinante para la productividad y la estabilidad de las cosechas.

Una advertencia y una oportunidad

La investigación deja una advertencia clara: a medida que aumenta la dependencia de lluvias generadas en tierra firme, los sistemas agrícolas se vuelven más frágiles. Pero también ofrece una oportunidad: actuar sobre el uso del suelo y la cobertura vegetal puede marcar la diferencia.

En un mundo donde el clima es cada vez más incierto, comprender estos procesos invisibles permite tomar decisiones más informadas. Proteger los paisajes que generan humedad estable no es solo una acción ambiental, sino una inversión directa en el futuro de la producción agropecuaria.

Referencias

ScienceDaily – “Crops more vulnerable when rainfall originates from land rather than ocean”
Investigaciones en climatología agrícola y ciclo hidrológico terrestre
Estudios sobre deforestación, humedad atmosférica y seguridad alimentaria


Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.


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