Las plantas que se comunican bajo tierra: el lenguaje secreto del suelo

Durante siglos, los agricultores creyeron que las plantas eran organismos silenciosos y solitarios.


Redacción Mundo Agropecuario

Se pensaba que competían ferozmente por agua, luz y nutrientes, sin ningún tipo de cooperación. Pero la ciencia moderna ha revelado una historia completamente diferente: bajo el suelo existe una red viva, compleja y sorprendentemente comunicativa, donde las plantas “hablan” entre sí mediante señales químicas y biológicas.

La red subterránea invisible

En las últimas décadas, las investigaciones en ecología del suelo han mostrado que las raíces de las plantas no están aisladas. Por el contrario, se encuentran unidas a través de un sistema subterráneo de hongos llamado micorriza, una simbiosis que conecta árboles, arbustos y cultivos a través de finos filamentos conocidos como hifas.

Este entramado, a veces denominado “Wood Wide Web”, funciona como una auténtica red biológica de comunicación y transporte de nutrientes. A través de ella, las plantas intercambian carbono, fósforo y nitrógeno, pero también mensajes de advertencia frente a ataques de plagas o condiciones adversas.

Los estudios pioneros de la ecóloga canadiense Suzanne Simard, realizados con abetos y abedules en los bosques de Columbia Británica, demostraron que los árboles “madre” pueden nutrir a los más jóvenes y enviarles señales químicas de protección. Hoy se sabe que algo similar ocurre en muchos cultivos agrícolas, incluidos el trigo, el maíz y la soja.

Mensajes químicos y cooperación vegetal

Cuando una planta sufre estrés —por sequía, falta de nutrientes o ataque de insectos— libera compuestos volátiles y señales a través del sistema micorrícico. Esas señales viajan por la red de hifas y pueden alertar a otras plantas cercanas para activar sus defensas antes de ser atacadas.

Por ejemplo, se ha observado que los cultivos de tomate y de frijol pueden “advertirse” mutuamente sobre la presencia de pulgones, activando genes de defensa antes de que los insectos lleguen. En los sistemas de cereales, la comunicación subterránea también ayuda a regular la competencia por el fósforo y el nitrógeno, equilibrando el uso de recursos.

Esta forma de cooperación rompe con la visión clásica de la agricultura industrial, donde las plantas son vistas como unidades independientes. En realidad, el suelo funciona como una comunidad interdependiente.

El papel de los microorganismos aliados

Los hongos micorrícicos no son los únicos actores de esta red. Bacterias beneficiosas —como las rizobacterias promotoras del crecimiento (PGPR)— también intervienen, amplificando las señales químicas y facilitando el intercambio de nutrientes.

Las investigaciones del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) han demostrado que inocular semillas con estas bacterias mejora la comunicación subterránea y refuerza la resistencia de los cultivos a condiciones climáticas extremas.

Asimismo, la Universidad de Wageningen (Países Bajos) ha encontrado que ciertos suelos agrícolas, tras años de monocultivo, pierden parte de esta “capacidad comunicativa”, lo que podría explicar por qué algunos campos se vuelven menos productivos con el tiempo.

Implicaciones para la agricultura del futuro

Entender cómo las plantas se comunican podría transformar el manejo agrícola. En lugar de depender exclusivamente de fertilizantes y pesticidas, los agricultores del futuro podrían cultivar suelos vivos donde la cooperación entre raíces, hongos y bacterias mantenga el equilibrio natural.

La biotecnología agrícola ya trabaja en la creación de bioinoculantes capaces de fortalecer la red micorrícica y mejorar la eficiencia en la absorción de nutrientes. De hecho, algunos programas de agricultura regenerativa promueven prácticas que no alteren esa red, como la siembra directa, el uso de cultivos de cobertura y la rotación de especies complementarias.

La naturaleza como modelo de inteligencia

Lo más fascinante de este descubrimiento es que revela una forma de inteligencia colectiva en el suelo. Las plantas, aunque no poseen cerebro, son capaces de procesar información, adaptarse y colaborar en beneficio mutuo.

El bosque y el campo, vistos desde esta perspectiva, se parecen más a una comunidad organizada que a un conjunto de individuos. Y esa visión puede ser la clave para rediseñar la agricultura hacia un modelo más sostenible, resiliente y en armonía con la vida del suelo.


Referencias

  • Simard, S. (2021). Finding the Mother Tree: Discovering the Wisdom of the Forest. Knopf Publishing.
  • University of Wageningen. “Root Communication and Soil Microbial Networks.” 2023.
  • FAO. “Microbial Interactions in Sustainable Agriculture.” 2024.
  • CIMMYT. “Mycorrhizal Networks and Soil Health in Cereal Systems.” 2022.

Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.


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