Pequeño, mediano o grande: así se clasifican los gatos domésticos según su tamaño

Aunque para la mayoría de los amantes de los gatos todos parecen tener proporciones parecidas, la ciencia muestra que también entre los felinos domésticos existen notables diferencias de tamaño.


Redacción Mundo Agropecuario

No son tan marcadas como en el mundo de los perros —donde un chihuahua y un gran danés parecen pertenecer a especies distintas—, pero sí reflejan una diversidad genética y evolutiva interesante.

Una escala de tamaño con límites naturales

Los gatos domésticos (Felis catus) se clasifican habitualmente en tres grupos según su tamaño corporal: pequeño, mediano y grande. Esta clasificación se basa principalmente en el peso y la estructura ósea, aunque el largo del cuerpo y la altura a la cruz también se toman en cuenta.

En líneas generales, los gatos pequeños pesan entre 2 y 3,5 kilogramos; los medianos, entre 3,5 y 5 kilogramos; y los grandes pueden superar los 6 kilogramos sin considerarse obesos. Sin embargo, a diferencia de los perros, las variaciones entre razas felinas son menos extremas porque la domesticación de los gatos no se orientó a tareas específicas, sino más bien a la convivencia y al control de roedores.

La biología detrás de su uniformidad

El motivo por el cual los gatos no presentan diferencias de tamaño tan radicales como los perros tiene raíces biológicas y evolutivas. Los perros proceden del lobo gris (Canis lupus), y su domesticación implicó una selección artificial intensa para adaptarse a múltiples funciones humanas —caza, pastoreo, guardia o compañía—. Esa presión selectiva modificó su morfología de manera profunda.

Los gatos, en cambio, fueron domesticados de forma mucho más reciente y menos dirigida. Provenientes del gato montés africano (Felis silvestris lybica), su relación con el ser humano se desarrolló como una asociación mutualista: ellos ofrecían control de plagas y recibían alimento y refugio. Como resultado, su variación genética no llegó a producir los cambios de tamaño que sí se observaron en los caninos.

Además, el cuerpo de un gato doméstico está diseñado para la caza sigilosa y la agilidad. Si creciera demasiado, perdería la eficiencia en el salto, el equilibrio y la coordinación, elementos esenciales para su instinto depredador. La naturaleza parece haber fijado un tamaño “óptimo” para su modo de vida.

Las razas más pequeñas y más grandes

Entre los gatos domésticos más pequeños destacan razas como el Singapura, considerado el más diminuto del mundo: los adultos pesan apenas entre 1,8 y 2,7 kilogramos. También figuran en este grupo el Cornish Rex y el Munchkin, este último con patas cortas por una mutación genética que limita su crecimiento óseo.

En el otro extremo están los gigantes domésticos. El Maine Coon, originario de Estados Unidos, puede llegar a pesar más de 9 kilogramos en los machos adultos y superar el metro de longitud de la nariz a la cola. También el Ragdoll o el Noruego del Bosque son considerados grandes, con cuerpos robustos y musculosos adaptados a climas fríos.

Estas diferencias, aunque perceptibles, no alteran la estructura anatómica esencial del felino: todos conservan una columna vertebral flexible, una musculatura potente y un equilibrio corporal que les permite moverse con una agilidad incomparable.

Alimentación y genética, factores determinantes

La alimentación y el entorno doméstico también influyen en el tamaño final del gato. Los individuos con una dieta rica en proteínas y grasas saludables tienden a desarrollar una musculatura más marcada, mientras que los gatos esterilizados o de vida sedentaria pueden acumular más grasa corporal.

La genética, sin embargo, sigue siendo el factor principal. Cada raza tiene un rango de crecimiento determinado por su herencia, aunque los cruces entre razas pueden generar híbridos con tallas intermedias o características únicas.

Por otro lado, el tamaño no necesariamente está relacionado con la salud. Un gato pequeño puede ser tan fuerte como uno grande, y un felino voluminoso no siempre está obeso. Lo importante, señalan los veterinarios, es mantener un peso adecuado dentro del rango ideal de cada tipo corporal.

Más allá del tamaño: una diversidad que fascina

Pese a su relativa uniformidad, la comunidad felina sigue siendo un ejemplo de diversidad biológica. Los gatos domésticos exhiben una gama sorprendente de colores, pelajes, ojos y temperamentos. Su tamaño moderado y su morfología equilibrada son parte del secreto de su éxito evolutivo: lo bastante grandes para cazar con eficacia y lo suficientemente pequeños para convivir en espacios humanos.

En definitiva, los gatos domésticos no necesitan una gran diferencia de tamaño para mostrar su variedad. La naturaleza y la domesticación parcial han moldeado una especie que combina elegancia, funcionalidad y equilibrio, demostrando que, a veces, la diversidad más interesante no está en la escala, sino en los matices.


Referencias
https://www.20minutos.es/animaleros/gatos/pequeno-mediano-grande-asi-se-clasifican-los-gatos-domesticos-segun-su-tamano_6662884_0.html


Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.


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