Radar Verde 21-10-25 | El nuevo mapa de sequías en América Latina: adaptación agrícola o éxodo rural


Bajada. La sequía ya no es una “anomalía” que llega cada tantos años: es un patrón más frecuente, más extenso y más caro. Entre cuencas con reservas subterráneas en mínimos, lluvias que se concentran en pocos eventos extremos y ciclos de cultivo desacompasados, el campo latinoamericano enfrenta una pregunta incómoda: adaptarse en serio o despedirse de parte de su gente y su producción. Esta es la guía de decisiones —de finca y de política pública— que separa la resiliencia del éxodo.

1) Un continente más seco… y más errático

Si uno mira el espejo grande, la película se entiende: el ciclo hidrológico se está volviendo más intenso y desigual. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) documentó en 2024–2025 un mosaico de extremos en la región: glaciares retrocediendo en los Andes, huracanes más potentes en el Caribe, incendios y sequías debilitantes que golpearon productividad agrícola y redes de agua potable. Al mismo tiempo, dos tercios de las cuencas del planeta tuvieron condiciones anómalas (demasiado secas o demasiado húmedas) el último año hidrológico, una señal de desajuste persistente. Para el productor, la traducción es simple: menos agua útil cuando más se necesita, y más agua inútil cuando todo rebalsa.

2) El “nuevo mapa” que importa al productor

No todas las sequías son iguales. En la franja tropical y subtropical americana se combinan tres capas:

  • Sequía meteorológica: menos lluvia de lo normal durante meses clave (siembra/emergencia).
  • Sequía agrícola: humedad del suelo insuficiente en el perfil donde exploran las raíces.
  • Sequía hidrológica: embalses y acuíferos que no se recuperan entre campañas.

Las capas no siempre coinciden. Un mes con tormentas intensas puede “blanquear” el indicador de lluvia, pero no recargar acuíferos ni suelos si la precipitación llega de golpe y corre por la superficie. Los monitores GRACE-FO (agua subterránea) y SPEI (sequía estandarizada) muestran esa divergencia con claridad: hay lugares con lluvias normales y, aun así, reservas bajo mínimos.

3) ¿ENSO manda? Sí, pero no solo

La transición de El Niño 2023–24 a condiciones más neutras en 2025 alivió algunos focos, pero no “reseteó” el sistema. La señal de ENSO ya no explica todo: océanos subtropicales persistentemente cálidos, suelos degradados y gestión hídrica deficitaria amplifican los daños. Para planificar siembras y riegos, el productor necesita mirar el clima estacional, sí, pero también su balance hídrico local (suelo + pozo + embalse). En términos prácticos: la parcela manda más que el pronóstico global.

4) Cinco decisiones de finca que cambian la campaña

a) Fechas y materiales de siembra por “ventanas”, no por calendario. Mueva fechas según capacidad de campo y probabilidad de evento intenso. Variedades/híbridos con vigor de arranque y raíces profundas amortiguan baches de humedad.
b) Suelo es la cisterna. Coberturas vivas (mezclas gramínea–leguminosa), rastrojos bien manejados y tráfico controlado para conservar macroporos. Cada punto de materia orgánica adicional es agua disponible y menos estrés térmico.
c) Riego: más filtración y menos fugas. Filtrado fino en cabecera (discos/mallas bien mantenidas) y telemetría barata para detectar caídas de presión y derivas; priorice goteo sectorizado y riego nocturno.
d) Rotaciones con cultivos de menor sed. En años de riesgo, abrir espacio a sorgo, mijo, leguminosas de ciclo corto o forrajes perennes que estabilicen el sistema radicular y el partido hídrico.
e) Seguro paramétrico + contrato con cláusulas hídricas. Cobertura por déficit de lluvia (índice) y contratos que ajusten toneladas y fechas si el embalse/pozo cae por debajo de umbral. La previsibilidad financiera evita malvender.

5) ¿Y la ganadería? Agua, sombra y forraje planificado

En pasturas, el binomio sombra–raíces hace la diferencia. Sistemas silvopastoriles, franjas de árboles nativos y bebederos sectorizados reducen estrés térmico y desplazamientos. Reserve bancos de forraje (sorgo/máiz forrajero o henos programados) para las tres semanas críticas del estiaje. En lechería y carne, alinee densidad animal con carga forrajera real, no con la histórica. Y registre todo: sin datos, la sequía siempre “sorprende”.

6) El costo social: del campo a la ciudad (y vuelta)

La FAO y socios regionales advierten que la exposición a extremos climáticos en América Latina impacta rendimientos, precios y, en el límite, movilidad humana: las familias rurales que encadenan dos o tres campañas malas migran —a veces temporalmente, a veces para siempre—. Es un círculo vicioso: menos gente en el campo, menos mantenimiento de acequias, menos manejo del paisaje, más riesgo. La política pública debe romper ese ciclo con ingresos puente, empleo rural y obras pequeñas (bombeo solar, reservorios comunitarios) que mantengan a la gente produciendo en su sitio.

7) Política de agua: la obra barata que evita la obra cara

Tres líneas de inversión de alto retorno:

  • Agua subterránea bien medida. Pozos con caudalímetro y monitoreo básico (nivel estático/dinámico). Si no se mide, se sobreexplota.
  • Pequeñas retenciones escalonadas. Bordos, zanjas de infiltración y micro-reservorios en cabeceras; multiplican la recarga y reducen picos de crecida.
  • Reuso seguro de agua. En periurbanos, agua regenerada con filtración adicional en parcela; manuales de riego que reduzcan riesgos sanitarios y acumulación de sales.

8) Gobernanza: del pronóstico a la decisión operativa

Los países han mejorado los servicios climáticos, pero el salto pendiente es traducir el boletín en órdenes de trabajo:

  • Boletín agroclimático comarcal con “semaforización” simple: siembra sí/no, riego sí/no, tratamientos sí/no.
  • Líneas de crédito contingente que se activan automáticamente cuando los índices de sequía pasan umbral (SPEI/GRACE).
  • Compras públicas anticíclicas: cuando el forraje escasea, el Estado compra y distribuye a precio tope —evita la especulación y el sacrificio preventivo.

9) Adaptación o éxodo: la decisión no es abstracta

La pregunta de este Radar Verde es cruda: ¿adaptamos sistemas y reglas para producir con menos agua y más incertidumbre, o aceptamos que habrá comarcas que se vacían y cadenas que se acortan? Adaptar no es solo tecnología: es instituciones que responden, mercados que no exprimen al productor y territorios que cuidan su agua como oro. Si lo hacemos, habrá campo y ciudades más seguras; si no, pagaremos el coste en alimentos caros, apagones y migración.

Cierre. No podemos controlar la lluvia, pero sí cómo la recibimos y qué hacemos cuando falta. El “nuevo mapa” de sequías no es un destino: es un tablero de decisiones. Si medimos mejor, sembramos distinto y gobernamos con datos, hay un camino claro entre dos extremos: ni resignación, ni éxodo.


Referencias

  • OMM (WMO). Extreme weather and climate impacts bite Latin America and Caribbean (28 marzo 2025). World Meteorological Organization
  • Financial Times. Two-thirds of rivers suffered abnormal conditions in hottest year, says WMO (sept. 2025, síntesis del informe hídrico). Financial Times
  • FAO. New UN Report: 74 percent of Latin American and Caribbean countries are highly exposed to extreme weather events (27 ene 2025). FAOHome
  • Banco Mundial. Food Security Update (mayo–sept. 2025; choques climáticos como motor de inseguridad alimentaria). Documentos Públicos del Banco Mundial+1
  • NASA/NDMC. GRACE Groundwater & Soil Moisture Drought Indicators (actualizaciones semanales; mapas de América del Sur). nasagrace.unl.edu+1
  • CSIC. SPEI Global Drought Monitor (seguimiento mensual de sequía). spei.csic.es
  • OMM. Global Seasonal Climate Update (son/ond 2025: señal ENSO y precipitaciones). World Meteorological Organization+1

Abel Bolivar es colaborador destacado de Mundo Agropecuario

Este trabajo fue enviado por el autor o autores para Mundo Agropecuario , en caso que se desee reproducir le agradecemos se destaque el nombre del autor o autores y el de Mundo Agropecuario


Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.


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