Colombia retoma el uso de glifosato en la lucha contra los cultivos ilícitos y reabre un debate agrario y ambiental


El herbicida vuelve al centro de una estrategia estatal frente al narcotráfico con implicaciones para el campo y el medio ambiente


Redacción Mundo Agropecuario

La lucha contra los cultivos ilícitos ha sido, durante décadas, uno de los desafíos más complejos para los gobiernos de Colombia. A pesar de los múltiples enfoques aplicados —desde programas de sustitución voluntaria hasta operaciones de erradicación manual— los resultados han sido desiguales y, en muchos casos, insuficientes. En este contexto, el país ha decidido recuperar una herramienta que llevaba años fuera del arsenal oficial: el uso del glifosato como medio para eliminar plantaciones ilegales vinculadas al narcotráfico.

La decisión marca un punto de inflexión en la política antidrogas y vuelve a situar al glifosato en el centro de un debate que trasciende lo policial. El herbicida, ampliamente utilizado en la agricultura convencional, plantea interrogantes sobre su impacto ambiental, su relación con la producción agraria legal y las consecuencias sociales en las zonas rurales donde se concentran los cultivos ilícitos.

Un regreso polémico a una estrategia conocida

El uso del glifosato en la erradicación de cultivos ilegales no es una novedad en Colombia. Durante años, esta sustancia fue empleada como parte de una estrategia de fumigación aérea, especialmente en regiones de difícil acceso. Sin embargo, su utilización fue suspendida tras intensos debates políticos, sociales y judiciales relacionados con sus posibles efectos sobre la salud humana, los ecosistemas y los cultivos lícitos.

Ahora, el gobierno colombiano ha decidido volver a recurrir a este herbicida, en un intento por reforzar la lucha contra el narcotráfico ante la persistencia y expansión de las plantaciones ilegales. La medida se presenta como una respuesta a la limitada eficacia de otras estrategias y al carácter estructural del problema de las drogas.

El glifosato y su doble rostro en el mundo agrario

El glifosato es uno de los fitosanitarios más utilizados a nivel mundial en la agricultura. Su eficacia para el control de malezas lo ha convertido en una herramienta clave para muchos sistemas productivos, especialmente en cultivos extensivos. Sin embargo, su uso también ha sido objeto de controversias científicas, regulatorias y sociales.

En el ámbito agrícola, el glifosato está asociado a debates sobre sostenibilidad, dependencia química y modelos productivos. Su reintroducción en la lucha antidrogas traslada esas discusiones al terreno de la seguridad y la política pública, donde los efectos no se limitan a los rendimientos agrícolas, sino que alcanzan a comunidades rurales y territorios completos.

El contexto del narcotráfico y la presión sobre el territorio

La persistencia de los cultivos ilícitos refleja problemas estructurales que van más allá del uso de un herbicida. En muchas regiones rurales, estas plantaciones se desarrollan en zonas con escasa presencia del Estado, limitadas oportunidades económicas y dificultades para integrar a los agricultores en circuitos legales de producción.

El regreso del glifosato se produce en un escenario donde el narcotráfico continúa ejerciendo una fuerte presión sobre el territorio, afectando tanto a la seguridad como al desarrollo agrario. Desde esta perspectiva, la erradicación química se presenta como una medida rápida, pero no necesariamente como una solución integral al problema de fondo.

Impacto potencial en la agricultura legal

Uno de los aspectos más sensibles del uso del glifosato en este contexto es su posible impacto sobre la agricultura lícita. Las zonas donde se concentran los cultivos ilícitos suelen convivir con explotaciones agrícolas legales, muchas de ellas de pequeña escala y orientadas a la subsistencia.

El empleo de herbicidas para la erradicación puede generar preocupación entre los productores legales, que temen daños colaterales en sus parcelas, afectación de suelos o contaminación de fuentes de agua. Estas inquietudes refuerzan la necesidad de evaluar cuidadosamente las condiciones de aplicación y los mecanismos de control asociados a la medida.

Debate ambiental y social reabierto

La reactivación del glifosato ha reavivado un debate ambiental que sigue vigente. Organizaciones sociales y sectores críticos advierten sobre los riesgos para la biodiversidad, los suelos y los recursos hídricos, especialmente en regiones ecológicamente sensibles.

Al mismo tiempo, el debate adquiere una dimensión social. Comunidades rurales que dependen directa o indirectamente de los cultivos ilícitos pueden verse afectadas por la erradicación química sin contar con alternativas productivas inmediatas. Este escenario plantea interrogantes sobre el equilibrio entre control estatal, protección ambiental y desarrollo rural.

Una herramienta dentro de una estrategia más amplia

Desde el enfoque gubernamental, el glifosato no se presenta como una solución única, sino como una herramienta más dentro de una estrategia antidrogas compleja. El objetivo declarado es reforzar la capacidad del Estado para reducir la superficie de cultivos ilegales, mientras se mantienen otros programas orientados al desarrollo alternativo.

No obstante, la experiencia pasada muestra que el uso del herbicida, por sí solo, no ha logrado erradicar el problema de manera definitiva. Esta constatación alimenta el debate sobre la necesidad de políticas integrales que combinen seguridad, agricultura sostenible y oportunidades económicas para las comunidades rurales.

Implicaciones para el sector agropecuario

Desde la perspectiva de Mundo Agropecuario, el retorno del glifosato en el contexto del narcotráfico tiene implicaciones que trascienden la política de seguridad. Afecta a la percepción pública de los insumos agrícolas, influye en los debates sobre modelos productivos y pone de relieve la compleja relación entre agricultura, medio ambiente y política.

El caso colombiano ilustra cómo una herramienta habitual en la agricultura puede adquirir un significado completamente distinto cuando se utiliza en un contexto de conflicto social y territorial. Para el sector agropecuario, este episodio subraya la importancia de diferenciar usos, contextos y objetivos, evitando simplificaciones que distorsionen el debate técnico.

Un debate que sigue abierto

El regreso del glifosato a la estrategia antidrogas en Colombia no cierra el debate, sino que lo intensifica. La medida plantea preguntas sobre eficacia, impactos colaterales y alternativas a largo plazo, en un país donde el problema de los cultivos ilícitos sigue siendo uno de los grandes retos nacionales.

Más allá de la coyuntura, el caso refleja la dificultad de encontrar soluciones simples a problemas complejos. En el cruce entre agricultura, medio ambiente y seguridad, el glifosato vuelve a ser protagonista de una discusión que seguirá marcando la agenda rural y política en los próximos años.

Referencias

Agrarheute. Glyphosat im Drogenkrieg: Land setzt wieder Pflanzenschutzmittel ein.
https://www.agrarheute.com/management/glyphosat-drogenkrieg-land-setzt-pflanzenschutzmittel-638343


Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.


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