Un método desarrollado en Copenhague reactiva semillas olvidadas de los bancos genéticos con potencial para la alimentación vegetal
Redacción Mundo Agropecuario
En Dinamarca, un avance en inteligencia artificial aplicada a la agricultura está permitiendo rescatar recursos genéticos que durante décadas permanecieron ocultos en los bancos de semillas. Investigadores de la Universidad de Copenhague han identificado 51 variedades antiguas de guisante que ya no se utilizan en la agricultura moderna, pero que podrían resultar especialmente valiosas para el desarrollo de alimentos de origen vegetal.
Estas variedades forman parte de enormes colecciones conservadas en bancos genéticos, auténticos “tesoros verdes” que almacenan miles de semillas recopiladas a lo largo de generaciones. El desafío histórico ha sido cómo encontrar, dentro de ese volumen masivo de material, aquellas variedades con características útiles para los retos actuales de la producción alimentaria. La nueva metodología basada en inteligencia artificial ofrece una vía rápida y eficaz para hacerlo.
Bancos de semillas: riqueza genética poco explorada
Los bancos de semillas cumplen una función estratégica en la agricultura global. Conservan la diversidad genética de los cultivos, incluyendo variedades antiguas que dejaron de cultivarse por cambios en los sistemas productivos o en las preferencias del mercado. En el caso del guisante, muchas de estas variedades fueron desplazadas por otras más uniformes o más fáciles de manejar a gran escala.
Sin embargo, estas semillas antiguas no han perdido su valor. Al contrario, pueden albergar rasgos que hoy resultan especialmente relevantes, como características funcionales para la alimentación basada en plantas. El problema ha sido identificar cuáles merecen ser estudiadas y reintroducidas, una tarea que tradicionalmente requería años de ensayos y evaluaciones.
Inteligencia artificial como atajo científico
El equipo danés ha desarrollado un método que utiliza inteligencia artificial para analizar grandes volúmenes de datos asociados a las colecciones de semillas. En lugar de evaluar cada variedad de forma individual y manual, el sistema identifica patrones y características prometedoras, permitiendo seleccionar un subconjunto reducido de variedades con alto potencial.
Gracias a este enfoque, los investigadores han logrado redescubrir 51 variedades de guisante que habían quedado fuera de la agricultura contemporánea. El proceso no solo acelera la investigación, sino que optimiza el uso de recursos científicos, concentrando esfuerzos en materiales genéticos con mayores probabilidades de éxito.
El valor del guisante en la transición alimentaria
El guisante ocupa un lugar destacado en la transición hacia dietas con mayor presencia de proteínas vegetales. Es una leguminosa ampliamente utilizada en productos alternativos a la carne y a los lácteos, debido a su perfil nutricional y a su versatilidad tecnológica.
Las variedades antiguas identificadas podrían aportar cualidades específicas para este tipo de alimentos, como texturas, propiedades funcionales o adaptaciones agronómicas que no están presentes en las variedades comerciales actuales. En este sentido, la recuperación de material genético olvidado se convierte en una herramienta para diversificar y fortalecer la base de la producción vegetal.
Redescubrir el pasado para responder al futuro
El uso de inteligencia artificial no crea nuevas semillas, sino que permite mirar con otros ojos lo que ya existe. Las colecciones de los bancos genéticos representan décadas, e incluso siglos, de selección y adaptación agrícola. El método desarrollado en Dinamarca actúa como un puente entre ese legado y las necesidades actuales de la agroindustria.
Este enfoque resulta especialmente relevante en un contexto de cambio climático y transformación de los sistemas alimentarios. La capacidad de identificar rápidamente recursos genéticos útiles puede marcar la diferencia a la hora de desarrollar cultivos más adaptados a nuevas demandas productivas y de consumo.
De la conservación a la aplicación práctica
Uno de los aspectos más destacados del avance es su potencial para transformar el papel de los bancos de semillas. Tradicionalmente vistos como espacios de conservación pasiva, ahora pueden convertirse en fuentes activas de innovación agrícola.
La inteligencia artificial permite pasar de la simple preservación a la reactivación de variedades con aplicaciones concretas. En el caso de los guisantes, esto significa ampliar el abanico de opciones disponibles para agricultores, industria alimentaria y consumidores, sin necesidad de introducir especies nuevas ni recurrir a fuentes externas.
Implicaciones para la investigación agrícola
El método desarrollado por la Universidad de Copenhague no se limita a un solo cultivo. Su lógica puede aplicarse a otras colecciones de semillas y a distintos tipos de plantas. Esto abre la puerta a una nueva forma de explorar la diversidad genética existente, aprovechando tecnologías digitales para resolver cuellos de botella históricos en la investigación agrícola.
Además, el uso de inteligencia artificial reduce el tiempo necesario para convertir datos almacenados en conocimiento útil. En lugar de décadas de pruebas, los investigadores pueden identificar candidatos prometedores en plazos mucho más cortos, acelerando la innovación en el sector agropecuario.
Agricultura, datos y sostenibilidad
El redescubrimiento de variedades antiguas mediante herramientas digitales pone de relieve la creciente convergencia entre agricultura y tecnología. La sostenibilidad no depende solo de prácticas de manejo, sino también de la capacidad de utilizar de forma inteligente los recursos genéticos disponibles.
Al revalorizar semillas olvidadas, el enfoque danés contribuye a una agricultura más diversa y resiliente. Esta diversidad genética es clave para enfrentar desafíos futuros, desde cambios en el clima hasta transformaciones en los hábitos alimentarios.
Un nuevo papel para la inteligencia artificial en el campo
La experiencia de Dinamarca muestra que la inteligencia artificial puede desempeñar un papel estratégico más allá de la automatización o la predicción de rendimientos. En este caso, actúa como una herramienta de descubrimiento, capaz de revelar oportunidades ocultas en colecciones que ya existen.
El rescate de 51 variedades antiguas de guisante demuestra que la innovación agrícola no siempre implica mirar hacia adelante, sino también saber mirar atrás con nuevas herramientas. En los bancos de semillas, la historia de la agricultura guarda respuestas que la tecnología actual comienza a descifrar.
Referencias
University of Copenhagen
Phys.org
Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.
