La reintroducción controlada de fauna nativa permite que tierras abandonadas vuelvan a retener agua y recuperar fertilidad
Redacción Mundo Agropecuario
Durante décadas, extensas áreas agrícolas abandonadas fueron consideradas suelos muertos: terrenos compactados, con baja fertilidad, escasa retención de agua y prácticamente incapaces de sostener vegetación funcional. Sin embargo, proyectos recientes de reintroducción controlada de grandes herbívoros nativos están mostrando un cambio profundo y medible en estos paisajes. Años después de iniciar las experiencias, los suelos comienzan a retener agua, recuperar fertilidad y reorganizar ecosistemas completos, con impactos ambientales que se esperan sean plenamente cuantificables para 2026.
Los resultados, monitoreados en varios países, indican que la fauna herbívora cumple un papel estructural en la dinámica del suelo y la vegetación, revirtiendo procesos de degradación que parecían irreversibles tras largos periodos de abandono agrícola.
El problema de las tierras agrícolas abandonadas
El abandono prolongado de tierras agrícolas suele dejar una herencia compleja. Sin manejo adecuado, los suelos pierden estructura, se compactan y reducen su capacidad de infiltración y almacenamiento de agua. La escasez de cobertura vegetal agrava la erosión y limita el retorno espontáneo de comunidades vegetales diversas.
En estos escenarios, la recuperación natural puede tardar décadas o no producirse en absoluto. La ausencia de perturbaciones biológicas clave —como el pastoreo— impide que el suelo recupere porosidad y actividad orgánica, dos factores esenciales para su funcionalidad.
El rol ecológico de los grandes herbívoros
Los grandes herbívoros nativos desempeñan funciones ecológicas que van mucho más allá del consumo de plantas. Su movimiento constante, el pisoteo, la dispersión de semillas y el aporte de materia orgánica a través de excretas contribuyen a modificar la estructura del suelo y a estimular procesos biológicos.
En los proyectos analizados, la reintroducción fue planificada y monitoreada, con densidades y tiempos de permanencia ajustados para evitar sobrepastoreo. Este manejo permitió recrear dinámicas similares a las que existían antes de la intensificación agrícola y la desaparición de la megafauna local.
Cómo cambia el suelo tras la reintroducción
Uno de los resultados más consistentes observados es la mejora en la retención de agua. El tránsito de los animales rompe capas superficiales compactadas y favorece la formación de microcanales que facilitan la infiltración. Al mismo tiempo, el incremento de materia orgánica mejora la capacidad del suelo para almacenar humedad.
Con más agua disponible, se crea un círculo virtuoso: la vegetación se establece con mayor facilidad, las raíces estabilizan el terreno y aumentan la actividad microbiana, lo que a su vez impulsa la recuperación de la fertilidad.
Recuperación de la vegetación y reorganización del ecosistema
A medida que el suelo mejora, la vegetación funcional comienza a expandirse. No se trata solo de un aumento en la cobertura verde, sino de una reorganización progresiva del ecosistema, con mayor diversidad de especies y estructuras vegetales más complejas.
El pastoreo controlado evita la dominancia de unas pocas plantas y crea mosaicos de hábitat que benefician a otros organismos. Con el tiempo, estas interacciones favorecen la estabilidad ecológica y reducen la vulnerabilidad frente a eventos extremos, como sequías o lluvias intensas.
Evidencias monitoreadas y proyecciones a 2026
Los proyectos citados incluyen monitoreos sistemáticos del suelo, la vegetación y el balance hídrico. Los datos recopilados muestran tendencias claras de mejora tras varios años de presencia de grandes herbívoros, con impactos ambientales mensurables que se consolidarán en el corto plazo.
Según los responsables de las iniciativas, para 2026 se espera contar con evaluaciones completas que confirmen la magnitud de la recuperación en términos de agua retenida, carbono orgánico del suelo y capacidad productiva potencial.
Implicaciones para la gestión agropecuaria
Aunque estas tierras no siempre vuelven a la agricultura convencional, la experiencia ofrece lecciones valiosas para la gestión agropecuaria. Integrar fauna herbívora —o prácticas que imiten sus efectos— puede ser una estrategia eficaz para restaurar suelos degradados y mejorar su resiliencia.
La reintroducción controlada demuestra que la naturaleza puede ser una aliada en la recuperación de terrenos improductivos, reduciendo la necesidad de intervenciones costosas y de alto impacto.
Una alternativa a la restauración convencional
A diferencia de métodos basados en maquinaria pesada o enmiendas químicas, el uso de herbívoros nativos actúa de forma gradual y sistémica. El proceso es más lento, pero tiende a generar resultados más duraderos al reconstruir funciones ecológicas fundamentales.
Este enfoque también permite reutilizar tierras abandonadas sin forzar su conversión inmediata, ofreciendo un camino intermedio entre la conservación estricta y la explotación intensiva.
Relevancia frente al cambio climático
La capacidad de los suelos restaurados para retener agua adquiere especial importancia en un contexto de cambio climático, donde la irregularidad de las precipitaciones pone en riesgo la producción y los ecosistemas. Suelos más porosos y ricos en materia orgánica amortiguan los extremos hídricos y contribuyen a la adaptación del territorio.
Además, la recuperación de la fertilidad y de la vegetación implica una mayor captura de carbono, reforzando el papel de estas iniciativas en la mitigación climática.
Un cambio de paradigma en la recuperación de suelos
La experiencia documentada sugiere un cambio de paradigma: en lugar de intentar “reparar” el suelo únicamente con tecnología externa, se apuesta por restaurar procesos ecológicos que lo mantuvieron funcional durante milenios. Los grandes herbívoros, lejos de ser un problema, se revelan como ingenieros del ecosistema.
Este enfoque no es universal ni aplicable sin adaptación, pero ofrece una referencia sólida para repensar la gestión de tierras degradadas en distintas regiones.
Naturaleza como motor de restauración productiva
La reintroducción de grandes herbívoros nativos en antiguos desiertos agrícolas demuestra que la recuperación del suelo es posible cuando se reactivan las interacciones adecuadas entre fauna, suelo y vegetación. Años después del inicio de los proyectos, los terrenos antes improductivos comienzan a retener agua, sostener vida y recuperar funciones clave.
Estas experiencias aportan evidencia de que la restauración ecológica puede ir de la mano de una visión productiva a largo plazo, donde la salud del suelo vuelve a ocupar el centro de la estrategia territorial.
Referencias
- Artículo original: “Los antiguos desiertos agrícolas recibieron grandes herbívoros nativos y, unos años más tarde, los suelos previamente muertos comenzaron a retener agua”, Click Petróleo e Gas, enero de 2026.
Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.
