El poder oculto bajo nuestros pies
🖋️ Redacción Mundo Agropecuario
Bajo cada campo cultivado, en la delgada frontera entre la raíz y la tierra, existe una red viva que respira, se alimenta y trabaja en silencio. Son los hongos micorrícicos, microorganismos del suelo que forman asociaciones simbióticas con las raíces de las plantas. Durante años se conocieron por su capacidad para mejorar la absorción de nutrientes y fortalecer los cultivos. Hoy, sin embargo, la ciencia les está otorgando un papel mucho más trascendente: podrían convertirse en una herramienta clave para frenar el cambio climático.
Un nuevo estudio liderado por la Universidad de Texas y publicado en Nature Microbiology revela que ciertos tipos de hongos del suelo son capaces de capturar y almacenar carbono durante siglos, superando incluso la eficiencia de los bosques o los suelos sin actividad fúngica. Este descubrimiento redefine el papel de la microbiología del suelo en la mitigación del calentamiento global.
La red subterránea del carbono
Los investigadores analizaron más de 2.000 muestras de suelos agrícolas, forestales y praderas naturales en tres continentes. Descubrieron que los hongos micorrícicos arbusculares —especialmente abundantes en ecosistemas agrícolas— secuestran carbono orgánico en sus paredes celulares y lo retienen durante décadas, incluso después de morir.
A diferencia de las bacterias del suelo, que reciclan rápidamente el carbono, los hongos almacenan ese elemento en una molécula llamada glomalina, una sustancia resistente que actúa como una especie de “cemento” biológico. Este material no solo estabiliza los agregados del suelo, sino que también reduce la liberación de CO₂ a la atmósfera.
Según los autores, esta capacidad convierte a los hongos en un reservorio de carbono subterráneo que podría jugar un papel decisivo en los modelos climáticos y en las estrategias de agricultura regenerativa.
Agricultura regenerativa y hongos beneficiosos
El hallazgo coincide con el auge de las prácticas agrícolas sostenibles. En distintas partes del mundo, productores están experimentando con técnicas que fomentan la vida microbiana del suelo: rotación de cultivos, reducción del arado, uso de abonos orgánicos y siembra directa. Estas prácticas no solo mejoran la fertilidad, sino que también favorecen el desarrollo de comunidades fúngicas saludables.
“El suelo no es un simple sustrato; es un ecosistema vivo”, explican los autores del estudio. “Cada micelio fúngico es una autopista de carbono y nutrientes que conecta a las plantas y almacena parte de su respiración en forma sólida”.
Los hongos micorrícicos ayudan a las raíces a absorber fósforo y nitrógeno, mientras reciben azúcares producidos por la fotosíntesis. En este intercambio, una fracción del carbono queda atrapada en el suelo, lo que reduce la huella de carbono del sistema agrícola.
Una estrategia natural contra el cambio climático
El potencial climático de estos hongos es enorme. Según las estimaciones del equipo de investigación, incrementar en un 10 % la actividad micorrícica global podría capturar hasta 13 gigatoneladas adicionales de carbono cada año, el equivalente a casi un tercio de las emisiones mundiales de CO₂ derivadas de los combustibles fósiles.
Este dato ha despertado interés entre científicos del clima, agrónomos y empresas agrícolas que buscan compensar sus emisiones a través de prácticas naturales. Sin embargo, los investigadores advierten que los hongos no son una solución mágica: su efectividad depende de las condiciones del suelo, el tipo de cultivo y el manejo agrícola.
Las prácticas intensivas —como el uso excesivo de fertilizantes químicos o el laboreo profundo— destruyen las redes micorrícicas y reducen su capacidad de almacenar carbono. Por ello, el desafío consiste en reconstruir la biología del suelo para aprovechar plenamente este proceso natural.
El futuro de la agricultura biológica
El estudio de la Universidad de Texas abre la puerta a una nueva línea de innovación agrícola: el diseño de inoculantes fúngicos personalizados para diferentes tipos de suelos y cultivos. Estos inoculantes podrían actuar como “biofertilizantes de carbono”, capaces de mejorar la productividad y la sostenibilidad al mismo tiempo.
Ya existen empresas emergentes que desarrollan mezclas de hongos micorrícicos adaptadas a cultivos específicos, como el maíz, la soja o el trigo. Su aplicación podría convertirse en un estándar de la agricultura regenerativa en las próximas décadas.
El mensaje científico es claro: proteger y restaurar los hongos del suelo es tan importante como plantar árboles. Ambos procesos forman parte del mismo ciclo de carbono, y ambos son esenciales para mantener la estabilidad climática y ecológica del planeta.
La revolución agrícola del siglo XXI podría no venir del cielo ni de la superficie, sino del mundo oculto bajo nuestros pies.
Referencias
- ScienceDaily (2025). Soil Fungi Found to Be Key Players in Long-Term Carbon Storage.
- University of Texas, Department of Integrative Biology.
- Nature Microbiology (2025). Mycorrhizal Fungi as Carbon Reservoirs in Agricultural and Natural Ecosystems.
- FAO. Regenerative Agriculture and Soil Carbon Sequestration (2024).
Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.
