Irán se hunde en la peor sequía de su historia reciente: granjas que colapsan y familias obligadas a desplazarse

Seis años consecutivos de crisis hídrica y temperaturas superiores a 50 °C devastan al sector agrícola y empujan a millones de personas a abandonar sus hogares


Redacción Mundo Agropecuario

Irán atraviesa una de las peores crisis ambientales y agrícolas de su historia contemporánea. Según la información presentada por El País, el país sufre su sexto año consecutivo de sequía extrema, agravada por olas de calor que han elevado las temperaturas por encima de 50 °C en varias regiones. Este escenario, impulsado tanto por la variabilidad climática como por décadas de mala gestión del agua, ha llevado al colapso de miles de granjas, la pérdida acelerada de medios de vida rurales y el desplazamiento interno de familias enteras que ya no encuentran cómo sostener la producción agrícola o garantizar su abastecimiento diario de agua.

La crisis no solo afecta a los agricultores, sino a todo el tejido social del país: comunidades completas dependen de cosechas y fuentes hídricas que hoy se encuentran al borde del agotamiento. La combinación de estrés térmico, infraestructuras deterioradas y una política hídrica insuficiente ha convertido la sequía en una emergencia nacional de carácter estructural.

Un país que se calienta más rápido que su capacidad de adaptarse

El extremo calor que se ha registrado en Irán en los últimos años ha intensificado la evaporación de ríos, lagos y embalses. Las imágenes del Lago Urmía prácticamente seco se han convertido en un símbolo de la crisis hídrica, pero la situación se repite en otras cuencas que antes eran fundamentales para el riego agrícola.

El artículo de El País resalta que, en varias zonas del país, los agricultores observan cómo los pozos que durante décadas fueron su principal fuente de agua hoy apenas producen un hilo, o han colapsado por completo. Al mismo tiempo, las represas no logran retener agua suficiente para satisfacer las necesidades de riego y consumo humano.

En regiones agrícolas clave, como Juzestán o Sistán y Baluchistán, la temperatura habitual del verano supera fácilmente los 45 °C, pero en los últimos años se han registrado picos que rebasan los 50 °C. Estas condiciones extremas no solo comprometen la capacidad de los cultivos para crecer, sino que deterioran la salud del ganado y ponen en riesgo la integridad física de las comunidades rurales.

Agricultura al borde del colapso: campos abandonados y cosechas fallidas

El sector agrícola, que emplea a millones de iraníes y sostiene a buena parte de las zonas rurales, ha sido golpeado de manera directa y devastadora. Sequías prolongadas han forzado a numerosos productores a reducir drásticamente la superficie cultivada, cambiar de cultivos o abandonar sus tierras.

Los cultivos de trigo, cebada, pistacho, azafrán y algodón —todos estratégicos para la economía local— han registrado pérdidas notables. Muchas explotaciones ganaderas han debido sacrificar animales por falta de agua y forraje. El deterioro de los pastizales ha aumentado los costos de producción y reducido la capacidad de regeneración natural de los ecosistemas.

Para El País, la situación es tan crítica que algunas familias han quedado completamente endeudadas tras varios años sin cosechas viables. Los bancos rurales, que solían otorgar créditos para insumos básicos, ahora dudan en financiar explotaciones que consideran insostenibles bajo el clima actual.

Un éxodo silencioso: familias desplazadas por la sequía

La intensificación de la crisis ha provocado un fenómeno creciente: el desplazamiento interno. Miles de iraníes han abandonado sus pueblos para trasladarse a ciudades donde esperan encontrar mejores condiciones de vida o acceso más estable al agua.

Este desplazamiento, aunque menos visible que el provocado por conflictos armados, tiene impactos profundos. Comunidades rurales pierden su población activa, disminuye la mano de obra agrícola y los centros urbanos se ven presionados por la llegada de familias que requieren alojamiento, empleo y servicios básicos.

Las autoridades locales han alertado que, de continuar la tendencia actual, algunas regiones podrían quedar prácticamente despobladas, lo que generaría nuevos desequilibrios sociales y económicos.

La gestión del agua, en el centro del debate nacional

Si bien el cambio climático ha intensificado la sequía, múltiples expertos subrayan que la crisis también es resultado de décadas de mala gestión hídrica, políticas de extracción excesiva y falta de planificación sostenible.

Entre los problemas más señalados se encuentran:

  • construcción de represas que modificaron el flujo natural de los ríos,
  • expansión descontrolada de cultivos de alto consumo hídrico,
  • perforación masiva de pozos sin regulación estricta,
  • deterioro de infraestructuras de riego y redes urbanas.

El artículo destaca que agricultores y autoridades locales coinciden en que la única solución real implica reestructurar la política nacional del agua, modernizar el riego, reducir pérdidas por filtraciones y promover cultivos más resistentes y de menor demanda hídrica.

Las medidas de adaptación avanzan, pero no a la velocidad necesaria

El gobierno iraní ha anunciado diversos planes de acción para enfrentar la crisis: programas de ahorro urbano, modernización de sistemas de riego, incentivos para agricultura de bajo consumo y proyectos de desalinización. Sin embargo, la magnitud de la emergencia supera las capacidades actuales.

En el sector agrícola, algunas iniciativas intentan promover técnicas como:

Aunque estas soluciones están alineadas con estrategias internacionales aplicadas en regiones áridas, su adopción avanza lentamente debido a obstáculos financieros, falta de capacitación técnica y contextos económicos restrictivos.

Un futuro incierto para el campo iraní

El panorama descrito por El País muestra a un país atrapado entre condiciones climáticas que se agravan y un modelo agrícola que no logra adaptarse a tiempo. Mientras las granjas agonizan y las familias continúan desplazándose, la crisis hídrica se convierte en un desafío existencial para la seguridad alimentaria y la estabilidad rural de Irán.

Sin una estrategia integral que combine gestión hídrica eficiente, modernización agrícola y resiliencia climática, millones de personas seguirán expuestas a la incertidumbre. La sequía, lejos de ser un episodio transitorio, se ha consolidado como un componente permanente del paisaje iraní, y exige respuestas estructurales para evitar un deterioro aún mayor del tejido agroproductivo del país.

Referencias

El País. Granjas que agonizan y familias desplazadas: la sequía en Irán afecta a millones de personas.
Autores y referencias adicionales citados en el artículo original.



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