Una revisión científica reciente destaca que ampliar la base genética del trigo es fundamental para enfrentar sequías, lluvias extremas y variaciones de temperatura cada vez más frecuentes.
Redacción Mundo Agropecuario
El cambio climático está transformando las condiciones agrícolas a un ritmo sin precedentes. Las sequías prolongadas, las lluvias torrenciales y las bruscas oscilaciones térmicas amenazan directamente la producción mundial de trigo, uno de los pilares de la alimentación humana. Sin embargo, un nuevo análisis científico publicado por Babalola y colaboradores (2025) sugiere que la diversidad genética puede ser la herramienta más eficaz para fortalecer la resiliencia del trigo ante los extremos climáticos.
El estudio, difundido por BW Agrar, examina los avances en la investigación genómica y el mejoramiento vegetal del trigo (Triticum aestivum), mostrando cómo la variabilidad genética puede servir como un escudo natural frente a condiciones ambientales adversas. La conclusión es clara: sin diversidad, no hay adaptación posible.
El valor de la variabilidad genética
Durante décadas, los programas de mejoramiento agrícola se enfocaron en maximizar los rendimientos, reduciendo la variabilidad genética a favor de la uniformidad. Esta homogeneización ha dejado a muchos cultivos más vulnerables a las plagas, enfermedades y cambios bruscos del clima.
Los investigadores destacan que recuperar y aprovechar la diversidad genética contenida en variedades antiguas, especies silvestres y bancos de germoplasma es esencial para crear nuevas líneas de trigo con rasgos de tolerancia a la sequía, resistencia al calor o estabilidad en su rendimiento frente a lluvias intensas.
El trigo frente al desafío climático
El trigo es especialmente sensible a las temperaturas elevadas durante la floración y el llenado del grano, periodos críticos para el rendimiento. El aumento de solo unos grados puede reducir significativamente la producción. Sin embargo, ciertas variedades tradicionales y especies emparentadas —como el trigo duro o el trigo einkorn— poseen genes que les permiten soportar condiciones extremas.
Mediante técnicas de genómica comparativa, edición genética y selección asistida por marcadores, los científicos están identificando los genes responsables de la tolerancia al calor y al estrés hídrico, con el fin de transferirlos a las variedades comerciales modernas. Este enfoque promete acelerar el desarrollo de trigos adaptados a los nuevos escenarios climáticos sin sacrificar productividad ni calidad.
Diversidad como estrategia de sostenibilidad
La investigación subraya que mantener la diversidad genética no solo protege la producción, sino que también refuerza la seguridad alimentaria mundial. La diversificación de los cultivos en el campo, el uso de mezclas varietales y la rotación de semillas locales pueden mejorar la capacidad de los agricultores para enfrentar crisis climáticas sin depender exclusivamente de insumos externos.
Además, el estudio resalta el papel de los bancos de semillas y las redes internacionales de investigación, que conservan miles de accesiones de trigo procedentes de distintas regiones del mundo. Estas colecciones son una fuente invaluable de genes que podrían determinar la supervivencia de los cultivos en el futuro.
Hacia un nuevo paradigma agrícola
El mensaje de los investigadores es inequívoco: la adaptación climática del trigo no depende únicamente de la tecnología, sino de reconectar la agricultura moderna con la diversidad natural. Apostar por la variabilidad genética significa construir sistemas agrícolas más robustos, sostenibles y preparados para los retos ambientales del siglo XXI.
Referencia: Basado en el artículo publicado por BW Agrar (2025): https://www.bwagrar.de/article-8286867-162925/genetische-vielfalt-als-schluessel-fuer-klimaresistenten-weizen-.html
Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.
