Investigadores de Stanford y la Universidad de California advierten que la agricultura mundial es más vulnerable de lo que se pensaba ante los cambios en las precipitaciones
Redacción Mundo Agropecuario
El agua que cae sobre los cultivos no siempre viene del océano. Una parte importante de las lluvias que alimentan los campos agrícolas se genera en tierra firme, reciclada por los bosques, los suelos y las plantas a través de la evaporación y la transpiración. Pero esa interdependencia tiene un riesgo: cuando los ecosistemas se degradan, la agricultura pierde una fuente esencial de humedad atmosférica.
Un nuevo estudio de la Universidad de Stanford y la Universidad de California en San Diego, publicado en Nature Water y reseñado por Phys.org, es uno de los primeros análisis globales que rastrea el origen de las lluvias que sustentan los principales cultivos del mundo. Utilizando modelos físicos y datos satelitales, los investigadores mapearon de dónde procede la humedad que llega a las tierras agrícolas: si del océano o de la tierra.
Los resultados son reveladores: las regiones que dependen más del agua reciclada por el suelo y la vegetación son también las más vulnerables a la sequía.
El ciclo invisible del agua continental
A través de un sofisticado modelo climático, el equipo científico logró determinar qué porcentaje de la lluvia que cae sobre las zonas agrícolas proviene de la evapotranspiración terrestre. En regiones como el Medio Oeste de Estados Unidos, el sur de África y amplias zonas de Asia, gran parte del agua de lluvia no procede del océano, sino de la humedad generada por la propia vegetación continental.
Esto significa que cuando la cubierta vegetal se reduce por deforestación, sobreexplotación o sequías previas, la atmósfera retiene menos humedad y las lluvias se debilitan, iniciando un círculo vicioso que pone en riesgo los cultivos.
Los investigadores explican que este proceso, conocido como reciclaje de la precipitación, es esencial para mantener los rendimientos agrícolas, especialmente en sistemas de secano que no dependen del riego artificial.
Dependencia peligrosa de la humedad terrestre
El estudio demuestra que aproximadamente el 40 % del agua de lluvia utilizada por los cultivos proviene de fuentes continentales. En algunas regiones interiores, como el centro de Eurasia o el cinturón maicero estadounidense, esa cifra supera el 60 %.
Este hallazgo tiene implicaciones directas para la planificación agrícola y la gestión del agua. Cuanto mayor sea la dependencia de la humedad terrestre, mayor será el impacto de la degradación ambiental en la seguridad alimentaria. Si los bosques, humedales o pastizales que reciclan la humedad se pierden, el riesgo de sequía y de caída del rendimiento de los cultivos aumenta exponencialmente.
Los científicos advierten que los sistemas agrícolas que dependen del reciclaje hídrico necesitan estrategias integrales de conservación del suelo y la vegetación para evitar la pérdida de lluvia local.
Regiones críticas y riesgo de sequía
El análisis global identificó varias zonas críticas donde la vulnerabilidad agrícola es alta. En el Medio Oeste estadounidense, el maíz y la soja sufren directamente los efectos de las interrupciones en el ciclo hidrológico continental. En el sur de África, los sistemas agrícolas dependen de ecosistemas boscosos y sabanas que regulan la humedad atmosférica.
En Asia oriental y meridional, la expansión agrícola y la deforestación han modificado los patrones de reciclaje de la lluvia, reduciendo la disponibilidad de agua para los arrozales y otros cultivos básicos.
La investigación también resalta que los países con menor acceso a irrigación o con suelos degradados enfrentan un riesgo mayor de pérdidas de rendimiento cuando el reciclaje de la humedad se interrumpe.
Bosques y suelos, aliados del clima agrícola
Los autores del estudio subrayan que conservar la vegetación natural —especialmente los bosques y humedales situados aguas arriba de las zonas agrícolas— es tan importante como construir sistemas de riego. Estos ecosistemas funcionan como “bombas de agua” naturales, liberando vapor hacia la atmósfera que luego regresa en forma de lluvia.
La pérdida de esa función ecológica podría agravar los impactos del cambio climático, provocando una disminución progresiva de las precipitaciones y una mayor frecuencia de sequías.
Por ello, los investigadores recomiendan integrar la gestión del territorio y la conservación forestal dentro de las políticas agrícolas y de seguridad alimentaria, tanto a nivel nacional como internacional.
Implicaciones para el futuro agrícola global
Este estudio redefine la comprensión del ciclo del agua en la agricultura. Revela que la frontera entre la meteorología y la ecología es más difusa de lo que se creía: la lluvia no solo “cae del cielo”, también depende de cómo usamos la tierra.
Las estrategias de adaptación al cambio climático deberán incluir medidas para proteger los ecosistemas que reciclan la humedad atmosférica, restaurar suelos degradados y promover prácticas agrícolas regenerativas. Solo así será posible mantener la estabilidad del ciclo hídrico que sostiene la producción de alimentos en el planeta.
Referencias
Phys.org. Q&A: Where rainfall for crops really comes from—and what that means for drought risk. Publicado en noviembre de 2025. Disponible en: https://phys.org/news/2025-11-qa-rainfall-drought-crops.html
Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.
