Un nuevo estudio revela que los sistemas agrícolas orgánicos no siempre mejoran la calidad del suelo en comparación con los métodos convencionales, desafiando creencias arraigadas sobre sostenibilidad
Redacción Mundo Agropecuario
La agricultura orgánica ha ganado un lugar destacado en el debate global sobre sostenibilidad. Productores, consumidores y científicos la promueven como una alternativa más respetuosa con el medio ambiente, capaz de mejorar la salud del suelo, reducir el uso de productos químicos y fomentar la biodiversidad. Sin embargo, un reciente estudio publicado por investigadores estadounidenses ofrece una visión más matizada: no todos los sistemas orgánicos logran necesariamente un suelo más sano que los métodos convencionales, al menos en ciertos tipos de cultivos como los huertos frutales.
Los resultados sugieren que la calidad del suelo depende tanto del manejo ecológico como del contexto climático, el tipo de cultivo y la frecuencia de las prácticas agrícolas, lo que obliga a replantear algunas ideas simplificadas sobre los beneficios universales de la producción orgánica.
El auge de la agricultura orgánica y su promesa ambiental
La expansión del sector orgánico es uno de los fenómenos más notables en la agricultura contemporánea. En las últimas dos décadas, millones de hectáreas en todo el mundo han sido convertidas a sistemas de producción ecológica, impulsadas por una demanda creciente de alimentos libres de agroquímicos y por políticas que incentivan prácticas sostenibles.
Estos sistemas se basan en principios como el uso de abonos naturales, rotación de cultivos, compostaje, control biológico de plagas y manejo ecológico del suelo. Su objetivo es conservar los recursos naturales y restaurar la fertilidad del suelo a largo plazo.
Pero, según los científicos, aunque el modelo orgánico presenta ventajas claras en algunos indicadores, su impacto no siempre es uniforme ni automáticamente positivo. En determinadas condiciones, los suelos de huertos orgánicos pueden mostrar niveles similares —e incluso inferiores— de ciertos parámetros biológicos respecto a los suelos manejados de manera convencional.
Un análisis en profundidad de los huertos frutales
El estudio, realizado en distintos huertos frutales del oeste de Estados Unidos, comparó las propiedades del suelo bajo manejo orgánico y convencional. Los investigadores analizaron múltiples indicadores de salud edáfica: contenido de carbono y nitrógeno, actividad microbiana, estabilidad estructural, retención de humedad y diversidad de microorganismos del suelo.
De manera sorprendente, los resultados mostraron que los suelos orgánicos no siempre superan a los convencionales. En algunos casos, las diferencias fueron mínimas o inexistentes, y en otros, ciertos parámetros —como la disponibilidad de nutrientes o la respiración microbiana— resultaron incluso más bajos en los huertos orgánicos.
Los autores señalan que estos resultados no implican que la agricultura orgánica sea menos sostenible, sino que su eficacia depende de un manejo adaptado al ecosistema local. El simple abandono de insumos químicos no garantiza, por sí solo, una mejora en la salud del suelo.
Factores que condicionan la salud del suelo
La salud del suelo es un concepto complejo que integra aspectos físicos, químicos y biológicos. Está determinada por factores como la textura, la estructura, el contenido de materia orgánica, la biodiversidad microbiana y la capacidad de retener agua y nutrientes.
En los sistemas orgánicos, la ausencia de fertilizantes sintéticos se compensa mediante compost, estiércol, residuos vegetales y rotaciones de cultivo. Sin embargo, en cultivos perennes como los frutales, estas prácticas son más difíciles de aplicar con frecuencia, y el suelo puede sufrir agotamiento de nutrientes o compactación si no se maneja adecuadamente.
El estudio detectó que, en algunos huertos orgánicos, la falta de rotación o incorporación regular de materia verde limitaba la actividad biológica del suelo. Además, los abonos naturales —aunque beneficiosos— liberan nutrientes de forma más lenta, lo que puede afectar la disponibilidad inmediata para las plantas.
Por el contrario, los huertos convencionales, aunque dependientes de fertilizantes y pesticidas, mantienen un aporte constante de nutrientes solubles y, en algunos casos, una cobertura vegetal que protege la superficie del suelo.
Microbiología del suelo: la clave invisible
Uno de los hallazgos más relevantes del trabajo fue el análisis de la microbiota edáfica. Los investigadores encontraron que los suelos orgánicos presentaban una mayor diversidad microbiana total, pero no necesariamente una mayor actividad funcional. Es decir, había más especies, pero no todas contribuían activamente al ciclo de nutrientes o a la protección de las raíces.
En algunos huertos convencionales, la combinación de riegos controlados y fertilización precisa mantenía comunidades microbianas más estables, capaces de sostener la productividad sin degradar la estructura del suelo.
Los científicos subrayan que los microorganismos son esenciales para la salud edáfica: regulan la mineralización de nutrientes, la degradación de materia orgánica y la resistencia del suelo frente a patógenos. Por tanto, entender cómo los distintos métodos agrícolas influyen en su dinámica es crucial para optimizar cualquier sistema productivo, sea orgánico o no.
Más allá del debate: hacia una agricultura integrada
El estudio invita a dejar atrás la dicotomía entre agricultura orgánica y convencional. Los autores proponen una visión integradora, basada en prácticas adaptadas al contexto ecológico y económico de cada región.
Esto implica combinar técnicas de ambos enfoques:
- Uso racional de fertilizantes naturales y sintéticos, según las necesidades del suelo.
- Implementación de coberturas vegetales vivas para reducir la erosión y mejorar la estructura.
- Aplicación de biofertilizantes y microorganismos benéficos que incrementen la resiliencia del ecosistema del suelo.
- Monitoreo continuo de la salud edáfica mediante indicadores científicos y herramientas digitales.
En palabras de los investigadores, “la verdadera sostenibilidad no depende de etiquetas, sino de decisiones informadas y adaptadas al entorno”.
El futuro de los huertos sostenibles
El desafío para los productores de frutas es lograr sistemas que equilibren productividad, calidad y conservación del suelo. En este sentido, los hallazgos del estudio abren nuevas preguntas sobre cómo medir la salud del suelo y qué prácticas son realmente eficaces a largo plazo.
La agricultura orgánica sigue siendo una herramienta valiosa para reducir el impacto ambiental, pero debe evolucionar hacia modelos más flexibles y basados en evidencia científica, que integren innovación tecnológica, manejo de microbiomas y estrategias locales de sostenibilidad.
En última instancia, la salud del suelo no depende de un rótulo agrícola, sino del respeto por sus procesos naturales y de la capacidad humana para comprenderlos y manejarlos con equilibrio.
Referencias
- Phys.org. “Soil health in orchards isn’t always better under organic management.” Noviembre de 2025. Disponible en: https://phys.org/news/2025-11-soil-health-orchards-isnt-conventional.html
- Universidad Estatal de Oregón. “Comparative Soil Microbial Health in Organic and Conventional Orchards.” Informe de investigación, 2025.
- FAO. “Suelos saludables para sistemas alimentarios sostenibles.” Documento técnico, 2024.