Un estudio revela cómo la conservación forestal impulsa la producción de alimentos y el comercio global
Redacción Mundo Agropecuario
Los bosques no solo son refugio de biodiversidad o grandes sumideros de carbono: también son fábricas de lluvia. Un nuevo estudio publicado en Nature Water y reseñado por Phys.org destaca que la producción agrícola y el comercio global dependen en gran medida de la humedad atmosférica generada por los bosques, incluso por aquellos situados a miles de kilómetros de los campos cultivados.
Los investigadores subrayan que conservar los bosques ubicados en las zonas de barlovento —es decir, en la dirección desde donde sopla el viento— es vital para mantener la estabilidad de las precipitaciones en las regiones agrícolas del planeta. Esta interdependencia, muchas veces invisible en los modelos económicos o climáticos, está resultando clave para entender los riesgos futuros en la seguridad alimentaria global.
Los bosques como fábricas de lluvia
La vegetación forestal cumple un papel esencial en el ciclo hidrológico. Los árboles absorben agua del suelo y la liberan a la atmósfera mediante un proceso conocido como transpiración. Esa humedad se mezcla con el aire y, al desplazarse por acción de los vientos, alimenta la formación de nubes y lluvias en zonas lejanas.
Este flujo de vapor de agua —conocido como “bombeo biológico” o “ríos voladores”— conecta selvas tropicales y bosques templados con regiones agrícolas dependientes del agua. Por ejemplo, parte de las lluvias que riegan los cultivos de soja en Sudamérica o los arrozales del sudeste asiático proviene de la humedad generada por los bosques amazónicos o del sudeste asiático.
Cuando estos ecosistemas son degradados, disminuye la capacidad de la atmósfera para retener y transportar humedad, lo que puede desencadenar sequías agrícolas y pérdidas de producción.
Un estudio que cuantifica la conexión entre bosques y alimentos
El equipo internacional de científicos que elaboró el estudio analizó modelos climáticos, datos satelitales y flujos de humedad atmosférica para identificar qué bosques contribuyen más al suministro de agua de las principales regiones agrícolas del mundo.
Los resultados revelaron que aproximadamente el 40 % de la producción global de cultivos depende directamente de las precipitaciones influenciadas por los bosques. Esto incluye zonas agrícolas críticas de China, India, Estados Unidos, Brasil, Argentina y países de Europa.
Además, se comprobó que una parte significativa del comercio internacional de alimentos —como granos, frutas y oleaginosas— depende de regiones que reciben lluvia gracias a la humedad transportada desde áreas boscosas. En otras palabras, la deforestación en una nación puede tener efectos en la seguridad alimentaria de otras.
Bosques y riesgo alimentario global
Los investigadores advierten que la pérdida de bosques upwind (situados antes de las corrientes de aire que llegan a los campos agrícolas) podría aumentar drásticamente los riesgos para la producción de alimentos. Un menor aporte de humedad puede reducir el rendimiento de los cultivos, especialmente en regiones ya vulnerables al cambio climático.
Por eso, conservar los bosques no solo es una acción ambiental, sino una estrategia económica y agrícola. Garantiza la estabilidad de las lluvias, protege los suelos y mantiene la capacidad productiva de millones de hectáreas de cultivo.
En países con agricultura de exportación —como Brasil, Argentina o Indonesia—, esta relación es particularmente crítica. Su capacidad de mantener el suministro global de alimentos depende, en parte, de conservar sus ecosistemas forestales interiores, que actúan como reguladores climáticos naturales.
Un nuevo enfoque para las políticas agrícolas y ambientales
El estudio propone incorporar esta interdependencia entre bosques y agricultura en las estrategias internacionales de manejo del agua y seguridad alimentaria. Hasta ahora, las políticas agrícolas han tendido a centrarse en el riego, los fertilizantes o la productividad de la tierra, pero han ignorado el papel de la atmósfera como canal de agua forestal.
Los autores sugieren crear mecanismos de cooperación entre países productores y los que poseen grandes masas forestales, de modo que la conservación sea vista como un servicio ecosistémico transnacional. También recomiendan incluir esta variable en las negociaciones climáticas, las cadenas de suministro y los programas de comercio sostenible.
Implicaciones para el futuro
En un planeta donde el cambio climático altera los patrones de lluvia y eleva las temperaturas, comprender el papel de los bosques como reguladores del ciclo hídrico es esencial. Si se pierde esa función, los impactos no solo serán locales, sino también globales: menos agua disponible, menor producción agrícola y precios más altos de los alimentos.
Los investigadores concluyen que el equilibrio climático y alimentario depende de una ecuación sencilla pero poderosa: sin bosques, no hay lluvia; sin lluvia, no hay cosechas. Cuidar las masas forestales no es solo una obligación ambiental, sino una inversión estratégica para garantizar la seguridad alimentaria del siglo XXI.
Referencias
Phys.org. Forests are vital for precipitation that sustains global crop production and trade. Publicado en noviembre de 2025. Disponible en: https://phys.org/news/2025-11-crop-production-countries-forests-nations.html
Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.
