La erosión, las minas y el colapso productivo ponen en jaque a una de las tierras agrícolas más fértiles del planeta

Redacción Mundo Agropecuario
La guerra transformó por completo a Ucrania, y su sector agrícola no ha sido la excepción. Durante décadas, este país fue conocido como el granero del mundo, un territorio privilegiado por sus suelos negros ricos en humus —los célebres chernozems— que sostenían exportaciones capaces de alimentar a más de 400 millones de personas antes de 2022. Aquella imagen de abundancia ha quedado profundamente dañada. Hoy, el país enfrenta la batalla silenciosa y lenta de recuperar tierras contaminadas, erosionadas o completamente inutilizadas por los impactos directos del conflicto.
La situación actual va mucho más allá de la caída en el volumen de cosechas: implica una degradación del suelo que podría tardar décadas en revertirse. Y mientras el mundo continúa necesitando trigo, maíz y aceite de girasol, Ucrania lucha por rehabilitar extensas áreas productivas que se han convertido en paisajes de cráteres, metales pesados y minas antipersonales. Este desafío no solo es agronómico; es geopolítico, humanitario y económico.
Un daño profundo en la estructura del suelo agrícola
Antes de la invasión rusa a gran escala, Ucrania se posicionaba entre los primeros exportadores globales de maíz, trigo y, especialmente, aceite de girasol, del cual era líder absoluto. Sin embargo, la guerra introdujo un nivel de alteración física del suelo sin precedentes: maquinaria pesada militar, bombardeos continuos y desplazamiento de tierras han provocado una degradación severa de perfiles edáficos históricamente estables.
Los expertos señalan que el impacto es acumulativo: cada explosión compacta el suelo, destruye su estructura porosa, elimina microfauna esencial y provoca pérdida acelerada de carbono orgánico. La combinación de compactación extrema y exposición a la intemperie ha incrementado procesos de erosión eólica e hídrica, una amenaza particularmente grave en las zonas agrícolas más intensivas del este y sur del país.
Además, la contaminación con municiones y restos metálicos introduce riesgos toxicológicos que hacen inviable la siembra sin una evaluación previa. La presencia de metales pesados, combustibles y materiales explosivos altera la biología del suelo, reduce la fertilidad y aumenta la incertidumbre para los agricultores que intentan volver a trabajar la tierra.
Minas, artefactos sin detonar y un campo convertido en un laberinto peligroso
Uno de los mayores obstáculos para la recuperación agrícola es el minado masivo de zonas rurales. Miles de hectáreas han quedado cubiertas por artefactos explosivos sin detonar, minas antipersonales y trampas explosivas que impiden las labores básicas de preparación de suelo, siembra y cosecha. Organismos internacionales estiman que Ucrania podría tardar más de una década en desminar completamente las áreas afectadas, incluso con apoyo internacional sostenido.
Para los agricultores, cada zanja, cada borde de campo y cada sendero rural representa un riesgo potencial. Tractores destruidos, cosechadoras dañadas y trabajadores gravemente heridos son parte del panorama que enfrenta diariamente el sector agrícola. Esta condición no solo disminuye la superficie sembrada, sino que incrementa los costos y retrasa cualquier intento de normalización.
El reto de restaurar la fertilidad en un país fracturado
La rehabilitación de estos suelos va más allá de retirar escombros o limpiar metales. Requiere introducir estrategias de regeneración que restituyan las propiedades físico-químicas del suelo. Entre las soluciones más discutidas están:
- la aplicación de materia orgánica para recomponer la estructura del chernozem
- la reintroducción de microorganismos beneficiosos que permitan reactivar la dinámica del carbono
- el uso de cultivos de cobertura que protejan contra la erosión
- la implementación de prácticas de siembra directa para evitar remover perfiles ya debilitados
Sin embargo, estos procesos son lentos, costosos y difíciles de aplicar en zonas aún bajo riesgo militar.
Los investigadores ucranianos y europeos han advertido que, sin programas de restauración intensivos, el país podría perder parte de su potencial agrícola histórico. Esto afectaría no solo su economía interna, sino también la seguridad alimentaria global, dado el peso que Ucrania tenía en las cadenas mundiales de suministro de granos.
El impacto global de un país que el mundo aún necesita
Las exportaciones ucranianas permitían estabilizar mercados y abastecer a regiones dependientes de sus granos, especialmente en África del Norte, Oriente Medio y partes de Asia. La reducción en los volúmenes exportados desde 2022 ha contribuido a presiones inflacionarias y a la inseguridad alimentaria en países vulnerables.
Mientras tanto, los costos de producción en Ucrania se han disparado: combustible más caro por las interrupciones logísticas, maquinaria destruida, fertilizantes inaccesibles o de precio elevado, y un ecosistema agrícola que ya no cuenta con la estabilidad de antaño. Muchos agricultores dependen ahora de ayudas internacionales, créditos blandos o donaciones de equipos para poder continuar.
La resiliencia del sector es notable: a pesar de todo, Ucrania sigue produciendo y exportando. Pero la magnitud del daño al suelo plantea un desafío que va más allá de una o dos campañas agrícolas. Hablamos de un problema que compromete la productividad futura y exige inversiones que superan ampliamente la capacidad del país en su situación actual.
¿Qué horizonte se perfila para la agricultura ucraniana?
Los expertos coinciden en que Ucrania podrá recuperar su liderazgo agrícola, pero no sin una estrategia integral de restauración, inversión y cooperación internacional. El país necesitará:
- programas masivos de desminado rural
- financiamiento para la reconstrucción de maquinaria agrícola
- iniciativas técnicas de restauración de suelos dañados
- sistemas de certificación que garanticen la seguridad alimentaria de las cosechas provenientes de áreas recuperadas
Aunque el camino es largo, la importancia histórica de Ucrania en la producción mundial de alimentos sigue intacta. Si logra restaurar sus suelos y estabilizar su infraestructura rural, el mundo podrá volver a contar con un actor clave en la seguridad alimentaria global.
La gran pregunta no es si Ucrania podrá producir nuevamente, sino cuánto tiempo tardará el suelo en sanar.
Referencias
Phys.org – Artículo original sobre los daños en suelos agrícolas ucranianos y su impacto global (noviembre 2025).
Organización Internacional de Migración (informes de impacto en infraestructura rural).
FAO – Reportes sobre seguridad alimentaria global y mercados de cereales.
Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.
