Un enfoque productivo que busca recuperar suelos, fortalecer ecosistemas y hacer más resiliente la producción de alimentos en la región
Redacción Mundo Agropecuario
Un cambio de mirada en la producción agrícola
Durante décadas, la agricultura moderna se ha enfocado principalmente en maximizar rendimientos mediante el uso intensivo de insumos, mecanización y tecnologías orientadas a aumentar la productividad por hectárea. Este modelo permitió alimentar a una población creciente, pero también dejó en evidencia límites ambientales claros: degradación de suelos, pérdida de biodiversidad, compactación, erosión y una creciente dependencia de fertilizantes y agroquímicos.
En este contexto, la agricultura regenerativa surge como una propuesta que no solo busca producir alimentos, sino también restaurar la salud de los ecosistemas agrícolas. A diferencia de otros enfoques, no se trata únicamente de “reducir el impacto negativo”, sino de generar impactos positivos medibles en el suelo, el agua y la biodiversidad.
Principios básicos de la agricultura regenerativa
La agricultura regenerativa no es un paquete tecnológico único, sino un conjunto de principios que se adaptan a cada territorio y sistema productivo. Entre los más relevantes se encuentran la protección permanente del suelo, la diversificación de cultivos, la reducción de la labranza intensiva y el manejo más integrado de los sistemas productivos.
Uno de los ejes centrales es entender el suelo como un organismo vivo. La actividad biológica, la presencia de materia orgánica y la estructura del suelo son factores determinantes para la productividad a largo plazo. Cuando estos elementos se deterioran, los cultivos se vuelven más dependientes de insumos externos y más vulnerables a eventos climáticos extremos.
El papel del suelo como base de la productividad
En muchos sistemas agrícolas de América Latina, la degradación del suelo se ha convertido en un problema silencioso. La pérdida de carbono orgánico, la compactación por maquinaria pesada y la erosión hídrica o eólica reducen progresivamente la capacidad productiva de las tierras agrícolas.
La agricultura regenerativa propone prácticas orientadas a mejorar la estructura del suelo, aumentar su capacidad de retención de agua y favorecer la vida microbiana. Un suelo con mayor contenido de materia orgánica no solo es más fértil, sino también más resiliente frente a sequías o lluvias intensas, dos fenómenos cada vez más frecuentes en distintos países de la región.
Diversificación productiva y reducción de riesgos
Otro componente clave es la diversificación. Sistemas basados en monocultivos prolongados tienden a ser más vulnerables a plagas, enfermedades y fluctuaciones de precios. La incorporación de rotaciones más amplias, cultivos de cobertura o asociaciones de especies permite reducir riesgos productivos y económicos.
En América Latina, donde conviven grandes explotaciones comerciales con pequeños y medianos productores, la diversificación también cumple una función estratégica: ofrece alternativas de ingreso, mejora el aprovechamiento de los recursos locales y contribuye a una mayor estabilidad de los sistemas agrícolas frente a escenarios de incertidumbre climática y de mercado.
Relación entre producción, agua y ecosistemas
La gestión del agua es otro eje central en los enfoques regenerativos. La forma en que se maneja el suelo influye directamente en la infiltración, la escorrentía y la disponibilidad de agua para los cultivos. Suelos degradados pierden rápidamente el agua de lluvia, mientras que suelos con buena estructura y cobertura vegetal favorecen la recarga hídrica y reducen la erosión.
Además, la integración de áreas de conservación dentro de los paisajes productivos contribuye a mantener servicios ecosistémicos fundamentales, como la polinización y el control biológico de plagas. Esto no implica abandonar la producción, sino repensar el equilibrio entre áreas productivas y espacios naturales dentro de los sistemas agrícolas.
Un enfoque productivo en evolución
La agricultura regenerativa no debe entenderse como una receta universal ni como una solución inmediata a todos los desafíos del sector agropecuario. Se trata de un proceso gradual de transición que requiere adaptación local, aprendizaje técnico y cambios en la forma de planificar la producción.
Para muchos productores, el principal desafío no es técnico, sino cultural: implica cuestionar prácticas tradicionales, asumir períodos de ajuste y adoptar una mirada de mediano y largo plazo sobre la sostenibilidad de los sistemas productivos. En un escenario de creciente presión ambiental y económica, este enfoque comienza a posicionarse como una alternativa estratégica para fortalecer la resiliencia del sector agropecuario en América Latina.
Referencias
Contenido editorial propio de Mundo Agropecuario, elaborado con fines divulgativos y de contexto sectorial.
