Un cambio profundo en la manera de producir alimentos
🖋️ Redacción Mundo Agropecuario
La agricultura regenerativa ya no es solo una tendencia: se está convirtiendo en un movimiento tecnológico y biológico que está redefiniendo la forma de cultivar en América Latina. Lo que comenzó como una filosofía de manejo sustentable hoy evoluciona hacia un modelo de precisión biológica, en el que la ciencia del suelo, los microorganismos “entrenados” y las herramientas digitales trabajan juntas para restaurar ecosistemas productivos.
En Chile, uno de los países líderes en innovación frutícola, empresas y centros de investigación están adoptando estrategias regenerativas basadas en microbiología aplicada y análisis avanzado del suelo, con el objetivo de mejorar la salud vegetal, capturar carbono y reducir la dependencia de fertilizantes sintéticos.
El suelo como organismo vivo
En la base de esta revolución está un cambio de mirada: entender que el suelo no es un simple soporte físico, sino un ecosistema dinámico que respira, intercambia nutrientes y alberga miles de especies de bacterias, hongos y protozoos.
La agricultura intensiva de las últimas décadas degradó buena parte de esos ecosistemas. El exceso de laboreo, el uso de agroquímicos y la pérdida de materia orgánica redujeron la biodiversidad microbiana y, con ella, la capacidad del suelo de autorregularse.
La agricultura regenerativa propone revivir esa biología invisible, restableciendo la relación entre las raíces y los microorganismos que favorecen la absorción de nutrientes y el equilibrio natural del entorno.
“Estamos aprendiendo a trabajar con el suelo, no contra él”, señalan los especialistas. “La meta no es solo producir más, sino producir mejor y regenerar al mismo tiempo”.
Microorganismos “entrenados”: aliados de nueva generación
Uno de los avances más prometedores en este campo es el desarrollo de microorganismos “entrenados” o adaptados a condiciones específicas de cultivo y clima. Se trata de consorcios bacterianos y fúngicos seleccionados en laboratorio que, al ser aplicados en los suelos agrícolas, ayudan a las plantas a resistir el estrés, aumentar la disponibilidad de nutrientes y regenerar materia orgánica.
A diferencia de los biofertilizantes tradicionales, estos microorganismos son capaces de aprender y responder al entorno. Su acción se basa en la interacción constante con las raíces y la rizosfera, formando una red simbiótica que optimiza la eficiencia de los nutrientes y reduce las pérdidas por lixiviación.
Investigadores chilenos y empresas biotecnológicas locales han logrado identificar cepas que funcionan especialmente bien en suelos áridos, salinos o degradados, donde los cultivos comerciales suelen fallar.
Escaneo de suelos y datos en tiempo real
A la dimensión biológica se suma la tecnología. Los nuevos modelos de agricultura regenerativa combinan sensores de campo, escaneo espectral y plataformas digitales que miden la actividad biológica del suelo en tiempo real.
Esto permite tomar decisiones basadas en evidencia: cuándo inocular microorganismos, en qué dosis, y qué sectores requieren una intervención regenerativa más profunda.
El análisis digital también facilita la cuantificación del carbono orgánico y el seguimiento de su acumulación, un factor clave para los proyectos de captura de carbono agrícola que ganan terreno en el mercado internacional.
Además, las imágenes satelitales y los modelos predictivos se utilizan para correlacionar la actividad biológica con la productividad de los cultivos, creando mapas de “salud del suelo” que permiten gestionar cada hectárea con precisión.
Regenerar también es rentar
Uno de los grandes mitos de la agricultura regenerativa es que se trata de un proceso lento o económicamente incierto. Sin embargo, los resultados recientes desmienten esa percepción.
Estudios de campo en predios frutícolas del Valle Central chileno muestran incrementos de hasta un 15 % en rendimiento y una reducción del 30 % en fertilizantes químicos tras dos temporadas de manejo regenerativo.
Además de los beneficios económicos, los productores destacan la mejora estructural de los suelos, la reducción de enfermedades radiculares y la mayor estabilidad frente a la sequía.
“Cuando el suelo está vivo, todo cambia: el agua se infiltra mejor, la planta resiste más, y el sistema se equilibra por sí mismo”, comenta un agrónomo participante del proyecto.
Un modelo exportable para Latinoamérica
El enfoque chileno está siendo observado con interés por otros países latinoamericanos que enfrentan desafíos similares: suelos agotados, escasez de agua y aumento de costos productivos.
En México, Colombia y Argentina, programas piloto están incorporando tecnologías similares de microbiología aplicada, escaneo de suelos y monitoreo satelital en cultivos como maíz, café, soja y frutas tropicales.
La meta común es clara: pasar de una agricultura extractiva a una regenerativa, capaz de sostener la productividad sin comprometer los recursos naturales.
Ciencia y tradición, unidas bajo la misma raíz
La agricultura regenerativa no pretende reemplazar la ciencia moderna, sino complementarla con el conocimiento ancestral del agricultor. Los microorganismos, el escaneo digital y la inteligencia artificial son herramientas, pero la clave sigue siendo la observación directa del campo y la comprensión del ciclo natural.
En un momento de crisis climática y degradación ambiental, esta nueva forma de producir alimentos está demostrando que la rentabilidad y la restauración ecológica pueden ir de la mano.
La regeneración del suelo ya no es una utopía ecológica, sino una oportunidad económica, tecnológica y ética para el agro del siglo XXI.
Referencias
- SmartCherry.cl (2025). La agricultura regenerativa agarra vuelo con microorganismos entrenados, escaneo de suelos y seguimiento al detalle de las plantas.
- Instituto de Investigaciones Agropecuarias de Chile (INIA).
- FAO (2025). Soil Health and Regenerative Agriculture in Latin America.
Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.
