Una petición histórica que pone bajo escrutinio el uso agrícola de sustancias críticas
Redacción Mundo Agropecuario
El uso de antibióticos y antifúngicos de importancia médica en la agricultura ha reavivado un debate profundo en Estados Unidos, donde organizaciones ambientalistas presentaron una petición formal para exigir que estas sustancias sean retiradas del mercado como herramientas de protección vegetal. El documento, dirigido a la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), fue encabezado por el Centro para la Diversidad Biológica (Center for Biological Diversity) junto con varias agrupaciones afines. Estas organizaciones advierten que los pesticidas que contienen ingredientes antimicrobianos esenciales están contribuyendo al avance de patógenos resistentes, comúnmente conocidos como “superbacterias”, y podrían representar riesgos adicionales para la salud de los trabajadores agrícolas.
La noticia, publicada por el medio especializado ruso AgroXXI, detalla que la petición exige la anulación de todas las autorizaciones vigentes para pesticidas que incluyan antibióticos clínicamente relevantes —como la estreptomicina y la oxitetraciclina— además de ciertos fungicidas de uso médico. Para los activistas, se trata de una medida urgente para contener la escalada de resistencia microbiana que, según datos globales, ya constituye una de las amenazas sanitarias más serias del siglo XXI.
El vínculo entre la agricultura y la resistencia antimicrobiana
La resistencia a los antimicrobianos es un fenómeno natural, pero su propagación se acelera cuando estos compuestos se aplican de manera intensiva en la agricultura. En cultivos como cítricos, manzanos, perales o ciertos frutales tropicales, los agricultores han recurrido al uso de antibióticos para controlar enfermedades bacterianas de difícil manejo. Sin embargo, organismos científicos y entidades de salud pública han señalado reiteradamente que el uso de moléculas críticas en el campo puede impulsar la aparición de bacterias resistentes que luego afectan a humanos y animales.
Los grupos firmantes subrayan que la EPA no ha evaluado adecuadamente riesgos indirectos, como la diseminación ambiental de genes resistentes a través del suelo, el agua o la flora microbiana que rodea los cultivos. Esta preocupación se alinea con estudios recientes que muestran que una parte de los microorganismos presentes en zonas agrícolas puede actuar como reservorio de genes de resistencia, facilitando la aparición de superbacterias que complican tratamientos clínicos.
Para los ecologistas, reducir o eliminar el uso agrícola de sustancias críticas es una pieza clave dentro del enfoque “One Health”, un marco que integra salud humana, salud animal y salud ambiental bajo un mismo diagnóstico y que ha sido ampliamente promovido por organismos internacionales.
El impacto potencial sobre los trabajadores agrícolas
La petición también hace énfasis en el posible riesgo para la salud de los trabajadores del campo, quienes pueden estar expuestos a formulaciones antimicrobianas en concentraciones superiores a las que se encuentran en entornos clínicos. Aunque las evaluaciones regulatorias incluyen estudios toxicológicos y límites de exposición, los activistas sostienen que estos no consideran suficientemente los riesgos derivados del contacto frecuente con agentes antimicrobianos, ni el impacto a largo plazo sobre la microbiota humana.
Según el Centro para la Diversidad Biológica, es probable que la exposición acumulada contribuya a alterar la flora bacteriana normal y aumente la vulnerabilidad a infecciones más agresivas o difíciles de tratar. Para trabajadores que ya enfrentan condiciones de alta vulnerabilidad socioeconómica, los activistas consideran que este riesgo no está adecuadamente reconocido en el sistema regulatorio actual.
La industria agrícola ante un posible cambio regulatorio
Una prohibición completa de antibióticos de importancia médica obligaría a la industria agrícola estadounidense a replantear sus estrategias de manejo fitosanitario. Algunos productores temen que medidas tan restrictivas dificulten el control de enfermedades devastadoras como el cancro de los cítricos o el fuego bacteriano, para las cuales el arsenal de alternativas es limitado. En estados como Florida, donde la citricultura ha sido gravemente afectada, el uso controlado de antibióticos se ha convertido en una herramienta de supervivencia.
Sin embargo, los ecologistas y algunos expertos en microbiología agrícola sostienen que la dependencia de antibióticos no es sostenible. Proponen acelerar la investigación en variedades resistentes, biocontrol microbiano, manejo integrado de plagas y prácticas agroecológicas que reduzcan la presión de infección. La transición podría ser compleja, pero contribuiría a mitigar uno de los riesgos sanitarios globales más importantes.
La EPA evalúa el alcance de la petición
La Agencia de Protección Ambiental deberá analizar la petición conforme a sus procedimientos internos, lo que podría desembocar en revisiones científicas, audiencias públicas y consultas con el Departamento de Agricultura y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades. Aunque no existe un calendario definido, los activistas esperan que el proceso avance con celeridad debido a la gravedad del problema.
En paralelo, organizaciones médicas y grupos de investigación han señalado que la resistencia antimicrobiana provoca cientos de miles de muertes al año en el mundo y compromete tratamientos esenciales como cirugías, quimioterapias o manejo de infecciones severas. Para ellos, el uso agrícola de antibióticos debe revisarse para priorizar su valor clínico y garantizar que sigan siendo eficaces en situaciones críticas.
Un debate que trasciende fronteras
El caso estadounidense refleja un desafío global. Países de Europa, Asia y América Latina también han enfrentado cuestionamientos sobre el uso agrícola de moléculas antimicrobianas. Algunas regiones han adoptado enfoques más estrictos, restringiendo antibióticos de importancia médica y promoviendo alternativas biológicas. En otras, los mecanismos de control siguen siendo laxos, lo que dificulta coordinar esfuerzos internacionales.
La petición presentada ante la EPA podría convertirse en un precedente con impacto internacional si obliga al país a replantear sus políticas. Para los ambientalistas, prohibir el uso agrícola de antifúngicos y antibióticos de importancia médica es un paso necesario para frenar la crisis de resistencia. Para los agricultores, la solución debe equilibrar producción, economía y salud pública.
El desafío, como sugieren los expertos consultados por AgroXXI, consiste en desarrollar una agricultura capaz de proteger los cultivos sin comprometer herramientas médicas irremplazables. Un equilibrio complejo pero indispensable en un planeta donde los límites entre salud, ambiente y producción alimentaria son cada vez más estrechos.
Referencias
AgroXXI – “Экологи в США потребовали запретить антибиотики и противогрибные препараты в защите растений”.
Centro para la Diversidad Biológica (Center for Biological Diversity).
Organizaciones ambientalistas firmantes de la petición ante la EPA.
Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.
