Las olas de calor están desestabilizando los sistemas de refrigeración de las colmenas


Investigaciones en Arizona muestran cómo el calor extremo acorta la vida de las abejas y pone en riesgo la supervivencia de colonias enteras


Redacción Mundo Agropecuario

Las olas de calor extremo están introduciendo un nuevo factor de estrés crítico para las abejas, uno de los pilares invisibles de los sistemas agrícolas y de los ecosistemas naturales. Investigaciones recientes realizadas en el suroeste de Estados Unidos revelan que las altas temperaturas no solo afectan la actividad diaria de estos insectos, sino que alteran profundamente los mecanismos de refrigeración interna de las colmenas, provocando episodios prolongados de sobrecalentamiento que comprometen la cría y aceleran el colapso de las colonias.

El estudio, desarrollado a partir del monitoreo directo de colonias sometidas a temperaturas superiores a los 40 °C durante varios meses, muestra que las abejas pierden la capacidad de mantener la estabilidad térmica necesaria para la supervivencia colectiva. En este contexto, las colmenas pueden llegar a “hervir” durante horas, un fenómeno que acorta la vida de los insectos adultos y afecta de manera crítica a las larvas.

Estos hallazgos aportan evidencia concreta sobre cómo el calor extremo, cada vez más frecuente, se convierte en un factor determinante en la crisis global que enfrentan los polinizadores.

El delicado equilibrio térmico dentro de una colmena

Las colmenas funcionan como sistemas biológicos altamente regulados. Para que las larvas se desarrollen correctamente, la temperatura interna debe mantenerse dentro de un rango estrecho. Las abejas adultas logran este control mediante comportamientos colectivos: ventilación con las alas, evaporación de agua y redistribución interna del calor.

Sin embargo, las investigaciones muestran que, bajo condiciones prolongadas de calor extremo, estos mecanismos comienzan a fallar. Cuando la temperatura ambiental se mantiene durante semanas por encima de los 40 °C, el esfuerzo requerido para refrigerar la colmena supera la capacidad fisiológica de las abejas.

El resultado es una pérdida de control térmico que expone a las crías a temperaturas fuera del rango óptimo durante períodos prolongados, afectando su desarrollo y supervivencia.

Monitoreo de colonias bajo temperaturas extremas

El estudio se basó en la observación de nueve colonias de abejas en Arizona, una región caracterizada por episodios recurrentes de calor intenso. Durante tres meses consecutivos, los investigadores registraron el comportamiento térmico de las colmenas expuestas a temperaturas superiores a los 40 °C.

Los datos obtenidos muestran que, a medida que las olas de calor se prolongan, las abejas pierden progresivamente la capacidad de estabilizar la temperatura interna. Las colmenas experimentan picos de calor sostenidos, y las crías permanecen durante horas fuera del rango térmico ideal.

Este fenómeno no se presenta de manera uniforme. Las colonias más pequeñas resultaron ser las más vulnerables, colapsando con mayor rapidez que aquellas con mayor número de individuos, lo que subraya la importancia del tamaño poblacional como factor de resistencia frente al estrés térmico.

Crías expuestas y ciclos de vida alterados

Uno de los hallazgos más preocupantes es el impacto directo del calor extremo sobre la cría de las abejas. Las larvas requieren condiciones térmicas muy específicas para completar su desarrollo. Cuando estas condiciones no se cumplen, se producen alteraciones que pueden resultar letales o generar individuos debilitados.

El estudio documenta que, durante las olas de calor, las crías pasan horas fuera del rango de temperatura ideal, lo que incrementa la mortalidad y reduce la tasa de renovación de la colonia. Este desequilibrio tiene un efecto acumulativo: menos abejas jóvenes llegan a la adultez, mientras que las adultas envejecen y mueren más rápido debido al esfuerzo térmico constante.

De este modo, el calor extremo no solo afecta el presente de la colmena, sino que compromete su capacidad de regeneración, acelerando su declive.

Colonias pequeñas, mayor vulnerabilidad

El tamaño de la colonia emerge como un factor clave en la resistencia frente al calor. Las colonias con menos individuos disponen de menos fuerza laboral para ejecutar las tareas de ventilación y refrigeración, lo que limita su capacidad de respuesta ante temperaturas extremas.

El monitoreo mostró que estas colonias pequeñas pierden estabilidad térmica con mayor rapidez y colapsan antes que las más grandes. Esta diferencia introduce un nuevo elemento de presión sobre poblaciones de abejas que ya se encuentran reducidas por otros factores, como la pérdida de hábitat o el uso de agroquímicos.

El calor extremo, en este sentido, actúa como un factor amplificador de vulnerabilidad, golpeando con más fuerza a las colonias que parten de una situación demográfica frágil.

Estrés térmico y reducción de la esperanza de vida

Además de afectar a las crías, las olas de calor inciden directamente en la longevidad de las abejas adultas. El esfuerzo constante por refrigerar la colmena implica un gasto energético elevado y un desgaste fisiológico acelerado.

Las investigaciones indican que este estrés térmico acorta la vida de los insectos, reduciendo la disponibilidad de obreras activas en momentos críticos. Con menos individuos y mayor mortalidad, la colmena entra en un círculo vicioso del que resulta cada vez más difícil salir.

Este proceso explica por qué algunas colmenas no solo se debilitan, sino que llegan a colapsar completamente tras episodios prolongados de calor extremo.

Implicaciones para la agricultura y los ecosistemas

Las abejas desempeñan un papel central en la polinización de cultivos y plantas silvestres. La pérdida de colonias debido al calor extremo tiene implicaciones que van más allá de la apicultura, afectando la productividad agrícola y la estabilidad de los ecosistemas.

El estudio pone de relieve que el cambio en los patrones de temperatura, con olas de calor más frecuentes e intensas, introduce un riesgo adicional para los polinizadores, que se suma a otros desafíos ya conocidos.

Comprender cómo el calor extremo impacta directamente en la fisiología y el comportamiento de las abejas resulta clave para evaluar los riesgos futuros sobre la producción de alimentos y la biodiversidad.

El calor extremo como nuevo desafío para los polinizadores

Los resultados obtenidos en Arizona ofrecen una visión concreta de cómo las olas de calor están alterando procesos fundamentales dentro de las colmenas. La pérdida de estabilidad térmica, la exposición prolongada de las crías a temperaturas inadecuadas y el colapso acelerado de colonias pequeñas dibujan un escenario preocupante.

Lejos de ser un fenómeno puntual, estos episodios se perfilan como una amenaza recurrente en regiones donde el calor extremo se vuelve cada vez más frecuente. El estudio aporta evidencia de que las abejas, pese a su sofisticado sistema de regulación colectiva, tienen límites claros frente a temperaturas sostenidas por encima de ciertos umbrales.

En este contexto, las olas de calor dejan de ser solo un problema climático general y pasan a convertirse en un factor crítico para la supervivencia de los polinizadores y, con ellos, para la estabilidad de los sistemas agrícolas.


Referencias

Click Petróleo e Gás. Las olas de calor están alterando los sistemas de refrigeración de las abejas, provocando que las colmenas hiervan durante horas y acortando la vida de los insectos. https://es.clickpetroleoegas.com.br/Las-olas-de-calor-est%C3%A1n-alterando-los-sistemas-de-refrigeraci%C3%B3n-de-las-abejas–provocando-que-las-colmenas-hiervan-durante-horas-y-acortando-la-vida-de-los-insectos.-mhbb01/


Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.


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