@jag_ojeda
Durante décadas, el éxito del cacao en Río San Juan ha tenido un motor invisible: las mujeres. Ellas han estado detrás del trabajo productivo, de la comercialización y del buen uso de los ingresos familiares. Sin embargo, su labor, mal llamada “ayuda”, no ha sido reconocida ni remunerada, y mucho menos contabilizada en las estadísticas de las cooperativas.
El “tema de género” aparecía en conversaciones, reuniones, en talleres recurrentes y en listas de comités creados por exigencia de alguna certificación o la formalidad de las cooperativas. Pero no estaba escrito, no tenía presupuesto, no tenía responsables.

Juan Pablo Herradora, presidente de la Cooperativa Multisectorial Productores Unidos Las Azucenas, R.L. (COOPRULA), reconoce una de las principales limitaciones para integrar los temas de género, a pesar de tenerlo en sus estatutos, “a nivel de la cooperativa no se le estaba dando el lugar o la importancia al tema”.
Durante años, las estructuras cooperativas estuvieron dominadas por hombres. Mujeres presentes en las reuniones, pero en silencio, muchas veces con la cédula de sus esposos en mano para poder participar. Productoras activas en el campo, pero invisibles en las juntas directivas y en los informes.

Hoy el panorama empieza a cambiar. La Cooperativa de Productores de Cacao Familias Unidas de El Castillo, R.L. (COOPROCAFUC) y COOPRULA, han decidido dar un paso que redefine su gobernanza: construir e institucionalizar políticas de género; con el acompañamiento de la Asociación para el Fomento del Desarrollo Local Ecosostenible en Río San Juan (ASODELCO), Amigos de la Tierra España y el aporte de la Cooperación Española.
El diagnóstico: una foto incómoda
El proceso comenzó con un diagnóstico participativo: grupos focales, entrevistas a juntas directivas y elaboración de lineamientos estratégicos. Por primera vez, se incluyó presupuestación de acciones, porque “una política sin recursos es solo intención”.
Los resultados fueron contundentes, reveló una foto incómoda. En COOPROCAFUC, de 108 personas asociadas, apenas el 17 % son mujeres. Todas entregan cacao y participan en la producción, pero solo una ocupa un cargo en la junta directiva: la vicepresidencia. En COOPRULA, la situación es similar: pocas mujeres activas en producción y baja representación en órganos de gobernanza.
Las barreras son múltiples: reuniones en horarios poco accesibles, distancia geográfica, carga doméstica, falta de incentivos claros, temor a asumir cargos y escaso relevo generacional femenino.
María Antonia Ríos, especialista de género de Amigos de la Tierra España, descubrió que, “las mujeres piden ser tomadas en cuenta, tener voz y voto, participar en todos los procesos. No quieren ser la mano de obra barata que ayuda a la producción, sin aparecer en las estadísticas”.
La invisibilidad contrasta con ejemplos concretos. En COOPRULA, el responsable del área de secado y fermento del cacao tuvo que dejar sus funciones por problemas familiares; ahora, Noyling Beltrán ocupa ese puesto con control técnico y seguimiento riguroso. En COOPROCAFUC, varias jóvenes se forman para brindar manejo agronómico al cacao. Las mujeres pueden hacerlo y lo están demostrando.

Una política que transforma la cultura organizacional
Ambos directivos reconocen que no basta con tener una persona nombrada, requiere formación y respaldo. “necesitamos capacitar a las personas de la nueva comisión de género, asignar un fondo, realizar una campaña de sensibilización en temas de género a lo interno de la cooperativa”, dijo Ariel Aguirre, presidente de COPROCAFUC.
La asistencia técnica no impuso un modelo externo, facilitó un proceso participativo. El interés fue que las productoras opinaran, plantearan necesidades y visualizaran oportunidades más allá de la producción primaria.
“Las mujeres plantean iniciativas de transformación de productos, agregación de valor y nuevos emprendimientos. También demandan asistencia técnica directa y visibilidad en estadísticas productivas”, detalló Ríos.
Las cooperativas se están dando cuenta que la equidad no debilita la estructura tradicional, la fortalece. Que integrar a más mujeres no es una concesión, mejora su gobernanza y amplía su competitividad en mercados internacionales.
Luego de la aprobación de las políticas, viene el desafío: su implementación. Esta deberá visibilizar el trabajo de las mujeres, fomentar su liderazgo y fortalecer la economía comunitaria.

José Armando González es colaborador destacado de Mundo Agropecuario
Este trabajo fue enviado por el autor o autores para Mundo Agropecuario , en caso que se desee reproducir le agradecemos se destaque el nombre del autor o autores y el de Mundo Agropecuario
