La transición alimentaria en Europa pone en riesgo miles de millones en activos ganaderos


Un estudio internacional alerta que la reducción del consumo de alimentos de origen animal en países de altos ingresos podría dejar activos agrícolas varados en la Unión Europea y el Reino Unido


Redacción Mundo Agropecuario

La transformación de los hábitos alimentarios en los países de altos ingresos, especialmente en Europa, está teniendo consecuencias que van más allá de la nutrición y la salud pública. Un nuevo estudio científico publicado en Nature Food advierte que la reducción del consumo de alimentos de origen animal puede provocar un fenómeno económico de gran escala: la inmovilización o pérdida de valor de activos agrícolas ligados a la ganadería, conocidos como activos varados.

El análisis se centra en la Unión Europea (UE27) y el Reino Unido, regiones donde el sistema agroalimentario ha sido históricamente estructurado en torno a la producción ganadera. Según los resultados, los activos vinculados a alimentos de origen animal representan el 78 % de los activos agrícolas fijos en este espacio económico, una proporción que revela la magnitud del desafío al que se enfrenta el sector.

Qué son los activos varados en la agricultura

En términos económicos, los activos varados son inversiones que pierden su utilidad o valor antes de lo previsto, debido a cambios estructurales del mercado, la regulación o la demanda. En el ámbito agropecuario, esto incluye infraestructuras, instalaciones, maquinaria y cadenas productivas que dependen directamente de la ganadería y de la producción de alimentos para animales.

El estudio muestra que, si las dietas con menor presencia de carne y productos animales se consolidan sin una adaptación progresiva del sistema productivo, una parte sustancial de estos activos podría quedar infrautilizada o económicamente obsoleta.

La magnitud económica del sistema ganadero europeo

Los datos revelados son contundentes. En la UE27 y el Reino Unido, los activos agrícolas fijos asociados a alimentos de origen animal alcanzan cifras muy elevadas. De ese total, 158.000 millones de euros están directamente vinculados a la ganadería, incluyendo explotaciones, instalaciones y equipamientos, mientras que otros 100.000 millones de euros corresponden a la producción de piensos y alimentos para animales.

Estas cifras ponen de manifiesto hasta qué punto el sistema agroalimentario europeo está anclado a la producción animal. Cualquier cambio significativo en la demanda tiene, por tanto, un impacto directo en la estabilidad económica del sector rural y agroindustrial.

Dietas en transición y riesgos económicos

El estudio parte de una tendencia clara en los países de altos ingresos: el impulso a dietas con menor consumo de productos de origen animal, motivado por razones ambientales, de salud y de sostenibilidad. Sin embargo, los investigadores subrayan que estos cambios, si se producen de forma rápida y descoordinada, pueden generar riesgos económicos significativos.

La reducción de la demanda de carne, leche y otros productos animales no solo afecta a los productores primarios, sino también a toda la cadena de valor: desde la fabricación de piensos hasta el transporte, el procesamiento y la infraestructura asociada.

Un análisis que integra agricultura y economía global

Uno de los aspectos más relevantes del trabajo es su enfoque metodológico. Los autores vincularon datos agrícolas y económicos con modelos globales multirregionales de insumo–producto, lo que permitió analizar cómo los cambios en el consumo se traducen en impactos económicos concretos.

Este enfoque ofrece una visión integrada del sistema agroalimentario, mostrando que las decisiones de consumo en los países de altos ingresos pueden tener efectos estructurales profundos sobre los activos productivos existentes.

La ganadería como pilar estructural del campo europeo

En Europa, la ganadería no es un sector aislado, sino un pilar estructural del medio rural. Muchas regiones dependen de la producción animal como principal fuente de ingresos, empleo y cohesión territorial. El estudio advierte que la pérdida de valor de los activos ganaderos podría tener consecuencias sociales, especialmente en zonas rurales donde las alternativas productivas son limitadas.

La transformación del sistema alimentario, por tanto, no es solo una cuestión de cambiar lo que se consume, sino de cómo se gestiona la transición para evitar impactos desiguales.

La producción de piensos, un eslabón clave

Un hallazgo relevante del análisis es el peso de la producción de piensos dentro del sistema de alimentos de origen animal. Con 100.000 millones de euros en activos fijos, este subsector está estrechamente ligado al destino de la ganadería.

Si disminuye la demanda de productos animales, la producción de alimentos para animales también se ve afectada, amplificando el riesgo de activos varados y extendiendo el impacto a cultivos, fábricas y logística asociada.

Transiciones alimentarias y planificación a largo plazo

El estudio no cuestiona la legitimidad de avanzar hacia dietas más sostenibles, pero sí subraya la necesidad de planificación a largo plazo. Los investigadores señalan que los cambios en el consumo deben ir acompañados de estrategias de adaptación del sector agrícola, que permitan reconvertir activos, diversificar producciones y amortiguar el impacto económico.

Sin esta planificación, existe el riesgo de que la transición alimentaria genere tensiones económicas y sociales evitables.

Europa frente a un dilema estructural

La investigación sitúa a Europa ante un dilema claro: cómo equilibrar los objetivos ambientales y de salud con la realidad económica de un sistema agropecuario profundamente invertido en la ganadería. El elevado porcentaje de activos ligados a alimentos de origen animal refleja décadas de políticas, inversiones y modelos productivos.

Modificar este sistema requiere tiempo, inversión y acompañamiento a los productores, para evitar que el cambio derive en pérdidas abruptas y desestructuración rural.

Un mensaje clave para el debate agroalimentario

El trabajo aporta una advertencia clara al debate sobre el futuro de la alimentación: las transiciones dietarias tienen consecuencias económicas concretas. Ignorar el peso de los activos existentes puede conducir a escenarios de pérdida de capital y desigualdad territorial.

Integrar la dimensión económica en las políticas de transición alimentaria se vuelve, según el estudio, un elemento central para avanzar hacia sistemas más sostenibles sin generar nuevos problemas estructurales.

El desafío de transformar sin destruir valor

En definitiva, la investigación pone sobre la mesa un desafío complejo: transformar el sistema agroalimentario sin destruir valor productivo de forma abrupta. La reducción del consumo de alimentos de origen animal en Europa no es solo una cuestión de elección individual, sino un proceso que debe ser acompañado por políticas agrarias, económicas y territoriales coherentes.

El futuro de la ganadería europea, y de los millones de euros invertidos en ella, dependerá en gran medida de cómo se gestione esta transición.


Referencias

Nature Food. Estudio sobre cambios dietarios, activos agrícolas y riesgo de activos varados en sistemas de alimentos de origen animal en la Unión Europea y el Reino Unido.

Estudio: https://www.nature.com/articles/s43016-025-01283-z


Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.


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