Menos carne y lácteos en Europa: el impacto económico que podría depreciar miles de millones en inversiones agrícolas


Un estudio advierte que cambios en la dieta europea pueden afectar el valor de granjas, establos y maquinaria, aunque políticas adecuadas pueden mitigar las pérdidas


Redacción Mundo Agropecuario

La transición alimentaria en Europa hacia un menor consumo de carne y productos lácteos podría tener consecuencias económicas profundas para el sector agropecuario. Un nuevo estudio científico, citado en el artículo de referencia, señala que una parte significativa de las inversiones realizadas por los agricultores europeos —en particular en establos, instalaciones y maquinaria— corre el riesgo de perder valor si la demanda de estos productos disminuye de forma sostenida. No obstante, la investigación también subraya que políticas públicas bien diseñadas pueden limitar esas pérdidas y facilitar una adaptación ordenada del sector.

El trabajo es fruto de la colaboración entre investigadores de la Universidad de Leiden, la Universidad de Oxford y la Universidad de Viena, y pone el foco en un aspecto a menudo subestimado del debate alimentario: el riesgo económico que enfrentan los productores cuando los patrones de consumo cambian más rápido que la vida útil de las inversiones productivas.

Un cambio de consumo con efectos estructurales

En los últimos años, Europa ha intensificado el debate sobre dietas más saludables y sostenibles. La reducción del consumo de carne y lácteos aparece asociada a objetivos climáticos, de salud pública y de bienestar animal. Sin embargo, el estudio advierte que estos cambios no son neutros para quienes producen esos alimentos.

Las explotaciones ganaderas han invertido durante décadas en infraestructura especializada diseñada para ciclos productivos largos. Establos, salas de ordeño, sistemas de alimentación y maquinaria pesada tienen una vida útil que puede superar los 20 o 30 años. Si la demanda cae de forma acelerada, parte de ese capital puede quedar “varado”, es decir, perder valor antes de amortizarse por completo.

El riesgo de activos que pierden valor

El concepto central del estudio es el de depreciación de activos agrícolas. Según los investigadores, una reducción sostenida del consumo de carne y lácteos en Europa podría traducirse en pérdidas de valor para una gran cantidad de infraestructuras ganaderas.

Esto no implica necesariamente un colapso inmediato del sector, pero sí presiones económicas significativas para los productores, especialmente aquellos más endeudados o con menor margen de maniobra financiera. El impacto sería desigual, afectando con mayor intensidad a las explotaciones más especializadas y menos diversificadas.

Inversiones pensadas para el largo plazo

Uno de los puntos destacados del estudio es la desconexión temporal entre las decisiones de inversión y los cambios en el consumo. Los agricultores suelen planificar a largo plazo, basándose en señales de mercado relativamente estables. Cuando esas señales cambian rápidamente, las inversiones realizadas bajo supuestos anteriores pueden volverse menos rentables.

El artículo de referencia remarca que muchas de las instalaciones actuales fueron construidas en un contexto de demanda sostenida de productos animales. La transición dietaria plantea, por tanto, un desafío de adaptación estructural más que un simple ajuste coyuntural.

Consecuencias para los agricultores europeos

Si no se implementan medidas de acompañamiento, los agricultores podrían enfrentar pérdidas económicas relevantes, con efectos en la rentabilidad, el empleo rural y la continuidad de muchas explotaciones familiares. El estudio subraya que estos riesgos no deben ignorarse en el diseño de políticas alimentarias y climáticas.

La preocupación central no es frenar la transición, sino gestionar sus efectos para evitar impactos sociales y económicos indeseados en el medio rural.

El papel clave de las políticas públicas

Una de las conclusiones más importantes del trabajo es que las pérdidas pueden limitarse con las políticas adecuadas. Los investigadores señalan que la forma en que se implementen los cambios en el consumo y la producción será determinante para el impacto final sobre el sector.

Entre las herramientas mencionadas en el artículo se encuentran incentivos a la reconversión, apoyo a la diversificación productiva y marcos regulatorios que otorguen tiempos de transición realistas. Estas medidas podrían ayudar a que los agricultores adapten sus modelos de negocio sin ver depreciado abruptamente su capital.

Reconversión y adaptación del sector

El estudio sugiere que parte de las infraestructuras existentes podría reutilizarse o adaptarse para otros fines productivos, siempre que existan señales claras y apoyo institucional. La reconversión no es automática ni sencilla, pero puede reducir el riesgo de activos inutilizados.

Asimismo, la diversificación hacia otros productos agrícolas o modelos de producción aparece como una estrategia para amortiguar el impacto de la caída en la demanda de carne y lácteos.

Un enfoque equilibrado para la transición alimentaria

Los investigadores insisten en la necesidad de un enfoque equilibrado que tenga en cuenta tanto los objetivos ambientales y de salud como la realidad económica del sector agropecuario. Ignorar el componente de inversión podría generar resistencias y tensiones innecesarias en el proceso de transición.

El artículo destaca que integrar estas consideraciones desde el inicio puede facilitar una transformación más justa y eficaz del sistema alimentario europeo.

Implicaciones para la planificación a largo plazo

Más allá del caso específico de la ganadería, el estudio aporta una lección general: las transiciones estructurales requieren planificación. Cambios rápidos en la demanda, sin mecanismos de ajuste para la oferta, pueden generar pérdidas significativas de capital.

En el contexto europeo, donde la política agrícola común y las estrategias climáticas juegan un papel central, estos hallazgos resultan especialmente relevantes para orientar decisiones futuras.

Una señal de alerta para el debate público

El trabajo no cuestiona la validez de promover dietas con menor impacto ambiental, pero sí introduce una señal de alerta: los costos de la transición no desaparecen, sino que se redistribuyen. Reconocerlos y gestionarlos es clave para evitar que recaigan de forma desproporcionada sobre los agricultores.

El artículo de referencia subraya que una transición exitosa requiere coherencia entre políticas alimentarias, agrícolas y climáticas.

Hacia una transición más justa y ordenada

La investigación concluye que el impacto económico de una menor demanda de carne y lácteos en Europa no es inevitablemente negativo, siempre que se anticipe y se gestione de manera adecuada. Con políticas bien orientadas, es posible reducir las pérdidas, facilitar la adaptación del sector y avanzar hacia sistemas alimentarios más sostenibles.

Para el mundo agropecuario, el mensaje es claro: la transición está en marcha, y su resultado dependerá en gran medida de cómo se acompañe a quienes han invertido su capital y su trabajo en alimentar a la sociedad europea.


Referencias

  • Artículo original: “Less meat could cost billions in European farm investments”, Phys.org, enero de 2026.
  • Investigación conjunta de la Universidad de Leiden, la Universidad de Oxford y la Universidad de Viena sobre el impacto económico de la reducción del consumo de carne y lácteos en Europa.

Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.


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