La amarga espera de la recuperación del azúcar y la caña en Cuba


Por Luis Brizuela


LA HABANA – Demoras en la distribución regulada del azúcar, así como escasez y elevados precios del producto en el mercado informal confirman el mal momento de la agroindustria azucarera en Cuba, el sector estratégico que distinguió al país y hoy está urgido de modernización y diversificación productiva. 

“Anda perdida”, confesó a IPS Ada Figueras, quien recuerda que en su casa, años atrás, no faltaban el azúcar para las mermeladas de frutas, casquitos de guayaba, cremitas de leche y otros postres salidos de sus expertas manos de repostera.

“Ahora la dejo para el café, el yogur de los nietos o algún dulce que hago a veces. Por la calle (mercado informal), cuando la encuentras, está muy cara”, agregó la jubilada residente en la oriental ciudad de Las Tunas.

El azúcar forma parte de la canasta de alimentos básicos en la isla, a razón de cuatro libras mensuales por persona ofertadas mediante una cartilla de racionamiento. En los últimos meses se registran atrasos en la distribución y se ha perdido la venta liberada en mercados estatales o tiendas en divisas.

Las personas recurren al trueque o al mercado negro para adquirir cantidades adicionales a precios alrededor de 1,5 dólares por libra en un país con salario medio de unos 35 dólares equivalentes al cambio oficial, indagó IPS con residentes en algunas de las 15 provincias cubanas.

“El elevado grado de obsolescencia de la agroindustria requiere importantes montos de capital, para su recuperación, modernización y encadenamientos”: Armando Nova.

Mario Coello, un trabajador eléctrico, dio fe a IPS desde la oriental ciudad de Holguín que “cada vez es más difícil tomarse un guarapo (jugo de la caña) o comerse una raspadura (dulce sólido de sacarosa, derivada de la ebullición y evaporación del guarapo), algo que ‘alentaba’ el estómago ante el hambre o la sed, al igual que el agua con azúcar”.

Sin embargo, la médica Ivón Zaldívar refiere que desde hace años en su núcleo familiar integrado por el esposo, la suegra y dos hijos, “acostumbramos tomar los jugos naturales y hacer los postres con poca azúcar”.

Residente en La Habana, Zaldívar comentó a IPS que una parte significativa de la población en la isla es alta consumidora del endulzante, presente además en productos procesados y bebidas de alta demanda.

“Su consumo debe moderarse, porque incentiva las caries, además de ser un factor de riesgo para la aparición de sobrepeso, obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares”, alertó la profesional.

Una dependienta suministra a una clienta la cuota de azúcar que forma parte de la canasta de alimentos básicos en la isla, a razón de cuatro libras mensuales de azúcar por persona, controladas mediante una cartilla de racionamiento. Foto: Jorge Luis Baños / IPS

Factores adversos

La desaparición de la Unión Soviética a inicios de la década de los 90 golpeó la otrora locomotora de la economía cubana que tenía en la nación euroasiática, además de su principal mercado, al suministrador del combustible para un sector que incorporó un elevado porcentaje de mecanización.

La zafra 2021-2022 aportó 473 000 toneladas métricas de azúcar, la peor cota en más en un siglo. Para 2023 el plan contempla 455 000 toneladas, apenas 5 % de las 8,1 millones de toneladas obtenidas en 1989.

La actual producción dista de cubrir la totalidad del consumo interno, estimado en alrededor de 600 000 toneladas anuales.

Para garantizar la distribución racionada, así como las necesidades del turismo, y la producción de medicamentos y manufacturas, la isla ha importado azúcar de Brasil y de Francia lo cual incrementa la dependencia externa y limita la soberanía alimentaria, señalan expertos.

El embargo estadounidense es señalado como uno de los factores que obstaculizan la llegada de combustibles, fertilizantes, herbicidas y piezas de repuesto para el equipamiento mecanizado.

Plagas, ciclones tropicales, lluvias intensas o sequías prolongadas en la última década afectaron las plantaciones.

Terrenos degradados, siembras deficientes, escasas áreas bajo riego, junto con la obsolescencia tecnológica de los ingenios azucareros y la maquinaria conspiran contra los rendimientos agrícolas e industriales.

Desde 2012 “no se cumplen los planes… y cada zafra en los últimos años da menos producción de azúcar… Hemos llegado a un círculo vicioso. Queremos hacer más; queremos crecer, esa es la voluntad, pero cada vez tenemos menos caña y cada vez los centrales están más deteriorados”, reconoció en junio de 2022 el presidente Miguel Díaz-Canel en un taller con directivos, técnicos industriales y productores cañeros.

Un operario corta caña de azúcar en el huerto organopónico Vivero de Alamar, en el municipio de La Habana del Este. El programa estatal para salvar la agroindustria azucarera en Cuba proyecta detener el decrecimiento, recuperar y hacer sostenible la producción de la gramínea, con el fin de obtener tanto azúcar como insumos con valor agregado. Foto: Jorge Luis Baños / IPS

Salvar la agroindustria cañera

En diciembre de 2021, a partir de indicaciones del expresidente Raúl Castro (2008-2018), el Comité Central del Partido Comunista, el único legal en el país, aprobó un paquete de 93 medidas dirigidas a “salvar” la industria azucarera cubana.

“El país necesita azúcar y derivados, pero ahora no hay caña ni centrales, los terrenos se perdieron, desaparecieron instalaciones y casi se destruyó en pocos años una industria que tomó siglos levantar”, lamentó a IPS el jubilado ingeniero agrónomo Ramón Escobar, quien trabajó en el desmantelado ingenio Camilo Cienfuegos, en Hershey, localidad de la occidental provincia de Mayabeque.

Para el economista Armando Nova el descenso de la producción también obedece a algunos efectos negativos de la reestructuración de la agroindustria a partir de 2022, denominada Tarea Álvaro Reynoso, el nombre del notable científico cubano del siglo XIX estudioso de la caña de azúcar.

Debido a los bajos precios del edulcorante en el mercado internacional, a partir de 2002 inició un proceso de redimensionamiento y reestructuración del sector que buscó reducir costos y producir no más de cuatro millones de toneladas anuales de azúcar.

Del proceso sobrevivieron 56 de los 156 centrales existentes, se eliminaron más de 100 000 plazas de trabajo y disminuyó la superficie de cultivo de dos millones a unas 750 000 hectáreas, indican informes.

No obstante, la estrategia, “tuvo efecto sociales no favorables”, así como “para la cultura y tradición azucarera, trasladada de generación en generación durante siglos”, apuntó Nova a IPS.

Con la paralización de la vida económica de bateyes y comunidades aledañas no pocos pobladores emigraron a las ciudades en busca de empleo, y se perdió parte del capital humano formado durante décadas en instituciones científicas y técnicas del país, además de prácticas identitarias.

“Ello afectó el estímulo e interés por la producción de caña de azúcar, pilar de una agroindustria con efecto transversal y sistémico para toda la economía cubana”, señaló Nova.

Durante la zafra 2022-2023, iniciada a fines de noviembre y que debe extenderse hasta mayo, molerán solo 23 ingenios en distintas etapas.

Según cifras oficiales más de 180 000 personas -unas 700 000 contando las familias- se vinculan directa o indirectamente con el sector azucarero en este país de 11,1 millones de habitantes.

Una clienta adquiere dulces en una cafetería privada en La Habana. Profesionales de la salud advierten que una parte significativa de la población en la isla es alta consumidora de azúcar, y exhortan a moderar su consumo ante el riesgo de enfermedades como la obesidad, diabetes o patologías cardiovasculares. Foto: Jorge Luis Baños / IPS

Necesarios incentivos

Expertos consideran la caña de azúcar (Saccharum officinarum) el “oro verde”, capaz de aportar soluciones a tres grandes problemas humanos: la producción de alimentos, el déficit energético y la preservación medioambiental.

Además de sacarosa, el cultivo provee alimento animal, alcoholes, el etanol usado como combustible vehicular, el biometano para la cocción de alimentos, así como biomasa para obtener energía eléctrica.

De la gramínea se extrae bagazo, celulosa, levadura, biofertilizantes y derivados para investigaciones biológicas y químicas, así como productos especiales empleados en tecnologías de avanzada.

De acuerdo con directivos del Grupo Empresarial Azucarero Azcuba, entidad estatal que sustituyó en 2011 al otrora Ministerio del Azúcar, el programa para salvar la agroindustria azucarera proyecta detener el decrecimiento, recuperar y hacer sostenible la producción de caña, con el fin de obtener tanto azúcar como una gama de insumos con valor agregado.

Algunas de las medidas, por ejemplo, proyectan elevar las áreas bajo sistemas de riego, y pasar del 15 % actual a 32 %.

Aun así, Nova consideró “casi nulos” los incentivos actuales. “El elevado grado de obsolescencia de la agroindustria requiere importantes montos de capital, para su recuperación, modernización y encadenamientos”, subrayó.

Además de los proyectos en el portafolio de inversión extranjera, consideró necesario adicionar estímulos “en cuanto al retorno del capital invertido o a invertir, la posibilidad de crear empresas mixtas e inclusive con participación de 100 % de capital externo”.

Y algo no menos importante, apuntó el experto, “es crear incentivos directos para los productores nacionales, de pagos en divisa por la producción final, tanto de azúcar como de derivados”.

Abogó por no excluir la posibilidad de que pequeñas y medianas empresas cubanas participen, “particularmente en los servicios tecnológicos, y formando parte del encadenamiento productivo”.

Junto con la transformación del modelo de gestión económico-productivo “por uno nuevo que parta desde el territorio”, Nova recomendó contemplar con urgencia “las ventajas de la agroecología -que implica reducir al mínimo o eliminar totalmente la dependencia de los insumos agroquímicos-, así como de la agricultura de precisión, en busca del ahorro de insumos y recursos”. ED: EG

Fuente original: https://ipsnoticias.net



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