La labranza reducida en Venezuela


Pedro Raúl Solórzano Peraza


Labranza reducida puede ser considerada, desde cero labranza, hasta la mínima labranza que pueda requerir un determinado sistema suelo-planta-clima. Su desarrollo importante se puede ubicar en los años sesenta, y tomó mucho auge con el desarrollo de sembradoras especiales y de herbicidas que, como el glifosato, logran un prolongado combate de malezas para permitir que el cultivo de turno pueda desarrollarse bien en sus primeras etapas, hasta llegar a ser competitivo con las nuevas malezas emergentes. Esto es fundamental para la siembra sobre el manto de vegetación que permanece recubriendo los terrenos, cuando se aplica la labranza reducida.

En Venezuela, quizás el primer intento de aplicar la labranza reducida con un equipo de siembra, se realizó a mediados de los años sesenta promovido por el Servicio Shell para el Agricultor, siempre pionero, con una pequeña sembradora de dos hileras, con la cual se hicieron siembras demostrativas y comerciales del cultivo de caraotas negras en algún sector del estado Yaracuy.

Esa pequeña sembradora fue el punto de partida de la labranza reducida en Venezuela. Se comenzó una importación muy limitada de estos equipos para la siembra, y al disponer de sembradoras, herbicidas y algunas experiencias positivas, se podía esperar que se hiciera popular esta práctica.

Sin embargo, al principio no fue fácil que los agricultores adoptaran la labranza reducida, la tradición les impedía aceptar nuevos retos, les preocupaba la incertidumbre de los cambios en la rutina que repetían ciclo tras ciclo de siembra. Se llevó tiempo convencerlos de las bondades de esta práctica, pero ocurrieron eventos que ayudaron a que la labranza reducida se comenzara a expandir en el país. Algunos de ellos considero que han sido los siguientes:

1.-El visible deterioro de los suelos por la erosión y por la compactación de sus partículas.

2.-El encarecimiento de las labores de labranza, que llegaron a ser mucho más costosas que la adquisición de nuevas sembradoras y la aplicación de herbicidas pre siembra.

3.-El menor tiempo requerido en la adecuación de los terrenos para la siembra.

4.-La llegada, al mercado nacional, de abundantes equipos agrícolas para labranza reducida, especialmente de sembradoras importadas de Brasil y Argentina, de buena calidad

5.-La preocupación y dedicación de algunos técnicos por difundir la tecnología de labranza reducida y sus beneficios.

6.-El efecto multiplicador realizado por los agricultores vanguardistas que han divulgado las ventajas de esta práctica agrícola, del mejoramiento de los rendimientos, de la disminución de los costos de producción, y la protección y recuperación de los suelos.

Entonces, la introducción de la labranza reducida en la agricultura nacional no ha sido una tarea fácil, aún en condiciones tan delicadas como la erosión hídrica que ocurría en algunas regiones. Recuerdo que a principios de la década del setenta, cuando comenzó un vertiginoso incremento de la siembra del sorgo granífero en las sabanas onduladas que van desde El Sombrero hasta El Socorro, y más allá de los confines del estado Guárico, la erosión era tan evidente que se hacía necesario tomar medidas urgentes para detener aquella avalancha. Una opción fue intentar aplicar la labranza reducida. Lo mismo ocurrió en otras regiones agrícolas, como en los importantes Llanos Occidentales del país, donde especialmente los costos crecientes de la labranza convencional y la compactación de los suelos, requieren entre otras cosas, la siembra con labranza reducida.

Ante ese panorama, y aún con la escasez o inexistencia de equipos para la siembra en labranza reducida, en Protinal, C.A. desarrollamos un equipo, que aunque fue efectivo para la siembra, era sumamente pesado y lento para la labor. Afortunadamente, comenzaron a importarse equipos para la siembra y aspersión, que dieron un fuerte impulso a la labranza reducida, a tal punto que en la actualidad un altísimo porcentaje de productores de maíz aplican esta práctica, que les ha resultado muy positiva para mejorar los rendimientos y para proteger los suelos.

La labranza reducida es una de las principales recomendaciones de los partidarios de la agricultura regenerativa, y realmente, bien manejada favorece la restauración de los suelos. Lo importante es que esta práctica se inició en el país hace más de seis décadas, y hoy es una gran herramienta para la producción agrícola del país. Además, es un excelente ejemplo de armonizar la agricultura ecológica, orgánica o conservacionista, como la siembra sobre mantos vegetales que protegen los suelos; con prácticas de la agricultura tradicional como es el combate químico de malezas, y eventualmente, con el uso de Organismos Genéticamente Modificados (OGM).

Una vez más, específicamente para los programas de fertilización de los cultivos, sugiero que se deben considerar todas las opciones posibles para un determinado sistema suelo-planta-clima, las cuales son:

-Aplicación de fertilizantes químicos y de fertilizantes orgánicos o bio fertilizantes.

-Fertirrigación con fertilizantes hidrosolubles.

-Fertilización foliar.

-Fertilización biológica aplicando la diazotrofía y el enriquecimiento de los suelos con micorrizas y con los diversos microorganismos promotores del crecimiento vegetal.

Definitivamente, en la actualidad, para lograr producir suficientes alimentos para la humanidad y afectar lo menos posible al ambiente, es necesario y sensato armonizar y aplicar racionalmente todas las prácticas agrícolas disponibles. Hemos presentado en este artículo el ejemplo de la labranza reducida, en armonía con el inevitable combate químico de malezas.


Pedro Raúl Solórzano Peraza es colaborador destacado de Mundo Agropecuario

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