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Reflexiones sobre el futuro de la piscicultura venezolana


Germán Robaina G.

robainag@gmail.com


Mientras SOFIA 2022 habla del avance de la producción acuícola a escala global, Venezuela sufre de una menguada producción piscícola como consecuencia de numerosos desaciertos, discontinuidad en sus políticas de fomento piscícola, desmedida protección ambiental y la indiferencia, pasividad y desorganización del sector productivo privado.

Para una población que debe acercarse a los 30 millones de habitantes, y un país que posee la segunda más alta tasa de deficiencia alimentaria del continente, se producen menos de 300 toneladas de biomasa pesquera a través de prácticas piscícolas (< 0,01 kg/hab/año y 0,3 kg/año/km2).

Ahora bien, el problema de la realidad piscícola venezolana no radica únicamente en que el ente rector haya prevalecido un gran letargo y pasividad en la promoción y soporte de la actividad y no haya cumplido adecuadamente con sus objetivos fundacionales, sino también a que el ministerio con competencia en materia ambiental obstaculiza cuanta propuesta de desarrollo se presente, al alto precio de los insumos y la apatía, desidia e indiferencia que prevalece en la mayoría de los productores piscícolas del país.

Durante los últimos 20 años el ministerio de pesca y acuicultura ha estado dirigido por personas de muy distante formación académica a la pesca y la acuicultura, adoleciendo de los conocimientos básicos sobre la gerencia y administración del sector, y sobre las normas y leyes naturales que rigen a la actividad, prevaleciendo muchas veces el dominio de directrices ideológicas ajenas a los objetivos propios para lo cual fue creado dicho ministerio, prevaleciendo la politiquería sin saber muchas veces ni de dónde proviene el pescado que se produce en el país.

La mayoría de los funcionarios han desempeñado su cargo en función a un sistema de “administración acuapónica”, en el cual los nutrientes son aportados por una variopinta base de funcionarios y aduladores públicos, en los que prevalece más la afinidad política y ambiciones personales que el interés y amor por el sector.

Para el asombro de todos, las pocas veces en que ha sido designado un profesional afín a la actividad acuícola en un alto rango (viceministerio), corresponde al periodo en el que se han cometido la mayor suma de desaciertos acuícolas de la historia del país.

En contadas excepciones, porque si las hay, funcionarios ajenos a la actividad acuícola nacional han sido designados para ocupar altos cargos directivos en el área, y en algunos de hemos encontrado muestras de poseer la mejor buena voluntad para promover el desarrollo del sector, pero los constantes enfrentamientos y diferencias de criterio con los cargos directivos  y funcionarios de mediano nivel de MinPesca/MinPesca, MinPesca/Insopesca han impedido la acertada toma de decisiones, por lo que, aparentemente les ha resultado más fácil guardar silencio para salvaguardar el cargo, que tomar las decisiones que requiere el sector.

De un tiempo para acá, el ministerio parece estar “infiltrado” por técnicos en los que pareciera prevalecer los lineamientos emitidos por el sector ambientalista que los criterios de productividad acuícola, haciendo prácticamente imposible sortear los numerosos obstáculos que se imponen para la aprobación de un proyecto de inversión piscícola de alcance comercial. Las trabas que impone el ministerio con competencia en materia ambiental -de por sí de difícil cumplimiento- parecen privar en muchos de los actuales funcionarios medios de MinPesca.

El exceso de discrecionalidad reinante a nivel nacional en el sector acuícola es, por decir lo menos, impresionante. Hoy por hoy después de 30 años de la aprobación de su cultico se sigue discutiendo sobre la cría de tilapias. Cada gestión, cada cargo y cada instancia impone sus propios criterios. Unos para adelante y otros para atrás, estimulando con ello la duda, la incertidumbre, la discrecionalidad, la ilegalidad, la continuidad y el hambre.

Hoy por hoy se habla de volver a evaluar el potencial piscícola de los embalses, de inventariar especies, de evaluar zonas, de delimitar áreas y de cuanto obstáculo pueda uno imaginar para demorar la puesta en marcha de un programa de producción masiva de peces mediante prácticas piscícolas sostenibles de potencialidad más que demostrada. Cualquier inspector de pesca puede y hace lo que mejor le parece, con la más extrema discrecionalidad por encima de las pocas leyes existentes, y muchas veces sin enterarse que existen decretos y resoluciones legales sobre tal o cual situación.

Así, si a un inspector no le gusta la tilapia, tilapia no habrá. Si a un inspector no le gustan la maricultura, maricultura no habrá, y si a un inspector no le gustan las jaulas flotantes, jaulas flotantes no habrán.

De un tiempo para acá los principales rechazos a las propuestas de inversión piscícola presentados aducen más a criterios de índole de “conservación ambiental extrema” que a criterios de producción de alimentos. Criterios que no corresponden ni guardan relación con la importancia y beneficios que la producción acuícola representa para el país, respetando y promoviendo una actividad que es mucho más “amigable” con el medio ambiente que la explotación minera y a la violación a las normas de preservación ambiental para los principales Parques Nacionales Marino Costeros del país, entre otras.

Pero…, también pululan en el sector un nutrido grupo de personajes que solo buscan prebendas y soluciones particulares (la mayoría) a las colectivas. Aquellos que no respetan el tiempo ajeno, que no les importa entorpecer, abusar o engañar. Aquellos que aprovechan sus buenos contactos para desprestigiar, anular o boicotear cualquier propuesta de desarrollo que no sea liderada por ellos mismos, y aquellos resentidos que no están dispuestos a aprobar un proyecto de inversión, para “no permitir que otro se enriquezca” (sic).

Y aquellos que, tal como ocurre en Naciones Unidas, tienen derecho a veto y boicotean cualquier iniciativa que no provenga de su gran intelecto (¿?) y/o les robe el protagonismo que requieren para mantener su cargo.

Convencidos estamos que para promover el desarrollo piscícola nacional debemos vincular más el funcionamiento del sector oficial con el sector privado interesado en su desarrollo. Debemos interesarnos más por el bien colectivo que por el particular. Más por el sector y el país que por nosotros mismos.

Buscar la solución en la cachama, tilapia, panga, ornamentales o a nuestros problemas acuícolas personales no es la alternativa, y menos aún mediante propuestas absurdas que solo buscan el aplauso en las redes sociales y que se prestan a manipulaciones y arbitrariedades de tinte politiquero.

Eso no traerá nada bueno ni definitivo para el sector. Solo paños calientes para algunos afortunados preseleccionados y dádivas para los organizadores y protectores del circo.

Así que, por acción u omisión, muchos de los principales obstáculos que agobian al sector piscícola nacional provienen de miembros de nuestra propia comunidad que se encargan de promover intereses políticos, mientras el piscicultor de a pie, el verdadero productor independiente no logra desarrollar su sueño.

De seguir con el actual esquema de indiferencia y mediocridad no conseguiremos ningún desarrollo sustancial, y tan solo los pocos que logren congraciarse lograran créditos, permisos y participaran de los beneficios de las exportaciones.

Creemos que llegó la hora de conformar un conglomerado de productores piscícolas privados (Cluster) y participar en la elaboración de una consensuada propuesta de desarrollo piscícola para su presentación formal a las más altas esferas de MinPesca.

Un conglomerado que se constituya respetando las normas expresamente señaladas en la Ley de Pesca y Acuicultura vigente para poder ser legalmente reconocidos y tener el peso específico que se requiere.

Convencidos estamos que trabajar con el gobierno en pro del país no es el problema, el problema está cuando se trabaja para el gobierno en pro de intereses netamente político-partidistas, anteponiendo los intereses particulares a los intereses del sector, y/o utilizando su cargo para promocionarse y erigirse como el gran promotor de la actividad imponiendo avasallantemente su criterio.

En ninguna circunstancia pretendemos con estas reflexiones desprestigiar a ningún compañero que esté intentando hacer algo desde los entes gubernamentales o desde su trinchera particular, seguro los hay, se trata de despertar el interés y aglutinar fuerzas en una única dirección y en pro de un bien común.

No estamos hablando de acabar con políticas piscícolas de alcance social que adelanta el gobierno, ni muchos menos con las caravanas de la sardina, sino que convencidos estamos que éstas no llenarán nunca la mesa de todos los venezolanos, y mucho menos sustentarán exportaciones generadoras de divisas que tanto requiere el país.

Por todo ello no podemos dejar de hablar y criticar la inadecuada política acuícola, las leyes y reglamentos obsoletos, el funcionamiento del sector, exigir líderes probos y capacitados para dirigir sus riendas, promover el estímulo a la producción, a la riqueza y al desarrollo.

Estamos convencidos que es ese el principal obstáculo que ha permitido que la piscicultura venezolana se encuentre, después de 80 años de su concepción, en una etapa de incubación prolongada.

Después de esperar por más de 80 años por un parto natural, como padre primerizo y asustado, algo hacemos, permitimos que se haga, o dejamos de hacer para que la criatura no pueda salir ahora de la incubadora.

Así, tenemos un neonato que no puede valerse por sí mismo, y encuentra supeditada su vida y prosperidad a la de agentes e instancias ajenas a sus intereses.

Una criatura incompleta, inválida, sujeta a los vaivenes de los criterios que cada uno de los representantes del ente rector tenga. A la interpretación que cada uno de ellos le dé a las leyes y reglamentos. A la politiquería, idiosincrasia, indiferencia y al “analfabetismo acuícola funcional” que ha imperado durante muchos años en muchos funcionarios.

Mucha, mucha teoría. Mucho, mucho estudiar. Mucho, mucho leer. Mucho, mucho envidiar, pero nada de actuar para consolidar la actividad y llevarla al sitial que merece y que el país reclama.

Con cada cambio de gobierno, con cada cambio del órgano de adscripción, con cada cambio del nombre del ente rector, con cada cambio de ministro, con cada cambio de cualquier cosa, la piscicultura venezolana permanece estancada, y mientras a nivel mundial se ha constatado la evidente e imperiosa necesidad de generar recursos pesqueros alternos a las actividades tradicionales de extracción, el país cada día produce menos biomasa pesquera, gracias a los múltiples obstáculos y las deficientes y desacertadas políticas y gestiones.

Para todo ello, Venezuela requiere de un Plan Acuícola Nacional que trascienda a una gestión en particular, que abarque todas las modalidades, alternativas, especies, actuando y regulando todo el proceso productivo y toda la cadena productora y comercializadora. Un Plan que nos sirva a todos, los blancos, los verdes, los azules, los rojos, rosados, amarillos y transparentes.

En un pasado bastante reciente hicimos llegar a nuestro ente rector (MinPesca) unas propuestas y recomendaciones para su formulación, y se solicitó ante la Oficina Regional de FAO para Latinoamérica el Caribe el apoyo requerido para su revisión, corrección, concreción y soporte, pero desde el mismo gobierno (viceministerio de Pesca y Acuicultura) se rechazó su evaluación y el apoyo que FAO ofrecía.

Los diagnósticos, experiencia y experticia para desarrollar una actividad piscícola eficiente, sostenible y exitosa existen, por lo que no hay que iniciar ningún proceso desde cero. Lo hicimos años atrás con FAO, y mediante técnicas básicas de planificación estratégica y análisis de alternativas, en poco tiempo se diseñaron propuestas integrales de manejo piscícola para algunas regiones del país.

Es nuestro derecho reclamar probidad, honestidad y pulcritud técnica y profesional tanto en el sector público como en el privado. Exigir acciones, normas, programas y proyectos acordes con los requerimientos y tiempos que vive el país, actualización, modernización y un estricto cumplimiento de las leyes y decretos que rigen la materia.

La piscicultura tiene tanto potencial como actividad generadora de divisas como la actividad camaronera, pero indudablemente posee mucho más potencial que ella como actividad generadora de biomasa pesquera para el consumo diario de la población, pudiendo constituirse en un sólido soporte para el desarrollo de programas alimentarios con fines sociales que el mismo gobierno desarrolla.

Como resultado de la visita que una misión del sector camaronero realizara a Rusia, se han abierto grandes posibilidades para la comercialización de peces (en especial tilapias). Ahora tenemos que producirlas.

Tenemos un nuevo ministro, que, sin estar directamente vinculado con el sector pesquero, parece dispuesto a tomar decisiones, corregir los errores y desaciertos del pasado y fomentar la actividad piscícola.

En pocos días logró un pronunciamiento presidencial sobre el cultivo masivo de tilapias en el país. Esperemos esto se concrete de la manera más acertada posible y no se cometan errores que lamentar.

Ya se autorizó el cultivo de la tilapia a grandes conglomerados camaroneros del país. Esperamos que esa autorización se extienda al resto de los piscicultores nacionales, muchos de los cuales mantienen sus lagunas secas en espera de que mejore la situación.

Evalúen integrarlos horizontalmente brindándoles apoyo (alevines y alimentos) a cambio del arrime de su biomasa tal y como han venido haciendo muchos sectores de la agroindustria a lo largo del tiempo. Eso los motivará y robustecerá, acelerando la producción piscícola nacional mientras se minimiza el hambre y la pobreza.

Representantes del sector camaronero que hoy promueven el cultivo de tilapias conocen muy de cerca estas prácticas desarrolladas por la industria del pollo y del tabaco entre otras, y podrían ayudar mucho en su diseño e implementación.

Finalmente, esperamos el nuevo ministro se permita escuchar las recomendaciones que cientos de profesionales del área estamos dispuestos a ofrecer para promover la actividad.


Germán Robaina es colaborador destacado de Mundo Agropecuario

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